Ahora, toca ser constantes

Tengo que decir, que al escribir estas palabras no me mueve ni poseo otra cualidad que la de mi propia carne, ni tengo un poder especial o particular, ni me creo en la capacidad de influir en otras personas que quizás más capaces o juiciosas pueden proveer de análisis más exactos de la realidad que vivimos. No obstante, procuro tener presente una frase que una vez me regalo un amigo “Todas tenemos que dar algo para que unas pocas no tengan que darlo todo”. Y con esa sencilla verdad trato de vivir, y de comprender cada momento, con la confianza de que cada vez seremos más quienes construyamos un proyecto revolucionario que modifique de base las condiciones que vive el pueblo trabajador canario.    

La situación política que vive el Estado es cristalina. Tras años sin movilizaciones destacables en Canarias (salvando aquellas de carácter ecologista y las más recientes acciones del feminismo organizado), junto con nuestra natural distancia con la Metrópoli han impedido que Canarias se “contamine” del estado casi “pre-revolucionario” que viven algunos territorios de la península ibérica. Compañeras, suenan las alarmas y estamos parceladas y atomizadas como nunca en las últimas décadas. El estado fascista español se ha quitado la careta y una vez más debemos hacer nuestra una sencilla reflexión “viendo quien está enfrente se quiénes son mis aliados”. Es preferible en este momento soterrar las contradicciones ideológicas, prefiero bregar una y mil veces con las posibles traiciones que podamos vivir, antes que traicionarme a mí mismo claudicando en el autocomplaciente susurro de la inacción y de los discursos maximalistas. Dicho esto, quienes no estén conformes han elegido ya un puesto, desde mi punto de vista del lado de la reacción y del militarismo españolista. Les invito a no seguir leyendo.

Hechas estas afirmaciones ¿Qué papel juega Canarias (nuestro pueblo) en este contexto de crisis de legitimidad institucional? Canarias es una colonia sometida a un régimen capitalista y condenada a una economía terciaria. Digo condenada porque ya es hora también de dejar de recurrir al lastimero recurso del turismo para sostener unos salarios precarios y unas vidas de miserias. Compañera, compañero, sabemos todas que la cacicada hace mucho que nos vende, que gestiona una economía intervenida y subvencionada y que se mantiene en el poder solo porque nosotras se lo permitimos. Canarias, y su pueblo trabajador, puede llegar a ser una de las llaves que abra el paso a un proceso de auténtica ruptura con el Régimen del 78 y su dictadura constitucional. No se trata de decidir si ésta o aquella organización gestionará su particular menceyato, se trata por el contrario de llamar a nuestra gente a la calle como nunca. De luchar contra la desidia de años y décadas de represión silenciosa, de violencias simbólicas que nos mantienen alienadas y que en algunos casos nos hacen co-partícipes de un “juego” atroz de víctimas y victimarios. El pueblo catalán ha demostrado el camino, la única vía posible en el s.XXI en el XX y en el XIX “elscarrer seram siempre nostres”: esa es su consigna, acompañada de una fuerte y profunda dosis de autocontrol y coraje. A lo que se enfrenta esa masa consciente es a la militarización y a la repetición de un escenario igual o peor que el de Euskal Herria, es cuestión de tiempo que empecemos hablar de una “Zona Especial Catalana”. Y de ahí, a una nueva transición pactada de las élites, que apuntale el proyecto franquista del 78.

Recientemente, se ha percibido el esfuerzo de articular diversas plataformas que solo puede ser entendido en un único sentido: el deseo militante sincero de cada colectivo, partido o sindicato que se llama a sí mismo revolucionario de expresar un grito de rabia y solidaridad con respecto a la represión y la impotencia que ha generado el gobierno del PP y la monarquía española. A ello se opone una clara fuerza endógena en cada organización, la necesidad de continuar sosteniendo una agenda propia acorde a sus principios y finalidades. Siendo así, ¿qué garantías tenemos de que un frente único será más efectivo que las potencialidades de las distintas plataformas? Aparentemente ninguna. Nuestro único “suelo común” es el de al menos albergar un horizonte cercano al que denominamos “revolucionario”. Para unas, pasa por la conformación de un estado para las naciones oprimidas, para otras la independencia ha de ser transversal y poner la economía en autogestión. Para todas a nivel individual, la labor cotidiana es la compleja compatibilización de vida y militancia en un contexto social que derriba cualquier intento de disidencia (en el pensar o el hacer).

Pues bien, pongámonos a la acción, revisemos lo que hasta ahora ha tenido de productivo para lucha y desechemos aquellas posturas que nos obligan a enrocarnos en nuestros particulares espacios de comodidad. De nada sirve convocar una diversidad de movilizaciones si con ellas no alcanzamos una masa crítica capaz de llevar a buen puerto las reivindicaciones que se exigen. Claro está que en este punto toca preguntarse ¿qué hoja de ruta?

Puntos de fuga en un archipiélago de proyectos

No hay caminos claros, avanzamos en un bosque a distintos ritmos y con miradas divergentes que se dirigen a puntos de fuga radicalmente diferenciados. La hoja de ruta no debe entonces ser marcada por el “deber ser” al menos no en un sentido primario, sino por el “deseo” por el “yo quiero”. El deseo se opone a la normativización, se opone también a las incoherencias, resuelve la complicada formulación de las capacidades y los anhelos. La “Asamblea por la Defensa de Nuestra Tierra”nos da un ejemplo, un suelo común sólido para ello. Se exige una co-existencia ecológica y respetuosa con el medio, es una clave no solo emotiva sino racional, de absoluta supervivencia. Las contradicciones que alberga son obvias: es inviable un modelo productivo basado en la reproducción del valor y la sustracción de la riqueza. En definitiva, se debe oponer la razón instrumental que tiende a objetivar el territorio tratándolo como una tierra “conquistada”, es decir, es incompatible con una lógica que relativice el uso de la tecnología, se impone por el contrario una decisión entorno a ¿cuáles? Y ¿cómo?

El feminismo nos plantea otro suelo común, además en pleno diálogo con las contradicciones de nuestro tiempo. ¿Cómo han logrado las compañeras marcar una agenda que haga temer al patriarcado? ¿Cómo se concreta una revolución feminista? ¿Cómo es posible que convivan grupos en sintonía cuando su labor política es tan distinta? La construcción de la otredad desde el feminismo es siempre radical, el otro se compone de “otras” que son siempre un cuerpo (físico, empírico). Entonces, dicha radicalidad no lo es tan solo “por ir a la raíz del problema”, sino por atender lo que las izquierdas no han querido gestionar casi nunca. Las relaciones de poder y coerción dentro de nuestras propias organizaciones.

Ese es el camino que yo he descubierto al arrejuntarme con compañeras, que defienden grupos no-mixtos, que trabajan desde la perspectiva de que: “lo personal es político” y de que, aquí no sobra nadie. Aprender de esas relaciones de sororidad desde una distancia lógica, no despierta otra sensación que la de agradecimiento.

En el plano económico-laboral, ya enunciado en parte a raíz del turismo, plantea otro eje central, quizás en apariencia el más complicado, pero solamente en la medida de que no ha sido lo suficientemente desarrollado. Vivir en una economía post-industrial en un territorio insular nos condena a la dependencia absoluta. La dependencia si es co-dependencia, si su formulación radica en la mutualidad y en las relaciones de cooperación libres y escogidas no es necesariamente negativa para la economía. No obstante, vivimos en una zona intervenida, mansamente encausada hacia la explotación de aquellos servicios más convenientes para las élites locales. La transformación y puesta en marcha de un sistema alternativo sí requiere de una metodología, de un saber obrero que diversifique el tejido productivo de las islas. Por ello, una vez más se impone la lógica del “querer” frente al “deber ser”, no podemos imponer la autogestión (ni con ello el socialismo libertario) pero si podemos hacer frente a las dinámicas de desposesión que vive la clase obrera canaria, articulando redes de solidaridad de persona a persona, de trabajo a trabajo, de sindicato a sindicato. Establecer aquellas alianzas que sean claves, y para ello una vez más son las compañeras quienes han abierto una senda de posibilidad. El conflicto de las Kellys, que han querido rentabilizar los políticosmás oportunistas (cómo es el caso de Nuevas Canarias), nos demuestra cómo un sector precarizado puede recibir apoyos desde diferentes coordenadas y posicionamientos políticos También el de los estibadores y trabajadoras portuarias ha sido un ejemplo de lucha reciente, que nos demuestra que lejos de estar todo ganado impera una lógica de supuestos “privilegiados” dentro de la clase obrera, que en la práctica no lo son.

Priorizar la negociación colectiva, fomentar que cada ramo y sector desarrolle su propia ecología durante el conflicto (apoyos vecinales, sociales etc..) genera una vanguardia y un músculo sólido contra la ofensiva de la patronal. Pero no es suficiente sin el adecuado desarrollo de una economía cooperativista que redefina el sector primario y secundario del archipiélago. Sin esto, esas luchas están condenadas a ser parciales y con el tiempo a agotarse. Solo si conseguimos alimentar los dos frentes la clase trabajadora adquirirá capacidad real, no solo de negociación, sino para transformar la realidad objetiva en la que vivimos.

Existen varios aspectos más que resultan cruciales desarrollar. Por un lado, la lucha contra el urbanismo. Como ya han señalado otros, el derribo del “Mamotreto” ha resultado en un triunfo de los movimientos sociales. Pero también sabemos de fracasos. Cuanto más ganaría la lucha por el territorio y sus luchas, a la exigencia de un sistema de depuración cerrado y ecológico, se sumasen las exigencias vecinales, como la siempre postergada playa para Valle Seco. Se pueden plantear más ejemplos, y en esa acumulación de exigencias radica la posibilidad de un desborde.

Concluyendo

Como ustedes verán la “hoja de ruta” que aquí planteo hasta el momento tiene poco de táctica y estrategia. Pienso que en este proceso hacia la recuperación de una masa consciente de lo que se trata es de que cada persona ha de extraer sus propias conclusiones entorno al proceso. La elaboración de una receta, o de una serie de pautas que han de llevarnos hacia un momento de auténtica ruptura no solo sería un análisis parcial, sino que además acabaría por demostrarse falaz.

Por ello no apelo al individualismo, cajón de sastre de los incapaces. Por el contrario, intento sublevaros a aquellas que ya tenéis la voluntad de actuar contra los fantasmas que a todas nos han acosado alguna vez. Por eso, a cualquier militante le resultará obvio el análisis que aquí se presenta, la sorpresa aparece inmediatamente cuando intentamos transmitirlo a una compañera que no ha participado jamás de una protesta social, o a quieneslo hicieron y se han sentido desencantadas. Por ello urge ampliar el debate político en la calle, las redes sociales nos llevan a una cómoda e inocua militancia “digital” que demasiado pronto se está convirtiendo en un “cementerio de elefantes” para muchas compañeras. “Quemadas” por la incapacidad de encontrar grupos afines, o bien por experiencias negativas, cada persona que abandona la protesta o la relega al terreno virtual es un cuerpo más que alimenta el ejército de “muertos-vivientes” del capitalismo. Con ello no quiero despreciar la importancia comunicacional de las redes, pero señalar que el terreno que se pelea es la calle, el barrio, la plaza, la guagua, el trabajo, la facultad, la casa. Allí, donde podamos sembrar la duda, donde ese inverosímil punto de fuga se empieza a fraguar, es donde debemos actuar como campesinas sembrando la semilla de la desobediencia. No queda otro camino, la realidad tiene que ser vivida con la urgencia de los tiempos que se están dando en el resto del Estado. Las mejores de las costumbres cuesta adquirirlas, acostumbrémonos a hablar públicamente y en voz alta de los problemas de nuestra tierra, a llamar la atención sobre ellos y a tratar de fomentar el debate entre la vecindad en cualquier lugar público en el que se dé la ocasión.

Por último, agradecer la posibilidad a este medio digital de hacer públicas estas reflexiones. No se me ocurre mejor manera que citar un texto, que, para mí, sería desconocido de no ser por la labor divulgativa que realiza esta web. Hoy lo leo de una manera distinta:

           

 

Miguel Ángel Delgado Valentín

 

Un comentario en “Ahora, toca ser constantes

  • el 2 de noviembre de 2017 a las 8:56 am
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    Es, justamente, por que me considero un individualista que intento apoyar la causa de la organización.

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