Centenario de la fundación del PCE: un homenaje mediático con trampa anticomunista

Reflexiones críticas sobre el artículo “Cien años del PCE: años de soledad, años silenciados y mi memoria”, de Emilio Díaz Miranda

Por la época en la que nos ha tocado vivir, y por la propia deriva ideológica del PCE, quizá no debería  sorprendernos que el Centenario de la fundación de este histórico partido esté siendo objeto de toda una suerte de programas y artículos en los medios de comunicación que, no por casualidad, son utilizados para reforzar, justamente, la orientación política que lo condujo a perder su esencia -su propia razón de ser- e inició el declive que lo ha llevado a su actual estado de postrada inanición.

Reportajes realizados por cadenas televisivas como La Sexta, en los que los “homenajes” a la historia del PCE se convierten, simultáneamente, en otro homenaje a la mitificada transición política española, y al “buen juicio” del que supuestamente hicieron gala los dirigentes del Partido Comunista al hacer posible el advenimiento del Régimen monárquico y la Constitución de 1978. Y en los que, como epílogo, se augura un buen futuro para esa organización si fuera capaz de seguir “adaptándose a las nuevas realidades sociales”, aunque ello sea a costa de renunciar, definitivamente, a cualquier recuerdo que aún pudiera conservar de su vieja identidad comunista y revolucionaria.

La participación en estos productos mediáticos de personajes cuyos juicios sobre el ayer constituyen una autojustificación de su integración actual en las instituciones del Régimen monárquico los convierten, en definitiva, en una aterradora ceremonia de la confusión que, como mínimo, requeriría recibir una respuesta contundente.

En primer término, porque supone un insulto a la memoria de las decenas de miles de militantes del PCE que, con independencia de la orientación que en su momento dictara la dirección de ese partido, lucharon y sacrificaron lo mejor de sus vidas -cuando no las perdieron- por una causa que queda totalmente desvirtuada por este tipo de mistificadoras revisiones históricas.

Y, en segundo lugar, porque esa relectura del pasado que hoy se hace, en perfecta sincronía con el discurso del postfranquismo, continuará actuando, mientras no sea recusada a cabalidad, como un obstáculo fundamental para la recuperación del hilo rojo que fue alevosamente destruido por el pacto de silencio y desmemoria suscrito en el curso de la denominada “Transición”.

En Canarias, una de las expresiones más significativas de esta interesada confusión ideológica fue la entrevista recientemente concedida al diario La Provincia por José Carlos Mauricio, el ex secretario del PCC que desempeñó en las islas un papel similar en el proceso de desintegración del Partido Comunista al que jugara Santiago Carrillo a nivel estatal.

Para quienes lo ignoren, cabe recordar que Mauricio fue un político institucional, ya retirado en sus confortables cuarteles de invierno,  que acabó ejerciendo -en las filas del partido derechista Coalición Canaria-, como “conseguidor” en Madrid de las reivindicaciones de la burguesía isleña  y que, en la citada entrevista, no desaprovechó la ocasión para reiterar la versión oficial que presenta la política adoptada explícitamente en los 70 por el PCE, el denominado “eurocomunismo”, como el tránsito de “un Partido Comunista ortodoxo, radical, prosoviético a un partido democrático, antisoviético, que atraía comunistas y no comunistas dispuestos a luchar de verdad contra la dictadura” (1).

Una defensa furibunda (e infundada) del eurocomunismo, Santiago Carrillo y el “régimen del 78”

Pero este personaje, hoy justamente desprestigiado en la sociedad canaria, no ha sido el único que en estos días se aprestaba a defender en las Islas el proyecto eurocomunista. En otro artículo publicado también en el periódico La Provincia (2), el antiguo militante del PCE Emilio Díaz Miranda -muy próximo al propio José Carlos Mauricio durante los últimos años de la “Transición”- realizaba el 7 de diciembre una airada defensa de la corriente política carrillista y, de forma indirecta, del mismísimo régimen monárquico español, permitiéndose descalificar a quienes -según él- “lo critican, con generalidades demagógicas”, y “consignas” y rechazando, incluso, esta denominación.

“El llamado “Régimen del 78″, ¿cuándo empieza?  ¿Empieza cuando se aprueba la Constitución actual o cuándo Tejero irrumpe pistola en mano en el Parlamento y todos se tiran al suelo menos tres diputados, uno de ellos Carrillo?”- se pregunta retóricamente Díaz Miranda en su texto, sin aportar ningún razonamiento o aclaración ulterior (3).

Y es que, a decir verdad, el Sr. Díaz Miranda no ofrece en su artículo ni un solo argumento teórico, ni de ningún otro tipo, para justificar sus posiciones políticas. En lugar de ello, intenta persuadir emocionalmente al lector, exaltando su propio valor como “viejo militante” e intentando desacreditar a “los críticos” porque, supuestamente, su juventud y el hecho de que no vivieran durante la dictadura franquista les incapacitaría para comprender correctamente lo sucedido en las postrimerías del Franquismo y el verdadero valor de la “democracia” española. Un recurso falaz que de asumirse seriamente obligaría a suprimir la Historia como ciencia y a restringir toda consideración política a la propia contemporaneidad y que, por cierto -según me cuentan- muchos argüían también durante el franquismo contra los jóvenes revolucionarios que cuestionaban la dictadura, porque ellos “no habían vivido la Guerra Civil”.

Se trata, en definitiva, de un texto que por su manifiesta vacuidad quizá no ameritara ninguna contestación. Esta se hace necesaria, sin embargo, por el aparente interés de su autor -residente en Alemania desde los años 80- en convertirse ahora en una suerte de portavoz de la resistencia antifranquista en Canarias, ofreciendo charlas sobre la “memoria histórica” y el “antifascismo” en las que reproduce, anecdóticamente, el interesado relato oficial sobre la Transición.

El eurocomunismo no fue una “democratización antiestalinista” del PCE

Al igual que sucede en sus charlas públicas, el Sr. Díaz Miranda no intenta ensayar en su artículo ninguna fundamentación teórica del eurocomunismo. Ni recurriendo a los desarrollos sofisticados que en su día popularizaron los dirigentes del Partido Comunista Italiano -falsificando, eso sí, las ideas del revolucionario Antonio Gramsci-, ni a la versión más tosca del propio Santiago Carrillo Solares, expuesta en su “Eurocomunismo y Estado”.

Coincidiendo con su ex jefe de filas José Carlos Mauricio, Díaz Miranda pretende, simplemente, presentar todavía esta tendencia política como una “democratización antiestalinista” del PCE.

Para ello hace poco más que recurrir a algún párrafo deslavazado, con el que expresa también su “indignación” por el hecho de que los propios herederos del eurocomunismo paguen hoy con el “silencio sistemático o el olvido al que fuera secretario del Partido desde 1960 hasta su voluntaria abdicación”.

“Si lamentable era la política estalinista -escribe el Sr. Díaz – también es a mis ojos lamentable, sin llegar a la brutalidad estalinista, la constante omisión del nombre del que es, guste o no guste, uno de los “padres de nuestra Democracia (Carrillo)” (4).

“Recordemos -añade el Sr. Díaz Miranda rebelándose contra dicha omisión – como en marzo de 1977, tres meses antes de las primeras elecciones generales españolas tras la muerte de Franco, comenzó la cumbre eurocomunista entre Enrico Berlinguer del PCI, el dirigente del Partido Comunista Español, Santiago Carrillo y Georges Marchais por el Partido Comunista Francés. Tres partidos comunistas europeos que condenaban públicamente la invasión de un país socialista, Checoslovaquia, por las tropas del Pacto de Varsovia encabezadas e impulsadas por la Unión Soviética en 1968″.

Aunque cuatro décadas de trayectoria política sirvieron para dejar en evidencia la naturaleza real de la tendencia política eurocomunista que aún sigue defendiendo el Sr. Díaz, lo cierto es que ya en la propia década de los 70 se podían encontrar aproximaciones teóricas tan rigurosas al fenómeno del eurocomunismo como las del filósofo Manuel Sacristán quien, en un célebre ensayo, apuntaba que, al contrario de lo que pretendían sus promotores, el eurocomunismo:

 “no es una estrategia hacia el socialismo, sino el último repliegue del movimiento comunista”, y que “su presentación eufórica como vía al socialismo implica, justamente, la voluntad de ignorar dicho repliegue y el abandono de toda noción seria, no reformista-burguesa, de socialismo” (5).

Por aquellas mismas fechas, otros teóricos marxistas, como los editores de la revista Monthly Review, Paul M. Sweezy y Harry Magdoff advertían también que:

“Los partidos comunistas tradicionales de los países capitalistas centrales estaban siguiendo los mismos pasos que habían seguido los partidos socialdemócratas de la de la II Internacional, que renunciaron primero a cualquier perspectiva revolucionaria para acabar luego apoyando las aspiraciones expansionistas de sus respectivas burguesías durante la I Guerra Mundial” (6).

Obviamente, se precisaba la perspectiva temporal para constatar fácticamente que ese era, en efecto, el camino que ya habían comenzado a transitar los partidos adscritos al eurocomunismo. Organizaciones otrora tan poderosas e influyentes como el PCI o el Partido Comunista Francés (PCF), que pronto pasaron de prometer “vías graduales y pacíficas al socialismo” a integrarse plenamente en el sistema capitalista contribuyendo a su gestión incluso en su fase neoliberal, en un proceso de degradación ideológica y moral que condujo, de una u otra forma, a su propia autoliquidación.

En el Estado español la naturaleza del eurocomunismo también se puso crudamente de manifiesto con la participación del PCE en la llamada “Transición a la democracia”. La operación de restauración de la Monarquía borbónica que daría lugar al Régimen político “del 78″.

El eurocomunismo no fue, en definitiva, ningún proceso de “democratización antiestalinista” de los PCs, ni un proyecto de “socialismo en libertad”, sino un proceso de socialdemocratización que ya contaba con antecedentes históricos, de progresiva pérdida de identidad comunista, que se ha prolongado hasta la actualidad con herederos que en el Estado español se encuentran hoy aplicando, desde el Gobierno central y junto con sus socios del PSOE, las directrices únicas del proyecto neoliberal de la Unión Europea. 

El conflicto político no es generacional: contra los jóvenes militantes antifascistas, en defensa de los jóvenes ministros

No es extraño, por tanto, que el Sr. Díaz Miranda se manifieste también en su artículo como un ferviente defensor de este Gobierno socio-liberal que se nos presenta como “el más progresista de la historia”.

En su ataque contra quienes, desde la izquierda, se atreven a criticar las políticas del Gobierno del PSOE y Unidas Podemos, el Sr. Díaz reconoce que -junto a un artículo del historiador Santiago Lupe- “el segundo motivo indignante” (7) que le ha incitado a escribir es:

 “otro artículo de la misma trinchera de valientes francotiradores que hablan del “carrillismo monárquico-democrático” y despotrican de que en el Acto de celebración participarán, “aparte del secretario general PCE y diputado de UP, Enrique Santiago, los líderes de CC.OO y UGT, Sordo y Álvarez, dos centrales, de entreguismo, traiciones, y firma de convenios deplorables, así como la ministra Yolanda Díaz, que no para de elogiar a la socialdemocracia” (8).

Y, en defensa del ex vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, sigue exponiendo que:

“Los que así escriben son de la misma suerte que los que hace poco interrumpieron con gritos insultantes a Pablo Iglesias en uno de los actos de celebración previos al Homenaje Central. Los insultos se adornaban con “palabras antirepresivas” de tipo antifascista, gritando que los del Gobierno progresista actual “amplían las leyes represivas” (9).

Para concluir diciendo, con idéntico tono descalificador:

“¿Si son tan revolucionarios (con muchas erres) por qué no van a los mítines de VOX o del PP? ¿O si tan antifascistas son por qué no aparecieron en los actos claramente fascistas que se celebraron en el Cementerio madrileño en homenaje a la División Azul que Franco mandó contra la Unión Soviética al lado de las tropas de Hitler? ¿O es que tienen miedo?” (10).

Quizá alguien podría presumir que el Sr. Díaz Miranda desconoce -por haber pasado los últimos 40 años viviendo en Alemania y dedicado a realizar actividades tan “revolucionarias” como el “coaching”- que los miembros del Movimiento Antirrepresivo de Madrid a los que se refiere son activos militantes que luchan, entre otras cosas, por la amnistía para todos los presos políticos del Estado español, como su compañero comunista Pablo Hasel.  O que ignora, igualmente, que, además de tener que lidiar habitualmente en las calles de la capital con grupos fascistas, sin tener que acudir para ello “a mítines de Vox”, estos jóvenes sufren a menudo la represión de los cuerpos policiales dirigidos por el Gobierno “progresista” de Coalición.

Ya sería demasiado suponer, sin embargo, que el Sr. Emilio Díaz ignore también el reiterado incumplimiento de las principales promesas electorales efectuadas por los miembros de la citada Coalición -como la relativa a las contrarreformas del mercado laboral (12) – o las operaciones cosméticas de marketing político-institucional con las que han tratado de ocultar este sistemático incumplimiento.

Difícilmente podría ignorar el Sr. Díaz Miranda, por ejemplo, la defensa del cumplimiento de “los compromisos de España con la OTAN” (13) que recientemente realizaba el secretario general del PCE y diputado de UP, Enrique Santiago, o de la permanencia de las bases militares de EE.UU. efectuada por el ministro de Consumo, dirigente del PCE y coordinador de IU, Alberto Garzón, porque -según él – “generan puestos de trabajo” (14).

Como es difícil que pueda ignorar la denuncia efectuada por la Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones (COESPE) sobre la contrarreforma privatizadora que pretende imponer el Gobierno de Coalición, con la complicidad de Unai Sordo (CC.OO.) y Álvarez (UGT), y que, a corto plazo, supondrá un empobrecimiento aún mayor de millones de pensionistas del Estado español (15).

No parece, en suma, que el radical desacuerdo político que el Sr. Emilio Díaz Miranda manifiesta en su escrito con los jóvenes a los que trata de descalificar tenga nada que ver con algún tipo de “conflicto generacional”. La suya es, más bien, una elección política que le lleva a optar por los también jóvenes ministros que pisan suaves y mullidas moquetas, gozan de imponentes sueldos y prebendas, se entrevistan con “el Santo Padre” y se desplazan en coche o avión oficial. Del mismo modo que otros muchos veteranos militantes, que no han perdido la brújula ideológica que los orienta hacia los intereses de su clase social, se solidarizan con los antifascistas que se baten el cobre en las calles y en no pocas ocasiones siguen pagando su compromiso político con la prisión.

La guinda que corona el pastel:  Ángela Merkel, “una gran dama que se despide”

Pero es en la parte final de su artículo, en una encendida loa a la vicepresidenta Yolanda Díaz por su defensa de “una Matria cuidadosa de la convivencia, que acoja todas las identidades y diferencias y permita llegar a puntos de encuentro en vez de imponer”, (16) donde el Sr. Díaz Miranda ofrece el indicio más definitivo sobre la magnitud de su extravío ideológico, al sostener que:

“No se trata de eliminar a la derecha, sino de alcanzar un clima y unas conductas que permitan una convivencia plural y pacífica, aunque antagónica en doctrinas y opiniones” (17).

Un consejo de “moderación” institucional que cobra todo su sentido al leer otro artículo suyo titulado “Notas difusas: una gran dama se despide; fin de la era Merkel” (18), publicado por el Sr. Emilio Díaz en fechas cercanas a sus reflexiones sobre el PCE. En él, don Emilio regala un particular y emocionado homenaje a la principal responsable de las políticas de “austericio” impuestas en la UE y de los planes de ajuste sufridos principalmente por países del Sur del continente como Grecia o España.

Una “gran dama” de la que el Sr. Díaz destaca tanto “su gratitud y humildad” como “los muchos avances que a nivel internacional ha facilitado – en su opinión – su amistad con el presidente Macron” (19).

 Y es que, para el Sr. Emilio Díaz, la responsable de afianzar en el continente el proyecto neoliberal e imperialista de la UE es una política “que ha representado la valía y la capacidad de las mujeres en un mundo político dominado por los hombres” (20).

Estas consideraciones, que algunos interpretarían, sin duda, como un desvarío monumental de don Emilio, podrían entenderse también, más racionalmente, como una expresión de hasta qué punto el articulista puede haber hecho suyo el espíritu de la “gran coalición” alemana que permitió a los capitalistas de ese país imponer sus agresivos planes expansionistas, a costa de la mayor parte de la clase trabajadora del continente europeo. O, para utilizar una terminología que acaso sea más grata al Sr. Díaz Miranda, que permitió a sus representantes en el Bundestag, con su “Gran Señora” a la cabeza, defender los intereses de la “democracia” germana.

Huelga decir, suponemos, que, como cualquier otra persona, el Sr. Díaz está en su perfecto derecho de defender aquellos partidos, proyectos, ex secretarios generales o cancilleres derechistas con los que sienta cualquier tipo de afinidad.  No es posible, sin embargo, admitir que los mismos que defienden abiertamente la institucionalidad establecida pretendan a la vez exhibirse ante las nuevas generaciones como representantes de un legado de lucha comunista del que -aunque alguna vez formaran parte sin que ello se deba demeritar- es evidente que se alejaron hace mucho tiempo, hasta el punto de llegar a olvidar su significado más elemental.

Y no, obviamente, por ninguna suerte de “purismo” ideológico que deseemos proteger, sino porque la urgencia de rearmar un proyecto de verdadero cambio social, provocada por un sistema que pone en peligro la misma supervivencia de la humanidad y que no es posible reformar, exige someter a una crítica radical la propia historia de las organizaciones que nacieron con ese propósito transformador, pero fueron engullidas, a lo largo del camino, por el formidable poder de cooptación del capital.

 

Cristóbal García Vera

Carrillo, José Carlos Mauricio y la bandera rojigualda. –

 

Artículo publicado originalmente en canarias-semanal.org

 

Notas y referencias bibliográficas:

(1) Entrevista a José Carlos Mauricio, exsecretario del PCC y ex diputado. La Provincia. Diario de Las Palmas. 14 de noviembre de 2021.

(2) “Cien años del PCE: años de soledad y años silenciados. La Provincia. Diario de Las Palmas”. Emilio Díaz Miranda. 7 de diciembre de 2021. También publicado en Canarias Ahora, el 29 de noviembre.

(3) Ibídem.

(4) Ibídem.

(5) “A propósito del eurocomunismo”. Manuel Sacristán. Panfletos y materiales III. Icaria Editorial, S.A. Pág. 199.

(6) “Debate sobre el PCI y el eurocomunismo”. C. Marzini, M. Gordon, H. Magdoff y P.M. Sweezy. Monthly Review. Vol.1 7. noviembre 77.

(7)  “Cien años del PCE: años de soledad y años silenciados”. Emilio Díaz Miranda. La Provincia. Diario de Las Palmas. 7 de diciembre de 2021. También publicado en Canarias Ahora, el 29 de noviembre.

(8) Ibídem.

(9) Ibídem.

(10) El contenido del escrache a Pablo Iglesias en el que, contrariamente a lo afirmado por el Sr. Díaz Miranda, no hubo insultos, sino una interrogación pública al ex vicepresidente sobre sus promesas de “cambio” y “progreso”, se puede constatar en el vídeo adjunto al artículo “¿Escrachearon provocadores de la derecha a Pablo Iglesias?”. La explicación política de dicho acto de protesta se puede escuchar en el vídeo de la entrevista concedida por el Movimiento Antirrepresivo de Madrid a Canarias-semanal.

(11) “Cien años del PCE: años de soledad y años silenciados”. Emilio Díaz Miranda. La Provincia. Diario de Las Palmas. 7 de diciembre de 2021.

(12) “Yolanda Díaz: Dijimos que vendía humo y no nos equivocábamos. La derogación de la reforma laboral era un “fetiche”. Tita Barahona. Canarias-semanal.

(13) “Enrique Santiago sobre la OTAN: Si formamos parte de una organización internacional hay obligaciones”. El Común.

(14) “El ministro Alberto Garzón: Bases militares yanquis, de “entrada, sí”. Cristóbal García Vera. Canarias-semanal.

(15) “Los dirigentes sindicales negocian con el PP la aprobación de la contrarreforma de las pensiones”. Entrevista a Eduardo Luque, analista político y miembro de COESPE.

(16) “Cien años del PCE: años de soledad y años silenciados”. Emilio Díaz Miranda. La Provincia. Diario de Las Palmas. 7 de diciembre de 2021.

(17) Ibídem.

(18) “Notas difusas: una gran dama se despide; fin de la era Merkel”. Emilio Díaz Miranda. Canarias ahora.

(19) Ibídem.

(20) Ibídem.

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

×