Cuestionarse a sí mismo

¿De dónde venimos?; ¿nos acordaremos dónde dejamos el coche? ¿A dónde vamos?; ¿encontraremos un bar tan barato? ¿Todo ocurre por algo o no tenía que haberme reído? Mil preguntas habían aparecido en su vida constantemente. Pero ahora era distinto.

Se levantaba cada día cuestionándose que hizo mal. Todo el mundo coincidía en que deberían haberle concedido “la invalidez”.

Aquella parálisis parcial llegó para quedarse y, sin embargo, iba a trabajar cada día; fines de semana y festivos incluidos.

Si no es por su compañera: que lo ayudaba a vestirse; lo arreglaba; lo subía hasta allí, a su trabajo… ¡¿Cómo iba a seguir de estatua humana?!

 
 
 

Pedro M. González Cánovas

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