La paz militar

Mis abuelos, mis padres, mis hermanos y yo, nacimos y nos criamos en aquella ciudad. Mis abuelos, tíos y otros familiares murieron allí.

Vivimos en casa una larga ocupación; una cruenta guerra que sesgaba vidas y salud continuamente; nos bañamos en lágrimas, lo pasamos muy mal.

Ahora, aquellos que nos bombardearon durante meses, han tomado la ciudad. Nos echan. Nos obligan a dejarlo todo atrás y a emprender una marcha con destino incierto. Nos expulsan cordialmente, de forma organizada, cuando se supone que han instaurado la paz… en mi ciudad, en la de mis padres y abuelos.

Mi ciudad tiene clavada una chincheta en sus mapas y ahora es suya, y no mía, mi vida y mi ciudad.

 Pedro M. González Cánovas

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