No hay camas pa… tanta aberración

Las migraciones no son un fenómeno nuevo. Si lo fueran, aún habría continentes enteros vacíos ya que la cuna de la humanidad fue África. Todas ellas, en su razón de ser, tuvieron las mismas que hoy: la supervivencia ante las dificultades para la vida que fueron surgiendo en sus primigenios territorios. Otra cosa distinta a sobrevivir, serían aquellos otros movimientos de población que llevaron a otros a conquistar, colonizar, asesinar, robar, violar y expoliar más allá de sus lindes. Europa lo hizo con África y con Asia durante varios siglos. De aquellos barros estos lodos. Cuando los barcos que llegaron a aquellas costas llevaban corsarios, mercenarios, delincuentes y gentes de mal vivir, la historia les llamó “aventureros”, “expedicionarios”, “comerciantes”, “colonos”. Cuando otros barcos traen de allá ahora a los “damnificados”, “empobrecidos”, “desheredados” de aquella época depredadora europea, a estos otros se les llama “invasión”, “problema”, “peligro”. Ellos son pobres porque nos les dejamos ni la opción de ser humanos en sus propios países. Ellos huyen porque “la civilización” que llevamos los dejó huérfanos de riquezas, paz y justicia. ¿Quién en su sano juicio, valor para hacerlo y fuerzas con que afrontarlo, no querría escapar de lo peor, del infierno en la Tierra? ¿O es que estamos ya tan llenos de soberbia que creemos que ellos no tienen siquiera el derecho a vivir mejor? Sí, mejor, porque mal que les pese a los ciegos de alma, extirpados de corazón y mutilados de mente, gracias a creer en ultradementes de este capitalismo feroz, hay quien cree que con ” paguitas”, las pensiones -las migajas que dejan caer de su sistema por miedo a una “revolución”-, aquí se vive. También se sobrevive, pero infinitamente mejor que quienes cruzan cielo, mar y tierra soñando con sobrevivir. Qué puñeta que, hasta para el nivel de sufrimiento, estos capitalistas hayan creado un indicador.

Es verdad, sí, también aquí por millones sobrevivimos a este sistema, a sus élites, a su desempleo, a sus bancos, a sus leyes, a sus corruptos, a su bajeza moral como aquella de los piratas y corsarios que exportaron entonces. Es verdad, sí, que no somos esclavos por nuestra color de piel, sino porque doblegaron nuestra mente y hoy el consumismo inoculado hace innecesario el látigo. Pero lo “jodido”, lo verdaderamente jodido, es que hayan conseguido meter también en su caverna NUESTRO CORAZÓN. Sólo así se entiende que un pobre de aquí considere como enemigo a un pobre de allá, mientras el rico les vacía la sangre a los dos, allá y aquí.

En una colonia expoliada como es Canarias, donde cabían hasta ayer 15 millones de turistas en “16 millones de apartamentos”, hoy casi vacíos, nos dicen que no caben siquiera ahora 300 supervivientes llegados del holocausto económico, social y climático. Son negros, son pobres, son “mala imagen”…. no son humanos, por tanto, al menos para quienes hace tiempo lo miran todo con los ojos de deshumanización.

¡Ay, paradojas de la vida!, ojalá no nos tengamos que ver como ellos, porque serán los blanquitos racistas de más arriba los que nos digan entonces a nosotros, a nosotros también, que no.

José Carlos Martín




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