Se cae el entramado imperial en América Latina

“Como en la independencia de principios del siglo XIX, los cambios de mano son constantes, pero como en aquellos años, la línea de avance de los pueblos se va afirmando”

Nuevos vientos soplan en la América Latina. El 24 de julio, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador llamó a reemplazar la Organización de Estados Americanos (OEA) por un nuevo organismo que integre a todos los países de América Latina y el Caribe y resuelva los conflictos entre ellos. “La propuesta es, ni más ni menos, que construir algo semejante a la Unión Europea, pero apegado a nuestra historia, nuestra realidad y a nuestras identidades. En ese espíritu, no debe descartarse la sustitución de la OEA (Organización de Estados Americanos) por un organismo verdaderamente autónomo, no lacayo de nadie, sino mediador a petición y aceptación de las partes en conflicto en asuntos de derechos humanos y de democracia”. El contundente discurso tuvo como escenario la celebración de la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y con la presencia de 25 ministros de toda la región en Ciudad de México y fue pronunciado en conmemoración de los 238 años del natalicio de Simón Bolívar. El mandatario mexicano criticó duramente al secretario general Luis Almagro por su gestión en la OEA, a la que consideró “una de las peores” en la historia del organismo.

Rápidamente se sumó a esta propuesta el presidente de Bolivia Luis Arce Catacora. “Hacemos eco de las palabras del hermano, @lopezobrador, en la idea de sustituir a la @OEA_oficial por otro organismo verdaderamente autónomo, que exprese los equilibrios regionales, respete la autodeterminación de los pueblos y no dé cabida a la hegemonía de un solo Estado”, publicó el mandatario en su cuenta de Twitter.

El gobierno de Arce también denuncia a la administración de Almagro, sobre todo por su oscuro papel en el informe preliminar de la OEA sobre las elecciones de octubre de 2019 en Bolivia, que alimentó el discurso de fraude y provocó el golpe de Estado contra el gobierno de Evo Morales.

Ayer nomás los EE.UU. parecían haber construido un férreo control institucional de la América Latina y la ola progresista y revolucionaria, era cosa del pasado. Al intervencionista Grupo de Lima, se le unían el Foro de Presidentes de derecha Prosur. Luis Almagro al frente de la OEA daba el puntapié inicial a un golpe de estado de corte clásico en Sudamérica. La Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet pontificaba sobre la institucionalidad en la República Bolivariana de Venezuela con la “autoridad moral” que le confería el hecho de provenir de un Chile que se presentaba como el ejemplo neoliberal de paz social.

Todo eso se desplomó: Macri perdió en las primeras elecciones en que jugó su cargo, el pueblo boliviano dejó al descubierto a Almagro recuperando su democracia, el chileno dijo basta al entramado pinochetista de poder ante el llamativo silencio de la señora Bachelet y el pueblo colombiano también tomó las calles contra el uribista Iván Duque. Por si fuera poco, la bella capital cuyo nombre fue usado para el lacayuno grupo, pasó a ser gobernada por un humilde maestro de campo de izquierda, Pedro Castillo. Por si fuera poco, y para horror de las oligarquías vernáculas, Castillo pone en la Cancillería a un ex guerrillero, Héctor Béjar, quien ya se pronunció contra la política de sanciones y bloqueos y afirmó la no injerencia de Perú en los asuntos internos de Venezuela.

Como en la independencia de principios del siglo XIX, los cambios de mano son constantes, pero como en aquellos años, la línea de avance de los pueblos se va afirmando.

 

Sergio Mario Guilli

 

Fuente: https://www.revistalacomuna.com

 

 

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