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Cuidar también es diversificar

Hace unos días, en una entrevista en la radio, me preguntaban por cómo se podrían usar los planes de empleo para la diversificación económica de la isla. Contesté que, en La Palma, una parte del camino debería pasar —entre otras cosas— por algo que para mí es bastante evidente: reforzar el sector agroganadero y el cuidado de nuestros mayores.

A raíz de esa respuesta, alguien escribió en redes sociales que eso no era diversificar la economía, sino simplemente atender y cubrir una demanda laboral existente. Tras leerlo estuve reflexionando, porque en parte tiene razón: se trata, efectivamente, de demandas no cubiertas. Pero más allá de eso, creo que el comentario refleja una forma muy extendida —aunque limitada— de entender la diversificación.

De esa reflexión surge este artículo. No para polemizar, sino para intentar ampliar la mirada y repensar qué entendemos por diversificación de la economía. Porque atender necesidades existentes mediante empleo digno y planificación pública no debería considerarse como su opuesto, más bien como una de sus formas más sólidas, especialmente en un territorio insular como La Palma.

Lo que sostiene la vida también es economía

Durante décadas, el discurso económico dominante ha identificado la diversificación con la búsqueda de sectores nuevos orientados a la exportación, la atracción de inversión externa o la competencia en mercados globales. En La Palma, este enfoque ha ido de la mano de la exportación platanera y la especialización turística, o dicho de otro modo, de la idea de que el crecimiento económico depende fundamentalmente de capitales, dinámicas y decisiones que se toman fuera de la isla.

Este marco ha dejado en un segundo plano una parte fundamental de la economía, que es la que sostiene la vida cotidiana de la población. Actividades esenciales que han sido tratadas como gasto o como servicios y no reconocidas como sectores económicos estratégicos dentro del modelo productivo.

Sin embargo, cada vez más análisis económicos cuestionan esta mirada limitada y señalan que los territorios más resilientes no son los que compiten de forma permanente hacia fuera, sino los que equilibran su modelo productivo reforzando su infraestructura económica local.

En esta línea, la llamada Economía Fundamental pone el foco precisamente en esos sectores que hacen posible el día a día de la población: alimentación, cuidados, energía, agua o servicios básicos. Son ámbitos estratégicos porque concentran una parte muy significativa del empleo, tienen una demanda estructural y estable y, además, son menos vulnerables a las crisis.

Por otro lado, el modelo de desarrollo económico Creación de Riqueza Comunitaria —CWB por sus siglas en inglés— va un paso más allá y plantea las preguntas fundamentales de quién controla la riqueza que se genera y dónde se queda. Una cuestión especialmente relevante en nuestras islas, donde estamos acostumbradas a que se genere mucha riqueza, pero a que muy poca permanezca en el territorio y menos aún se reparta de forma justa.

Desde estas perspectivas, diversificar la economía implica reconocer los sectores que sostienen la vida como parte central del sistema económico, y hacerlo en La Palma, donde la dependencia casi exclusiva de la exportación ha demostrado ser frágil, reforzar la base económica interna debería ser una condición innegociable para cualquier transición viable.

Planes de empleo y Creación de Riqueza Comunitaria

En La Palma, los planes de empleo se han utilizado durante años para cubrir necesidades públicas inmediatas como mantenimiento de infraestructuras, limpieza viaria, apoyo a servicios municipales, limpieza de cauces, control de invasoras, etc. Tareas necesarias que han permitido a muchas personas acceder temporalmente a un empleo.

Sin embargo, esta realidad evidencia una debilidad de fondo: servicios públicos infradotados por unas instituciones que deciden sostener de forma continuada servicios básicos mediante planes de empleo temporales. Lo que nació como una herramienta excepcional para combatir el desempleo ha acabado funcionando como un parche permanente, sin resolver ni la falta de personal estable ni la precariedad de quienes encadenan contratos de corta duración.

Desde el enfoque CWB, esto obliga a repensar el papel de los planes de empleo. Dejar de ser un mecanismo de parcheo de carencias de base, para ser parte esencial de una estrategia en la que ayuntamientos y cabildo actúen como “instituciones ancla”, destinando recursos a plantillas estables y condiciones laborales dignas.

De este modo, los planes de empleo podrían liberarse de una función que nunca debieron asumir de forma estructural y orientarse a lo que realmente pueden aportar: formación y transición laboral. Planes que, en vez de “ocupar” a la gente sin más, sirvan para capacitar y abrir salidas profesionales en sectores que generen empleo y riqueza local.

Sin base interna no hay diversificación posible

Entonces, volviendo al comentario inicial: sí, hablamos de atender necesidades existentes, pero hacerlo de manera que la riqueza se quede, el empleo sea estable y el bienestar forme parte del proyecto económico de la isla es precisamente transformar la economía.

Es evidente que territorios insulares como La Palma necesitan diversificar su economía también hacia fuera. Reducir la dependencia de monocultivos como el platanero o el turístico resulta clave ante su vulnerabilidad a crisis externas y su impacto creciente sobre la sociedad palmera y los recursos de la isla. Sin embargo, la experiencia demuestra que ninguna transición productiva es viable si no se apoya en una base interna sólida.

Por eso, desde Drago La Palma apostamos por que en una isla rural, dispersa y envejecida como la nuestra, organicemos los cuidados, la alimentación y los servicios básicos como sectores económicos estables. Sectores capaces de generar empleo no deslocalizable, anclado a la tierra, y que mejoren nuestra calidad de vida. Y a partir de ahí, trabajar en esa diversificación “hacia fuera”, pero sin perder de vista la realidad de la isla y, sobre todo, evitando seguir atrapadas en un modelo incompleto y frágil.

Sara Hernández, portavoz de Drago La Palma

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