No nos asustan. Optimismo ante el reto histórico para Canarias

El otro día, ojeando la prensa digital me tropiezo con la preocupante noticia de que el plátano canario, vuelve una vez más a perder mercado en la metrópoli. Noticia alarmante, sin lugar a dudas, y a la misma vez llamativa, en cuanto a la realidad que deberíamos estar viviendo por estas tierras.

Me explico: Canarias, tanto por sus maravillosas condiciones climáticas durante todo el año, como por la calidad de sus tierras, es una zona privilegiada para la autosuficiencia alimentaria y energética. Pero no solo para su abastecimiento, sino que además sería puntera en cuanto a la exportación de verduras y hortalizas, así como de frutas, incluso también de otros productos como podría ser la caña de azúcar o las flores y plantas ornamentales. Quizás a alguna le sorprenda que esto no es así, sino más bien al contrario.

¿Las razones? Pues muchas, pero fácilmente identificables.  

Un colonialismo aplastante que le interesa tener un archipiélago que no sea autosuficiente sino dependiente, ya que esto dejaría demasiado en evidencia antes sus habitantes el parasitismo que sufrimos por parte del Estado Español. Es más, es a lo primero que recurren torpemente aquellos que se oponen a una Canarias autogestionada por las propias canarias y canarios, autosuficiente, independiente y libre: “¿Y de que vamos a vivir?” repiten como si fueran un robots, ignorantes de la variedad de recursos de estas tierras, explotados por el colonialismo que defienden, o simplemente dejándolo morir no vaya a ser que despertemos ante la evidencia. 

Otra de las razones es el caciquismo que explota y monopoliza los recursos del archipiélago para su propio beneficio. Canarias tiene gobernantes, pero lo que es aún peor, tiene dueños. 

Los propios gobernantes y su ya histórica corrupción, aliados del colonialismo y el caciquismo mencionados anteriormente, que dejan morir, sino matan directamente al Archipielago y sus valores, sería otra de las razones.

Y por último pero no por ello menos importante como se suele decir, una agricultura, especialmente la ecológica, absolutamente abandonada y asfixiada, en cuanto a atención y recursos por parte de las instituciones se refiere, en favor del cemento y más cemento  por un lado, la ganadería, un sector absolutamente insostenible desde el punto de vista de protección del medio ambiente, de nuestro ecosistema (recordar que la industria ganadera es la razón principal de contaminación de tierra, mar y aire según todos los indicadores no vendidos a esta misma industria), todavía más insostenible si nos damos cuenta que vivimos en un archipiélago, con las limitaciones en cuanto a espacio físico se refiere, siendo a todas luces más rentable la agricultura que la ganadería por estas condiciones y por las climáticas que mencione anteriormente, y la pesca, que vacía y empobrece el Océano que nos rodea.

El negocio es redondo desde el punto de vista del Estado: empobreces a su colonia, la explota, le corta sus posibilidades de autogestión y autoabastecimiento, así como sus posibilidades de importación (en cuanto a los niveles que podría llegar a ser), la conviertes en el circo turístico de sus colegas europeos y la vendes como tal: Canarias, exotismo africano ideal para turismo de borracheras y poder mirar por encima del hombro a sus pobres y oprimidas habitantes.

Necesidad esta, la de mirar por encima del hombro al resto, indispensable para todo buen colono o amigo de colono que se precie. Generando así tal grado de dependencia y complejo de inferioridad por parte de los habitantes, que se creen sin rechistar que incluso en un lugar geográfico tan privilegiado como este, Canarias tiene la necesidad imperiosa de dependencia de la metrópoli, y tachan de locos a quien defiende otro modelo organizativo, político, social y productivo. Luego, van acortando la importación de los productos canarios, para meter aún más el miedo en el cuerpo a las canarias, y tenerlas comiendo de la mano de los que se han autodesignado como amos de estas tierras, incrementando la idea de la necesidad de seguir colonizados, en tiempos peligrosos para un viejo imperio que se tambalea ante los acontecimientos de Catalunya, no vaya a ser que esto produzca el temido efecto domino. ¡Ah!, y por supuesto, el aplastar y eliminar cualquier vestigio del pasado que recuerde que en Canarias no siempre fue esto así, y que sí, que aunque nos arrebatan el presente, tenemos pasado, historia y raíces más allá de la venida del colonialismo español.

Pero la cuestión ya no va tanto por nuestro pasado que intentan eliminar. Ni un presente que nos niegan. La cuestión es que existe un futuro. Un futuro que ya asoma, que nos toca asumir en esta oportunidad histórica en cuanto a acontecimientos que está sufriendo el desgastado Estado Español, y que debemos aprovecharlo, construyendo, creando esa Canarias que nos niegan. Una Canarias privilegiada como no me canso de decir a lo largo de este artículo. Una Canarias que su futuro está en manos de las canarias y los canarios, y que solo si somos capaces de saber interpretar las claves de nuestro tiempo, sumando y estando a la altura del momento histórico que atravesamos, podremos tener el futuro que nos merecemos. Pero ese futuro, ese proyecto de creación de una Canarias rica, diversa, libre, y en manos de las canarias y los canarios, pasa irremediablemente por sacudirnos todos aquellos yugos que nos oprimen y que he mencionado anteriormente.

Que no nos metan el miedo en el cuerpo. Hay futuro. Por supuesto que hay futuro. Y señales que así lo demuestran. Seamos optimistas. Y afrontemos el reto histórico con la alegría, y la responsabilidad sociopolitica que Canarias se merece. Porque solo así, podremos avanzar hacia la realidad deseada que sabemos que Canarias puede llegar a alcanzar.

 

Seben Rodríguez 

 

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