La lucha ejemplar del pueblo amazigh por la democracia en Marruecos: boicot y resistencia

Francia, España y E.E.U.U. son los socios principales de la monarquía marroquí. Sus intereses coloniales vienen salvaguardados por una dictadura bajo forma de monarquía amiga. El Reino de Marruecos se encarga de velar por los intereses de sus amigos del  norte a la vez que mantiene un régimen, el “Majzen” como también se le conoce, tan represor o más que cualquiera de esas otras pretendidas “dictaduras” a las que señalan con rotundidad los gobiernos occidentales, que no dudan en ejecutar  planes de desestabilización económica y política cuando no ordenan directamente intervenciones militares en nombre de la “democracia”.

El régimen de Mohamed VI, además, es comprador preferente del armamento fabricado por el Reino de España conjuntamente con Israel, Arabia Saudí y Malasia. Pese a la situación de ocupación y represión  que viene sucediéndose en el Sáhara desde hace décadas y a pesar de la violación flagrante de derechos humanos que Marruecos mantiene en la actualidad en el Rif, con centenares de detenidos a consecuencia de las manifestaciones pacíficas de hace un año que exigían cambios largamente prometidos para la región y nunca alcanzados, el rey Alauí Mohamed VI puede sentirse tranquilo y respaldado. Sus principales vendedores de armas se cuentan entre los miembros del Consejo de Seguridad de la O.N.U. además claro de Alemania y la propia España que mantiene un trato de favor a cambio de mantener las fronteras del estrecho bien cerradas. Marruecos puede, dentro de su papel de marioneta occidental en África, mantener una dictadura encarnada en un ocioso rey multimillonario, unas pocas familias oligárquicas y un islam moderado. 

En la lucha por la democracia y el progreso en Marruecos, pero también en la recuperación de un  sentido identitario regional cohesionador en todo el norte de África, se encuentran siempre los imazighen. El panarabismo político que se estimulara durante la segunda mitad del siglo XX se ha demostrado con el tiempo un elemento ideológico extranjero que no representa a aquellas  poblaciones originarias del norte del continente, particularmente en determinadas regiones de Marruecos, Argelia,  Mauritania, Mali y Libia donde la pervivencia cultural amazigh conforma auténticas islas dentro de territorios culturalmente arabizados.

Las poblaciones imazighen siempre han jugado un papel predominante en cualquier revuelta o movimiento de descontento del pueblo marroquí, dada su particular condición de marginación y abandono institucional. Su toma de conciencia social y política se extiende de Norte a Sur y de Este a Oeste, pero se viene  apoyando y retroalimentando fundamentalmente gracias a la diáspora europea. Durante las manifestaciones de 2017 en Alhucemas y otras ciudades de la tradicionalmente irreductible región del Rif, volvieron a aparecer las banderas que visten todo acto reivindicativo en la tierra de Abdel Krim: la amazigh (que fuera creada durante el 1er Congreso Amazigh en Canarias) y la republicana rifeña, en este orden de prevalencia. El pueblo amazigh fue el responsable de lo que  erróneamente se denominó desde la prensa europea como “primavera árabe” en 2011, como si así pudieran velar la verdadera naturaleza del fenómeno insurreccional que se extendiera desde Marruecos hasta Egipto, convirtiéndose los imazighen en el principal actor de las protestas que brotaron en muchos países  norafricanos.

Magreb es una denominación árabe para el norte de África, herencia de aquel panarabismo glorioso que propugnara Nasser como elemento unitario decolonial y que cooptaría de forma hegemónica los procesos de independencia nacional, marginando y desplazando a todo aquel intelectual o líder político que se declarara abiertamente amazigh y antepusiera su identidad al proyecto arabófono. La naturaleza tradicionalmente colectivista y democrática de las ancianas sociedades “bereberes” como dieran en  llamarlos los árabes , encuentra su referente directo en las democracias  europeas vecinas que sirven de espejo en el que mirarse y cuestionar el modelo dictatorial de la monarquía  marroquí o de los militares en Argelia por poner dos ejemplos. El asociacionismo idiosincrásico de los imazighen que se asientan en Europa, ha permitido crear una red de apoyo consistente desde la cual exponer abiertamente cuestiones que en sus países de origen serían motivo de persecución, privación de la libertad e incluso de muerte.

Boicot al régimen

A finales de este pasado mes de abril, surge una nueva forma de lucha que si bien no tiene nada de nueva en su planteamiento, sí que abre un nuevo ciclo en las estrategias de confrontación que el pueblo mantiene contra un gobierno tan corrupto como autoritario. Se llama al boicot contra empresas monopolísticas como Leche Centrale (Danone es propietaria del 91% y el consorcio industrial de Mohamed VI posee un 5%),  la embotelladora de agua Sidi Ali de Miriem Bensalah-Chagroun, quien heredó la compañía de su padre y que además es la presidenta de la patronal marroquí o como las gasolineras y estaciones de servicio Afriquia, propiedad del tercer hombre más rico del país y amigo íntimo del rey, Aziz Akhannouch, que además es el ministro de Agricultura y Pesca y Presidente de la región Souss-Massa-Draa.

El boicot corre como la pólvora desde el Rif hasta el sur y en las últimas semanas también ha alcanzado al pescado, que había alcanzado coincidiendo con el Ramadán, precios 10 veces superiores a su valor en puerto. Pese a conseguir que los precios finalmente disminuyeran, las razones que están detrás de estos boicots van más allá de un abuso en los precios y las acciones no se detienen. Es un boicot contra un régimen que  basa sus cimientos en  la concentración económica  en manos de una cuantas familias, que con la excepción del propio Akhannouch y del magnate  Miloud Chaabi, ambos de origen amazigh, tienen su orgulloso origen dinástico en las familias árabes que controlan el poder desde la edad media. Pese a las concesiones en materia de lengua y cultura realizadas por Mohamed VI, para las poblaciones que conservan la identidad amazigh y su orgullo milenario intacto sin sucumbir a la aculturación impuesta por la ideología panarabista, las grandes dinastías burguesas siguen siendo extranjeras y usurpadoras en su propia tierra.

Anas Sefrioui, Othman Benjelloun, Brahim Zniber, Moulay Hafid Elalami, Mohamed Karim Lamrani, Anas Sfrioui o Noureddine Ayouch son algunos de los nombres del poder económico que envuelven al propio rey. Apellidos como Benkirane, Ben Chakroun, Bennani, Bennis, etc…completan un panorama oligárquico en el que el rey y la propia familia real ejercen de bisagra capitalista para el lucro desmesurado de unas pocas familias por sobre una mayoría social pobre y miserable. Se habla de un posible boicot al Festival internacionalMawazin” que se celebrará próximamente, entre el 22  y el 30 de junio, en Rabat, y que cada año atrae las miradas de todo el mundo, con la participación de los más destacados artistas locales así como estrellas internacionales.

Gracias a las redes sociales y a la capacidad organizativa y de convocatoria de muchos militantes que residen en Europa o poseen ya nacionalidades europeas sin haber perdido por ello su identidad amazigh, las poblaciones imazighen han logrado abrir un nuevo camino de resistencia contra la dictadura marroquí. Bajo el paraguas del panamazighismo se aúnan elementos propios que puede decirse, componen un discurso tan legítimo como antiguo en sus demandas. Y es que la cultura amazigh y los pueblos que la integran, han conservado un elemento vital para su supervivencia a pesar del  aislamiento al que se han visto avocados, trascendiendo las fronteras coloniales que aún prevalecen, y a pesar de la islamización y de la arabización gradual acontecida durante los últimos 500 años, por no hablar de las muchísimas invasiones y guerras de resistencia libradas durante los dos últimos milenios en su territorio. Dicho elemento se basa en un orgullo indígena, que sobrevivió a fenicios, romanos, vándalos, árabes y europeos en oleadas sucesivas, y que hoy día constituye un fenómeno político en sí mismo capaz de generar un discurso que traspasa fronteras entre estados, siendo capaz de reinventarse una y otra vez. La naturaleza federativa y asociativa del mundo amazigh, concilia a la perfección con aquellos postulados democráticos que también pugnan por sobrevivir en los países ricos, inmersos en una grave crisis política que anuncia cambios inminentes. Y es que la última vez que el norte de África se levantó hace ya 7 años contra sus gobiernos ilegítimos, los vientos del sur arrastraron hacia el mediterráneo y el sur de Europa aires de revuelta popular, materializando aquel proverbio amazigh que reza:  “No tiembla un solo pelo de camello sin que tiemble el mundo entero.”  Por ello permaneceremos muy atentos al ejemplo de nuestros hermanos imazighen, pues su valentía nos inspira una y otra vez, de siglo en siglo y para siempre.

¡Tudert i timazgha tilellit!

Carlos A. Guilarte




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