Destruirse

Maldigo a la vida en tránsito,
a los pájaros languideciendo
ante la cadencia al latir
de los alaridos de la noche.
Maldigo y comparto
esta agonía que cuido en mis adentros.

Destruirse es tener a la tristeza de tu parte,
llevar siempre en la boca sabor a sangre y
en el pecho un desgarro perpetuándose,
arder hasta gritar hastío,
compartir toda la belleza que maldigo.

Destruirse es morir en el bosque de los versos,
en el poema que se cantó por la miseria,
recitales de borrachos inconclusos,
poetas malditos inconformes
con existir de una forma tan exigua.

Destruirse es la maldición a las palabras,
la nada haciendo suya mi existencia.

Destruirse es la existencia.
Destruirse es la existencia
saboreando la muerte de la carne,

saboreando la muerte de mi carne
en su recuerdo.
Esas cabezas no van a evocarme nunca,
no va a latir por mí otra piel,
no voy a encontrar salida tras la muerte.

Destruirse es hacer un cadáver a la poesía.

 

 

 

 

Brian Vargas Perera

 

 

 

 

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