La farsa que uno se cuenta

Uno se hace compañía con la vejez de la experiencia,
Cuando no distingue entre anécdota y entretenimiento,
Y cuando se desespera en meros experimentos,
La ilusión más cierta se cuenta más corrosiva.
Y replica, salta, corretea y no dejes de callarte.
Frunce el ceño con sonrisas dolidas,
Con la mentira de la desesperación como baluarte,
Besando tres grises fantasmas y a tu madre,
Odiando las mismas incongruencias de siempre,
Amando lo mínimo para no desesperarte,
Llorando todo lo que siempre te guardaste.

Justicia, te llamo a ti, quien me ha engañado,
En mi infancia, allá, por los cimientos,
Donde me traicionaste y mutilaste,
Donde me violaste y convertiste.

Ahora sí que te veo, y no era el reflejo,
No era lo que me enseñaron ni lo vivido,
Y sé que las gracias se dieron al olvido pero…
Pero…

Esa supresión e incomodidad,
Pero…
Solo falta la erre para el insulto,
Perro…

Un ser que es inteligente por obedecer.
Perro…

Ahora solo añoro una verdad,
La que me vendieron, la que convirtieron en realidad.
Calla y obedece, perro…
Que con el látigo del castigo,
Junto con un odioso grito,
Sentirás y oirás “¡Arad!”

Corre, pobre perro…

Elvis Stepanenko

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