Nacional- Misas fascistas, telepredicadores del odio… La culpa también es nuestra

Como cada 20-N, los demócratas asistimos al vergonzoso espectáculo de ver como una pandilla de fascistas manifiestan su nostalgia por la muerte del dictador asesino y el vástago de otro dictador. También, asistimos día a día al denigrante espectáculo de algún defensor de estos, que usa las ondas radioeléctricas para esparcir el odio y la sin razón de forma ilegal, incluso con apoyo institucional de algunas administraciones públicas locales y la connivencia de un poder político y judicial que parece complacerse en aplicar de forma sesgada “la legalidad vigente”.

En toda sociedad, aunque sea en una colonia como Canarias, existe un marco jurídico de referencia, al que supuestamente estamos sujetos todos los ciudadanos. Digo supuestamente, porque como resulta evidente a diario, la realidad cotidiana nos enseña que una cosa es la teoría y otra muy distinta la práctica diaria. Hace un tiempo, decía yo que cuando un soldado se queda sin munición o armas en el campo de batalla o no puede usar las suyas, lo lógico es que coja las del enemigo y las use contra él. En este caso, las leyes coloniales que aseguran nuestra dependencia colonial, podemos usarlas contra el mismo Estado que nos las impone. Es algo que las gentes de izquierda llamamos enfrentar al sistema “ante sus propias contradicciones”.

Cuando desde las esferas del poder se nos aplica a rajatabla esta legislación, en el caso que nos ocupa, con denominaciones como “enaltecimiento del odio, del terrorismo, etc.”, o “prevaricar”, que es cuando un funcionario público o político toma una decisión injusta y contra derecho a sabiendas que lo es, como financiar un canal de televisión ilegal que transmite sin licencia y que además predica el odio, no podemos limitarnos simplemente a manifestar nuestra indignación y desacuerdo, porque con ello solo conseguimos patalear y ayudar a la continuidad de tales situaciones. Repito, debemos recoger las armas del propio sistema para combatirlo.

Las organizaciones políticas soberanistas o independentistas, las ciudadanas, tienen “personalidad jurídica propia”, lo quiere decir que pueden personarse o iniciar un proceso judicial. También tienen (tenemos) abogados progresistas o “cercanos” que pueden asesorarlas para iniciar acciones judiciales contra este tipo de sucesos y comportamientos. Dejar escapar la oportunidad de hacerlo y al menos intentar acabar con unos y otros me parece un sinsentido. Sé que no resultaría fácil, pero no es imposible. En esta tierra nuestra, la figura de la “Suscripción Popular” no es nueva, aunque ahora se llame “Crowfanding” (¿se escribe así?), rifas solidarias (1/2 € por ejemplo), etc…, con un poco de buena voluntad y dedicación se puede acometer entre [email protected] una acción conjunta contra este tipo de situaciones bochornosas e indignantes.

A mí, como ya he dicho otras veces, no me vale el argumento de que haciendo este tipo de cosas estaríamos “legitimizando la legislación colonial y su aparato”. Eso es una disculpa para no hacer nada y perpetuar en el tiempo la misma esencia colonial. Que cada cual mire en su cartera ver si lleva en ella un papel plastificado que se llama DNI, o que se pregunte si cada día no tienen que vivir de acuerdo a las leyes coloniales, si cada vez que hacen alguna gestión administrativa por nimia que sea, incluido publicar cualquier cosa en las redes sociales, o en fin, hasta la misma compra de comida está sujeta a esa misma legislación. Y repito, no estaríamos justificando ni legitimizando nada, solo enfrentando al sistema ante sus propias contradicciones.

Y además, tal como se ha visto por ejemplo en sonados casos de “corrupción política” en españistán, tal como ocurre en todos los ámbitos de la vida, incluso en nuestra Matria/ Patria, de igual forma que hay gentuza hay buena gente, gente coherente y honesta que trata de “cumplir su parte”, por lo que, al menos yo, no puede uno generalizar “hasta que cada cochinito enseñe su patita” como se decía en aquel viejo cuento de mi infancia, no puede uno decir quién es “cochinito y quién es lobo…”

Porque las batallas se ganan o se pierden solo cuando se dan… A priori, se puede argumentar que algo es difícil pero no imposible. La Historia está llena de ejemplos de Victorias imposibles, y si no lo intentamos y solo pataleamos cuando algo no nos gusta o satisface, somos tan culpables como los que patrocinan esas cosas. Si no se intenta de verdad nunca se sabrá…

 
 
 

Desde la Vieja Fortaleza, Rukaden Ait Anaga

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