Comunicado oficial de Drago Canarias sobre la decisión del Gobierno de España de acoger el crucero de expediciones MV Hondius
En los últimos días y en particular en la jornada de ayer, la actuación del Gobierno de España —titular de las competencias en esta materia— junto con el Gobierno de Canarias volvió a evidenciar una preocupante falta de coherencia, planificación y responsabilidad institucional para con nuestro país.
Lo ocurrido no es un hecho aislado, sino que responde a una forma de actuar basada en la improvisación y el desprecio a Canarias. Los mensajes contradictorios y la ausencia de una estrategia clara en asuntos que afectan directamente a la población canaria son una constante en estos últimos años.
El caso del crucero MV Hondius, con contagios de hantavirus a bordo, pone de manifiesto, además, una preocupante falta de liderazgo político. En menos de 24 horas hemos asistido a posicionamientos contradictorios por parte de las distintas instituciones implicadas, hasta llegar a una decisión impuesta sin coordinación, rigor, responsabilidad ni transparencia. El Ministerio de Sanidad del Gobierno del Estado ha pasado de rechazar el atraque del crucero neerlandés en Canarias a aceptar su traslado desde aguas próximas a Cabo Verde, amparándose en una petición de la OMS, pese a existir países más cercanos que podrían asistirles, tal y como establece el derecho marítimo internacional.
Esta decisión unilateral del gobierno de Madrid no puede analizarse únicamente desde la casuística específica, ni reducirse a un debate superficial sobre solidaridad o insolidaridad con las personas afectadas a bordo del barco. Este enfoque supone buscar una salida fácil e hipócrita para no afrontar un debate político de magnitud: el marco en el que se configura la relación entre Canarias y el Estado, así como las consecuencias recurrentes que viene ocasionando a nuestro país esta consideración y trato colonial.
En primer lugar, defender una gestión ordenada, humana, segura y eficaz es compatible con el respeto a los derechos humanos. Sin embargo, eso no sucedió en Canarias durante los últimos años. Al contrario, es precisamente lo que diferencia una política responsable de una basada en el desprecio.
Estamos seguras que en esta ocasión las personas acogidas no pasarán frío ni calamidades mientras se las hacina en carpas, como sí sucedió hace pocos años en pleno repunte del tránsito migratorio hacia Europa. Personas que fueron atendidas, en gran medida, por personal voluntario de la Cruz Roja en el muelle de Arguineguín en Gran Canaria. Estamos seguras también que a esas personas no las meterán en una guagua para dejarlas botadas en mitad de Las Palmas de Gran Canaria, desorientadas y desatendidas, como sí ocurrió con las personas migrantes africanas, en una clara situación de desamparo; y que fueron acogidas por la población canaria, de forma altruista y organizada, mientras las instituciones se lavaban las manos.
En segundo lugar, es bien sabido y muy silenciado que el Gobierno de España sucumbió a las presiones del Gobierno de Marruecos en los últimos años, dejando desamparado al pueblo saharahui en el concierto internacional, cuando de acuerdo al derecho internacional es aún la potencia colonial que no vehiculó un proceso de libertad para su pueblo.
También sucumbió a las presiones sobre Ceuta y Melilla con el cierre de la frontera y la presión económica, trasladando la “frontera sur” de Europa hasta las costas canarias, que es el tránsito fronterizo más letal de todos aquellos que utilizan las personas migrantes para poner un pie en la Unión Europea y llegar posteriormente a Europa —que son cosas distintas—. Estas decisiones han ocasionado “indirectamente” muchísimas muertes y un mar manchado de sangre de forma injusta e innecesaria, ya que la práctica totalidad de personas migrantes no quiere permanecer en Canarias.
En tercer lugar, recordar el bloqueo ejercido por los gobiernos autonómicos del Partido Popular y Vox a la hora de cumplir con acuerdos que permitan buscar una solución de mínimos al tránsito migratorio de las personas que han tenido que llegar a Canarias como escala en su camino hacia Europa. Esta es la prueba efectiva de que para la derecha y la ultraderecha española Canarias es también la última de sus prioridades, y que toman decisiones sobre nuestra tierra que nunca aceptarían para provincias como Jaén, Almería, Teruel… Ante discursos cínicos o de odio, la respuesta es por tanto clara, a Canarias solo la salva Canarias.
En cuarto lugar, poner el acento sobre las prioridades del Ministerio de Sanidad y de la Consejería homóloga del Gobierno de Canarias, y recordar que mientras se apela a la solidaridad con un barco de cruceristas bajo criterios falaces de legalidad internacional —cuando no es el Estado ribereño más cercano a la situación—, se sigue degradando el sistema público de salud canario por no encontrar una solución a la huelga del personal médico y por la apuesta lineal de los últimos gobiernos canarios hacia la privatización de nuestro sistema de salud. No deja de resultar irónico.
En quinto lugar, Canarias está actualmente privada de sus aguas territoriales y de disponer de zona económica exclusiva. Este hecho cobra especial relevancia en este caso, ya que dicha situación de inseguridad jurídica y de falta de soberanía política ocasiona cada día una limitación para nuestro desarrollo y diversificación del modelo productivo, por cuanto no nos permite ejercer el uso de nuestros recursos como sí los tiene cualquier archipiélago de Estado o cualquier estado archipielágico. A buen seguro, de no resolverse esta situación de indefensión jurídica y de falta de soberanía, dentro de no mucho tiempo a Canarias le tocará volver a ser el “territorio” sacrificado por el gobierno de turno en Madrid ante futuros intereses de terceros estados sobre nuestras aguas.
En sexto lugar, el trato recurrente y degradante que recibe Canarias por parte de un Gobierno del Estado que se autodenomina como progresista está contribuyendo al crecimiento de la ultraderecha en nuestro territorio, fruto de la acumulación de decisiones unilaterales al margen del interés de nuestro pueblo.
Y a esos partidos supuestamente de izquierdas con sede en Madrid no les importará mucho, como pasa con el resto de asuntos citados, pero a nuestro espacio político sí le preocupa y no va a dejar que se allane el camino a los discursos y marcos reaccionarios. No aceptamos el falso dilema entre lentejas o ultraderecha. Es una premisa que no se va a tragar nuestra gente y nuestros pueblos y barrios. A estas alturas, solo causaría más votos para la ultraderecha española o para la abstención.
Ceder ese terreno discursivo, político y competencial supone legitimar posiciones que debilitan la convivencia y erosionan los valores democráticos. No se puede permitir que la respuesta institucional y de oposición quede condicionada o liderada por planteamientos propios de la ultraderecha, basados en el miedo, el rechazo y la deshumanización. Si hay que reiterar que a la izquierda y derecha españolas les importa un comino Canarias, se hará las veces que sea necesario para que se conozca que existe alternativa en Canarias y que no pasa por la derecha.
En un momento de degradación natural, competencial y social en Canarias como el actual, es responsabilidad de algunas poner la cara y ofrecer una alternativa política a lo que no ha funcionado, y es una responsabilidad y decisión colectiva de la ciudadanía dejar que sigamos siendo tratadas como una nación de segunda, como un patio trasero donde se permiten situaciones que jamás se permitirían en el resto de “territorios” del Estado.
Drago Canarias


