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DREAMLAND ¿el sueño de quién?

Y en medio de este mal sueño, que sudores y temblores nos provoca, para despertar del desvarío gritaremos fuerte y que se oiga: ¡Basta ya de “soñar” para unos pocos a costa de lo de muchos! ¡El pueblo canario no se rinde! ¡Nuestra tierra no se vende! ¡Fuerteventura no se toca!

Esta semana conocíamos la última atrocidad hacia nuestro patrimonio consentida por una institución canaria, el Cabildo de Fuerteventura. Se aprobaba con el voto de calidad de su presidente, Sergio Lloret, la declaración de “interés insular” de la construcción del megaproyecto cinematográfico Dreamland, parque temático y comercial, que promete albergar un espacio de 160.000 m2 para la industria del cine en medio del impresionante paraje natural de las Dunas de Corralejo.

Y esto no es más que otra  puñalada a nuestro patrimonio paisajístico valiéndose de la argucia legal de la declaración de “ interés insular” para recalificar los terrenos rústicos en los que se pretende construir semejante aberración, fruto de otro de tantos delirios de locura especulativa.

Y es que esto es una canallada hacia el pueblo canario. Esto es una lanza al corazón. Esta es la mayor demostración de repudio a nuestra identidad. Esto es carraspear y escupirnos fuerte en la cara.

Y es que Fuerteventura nos duele a todo el pueblo canario. A grandes y a chicos. A propios y a extraños.

Fuerteventura es nuestro lugar de paso, nuestro lugar de ensueño. Lugar de nuestro recuerdo.  ¿Cuántas veces hemos pasado por ese embriagador paisaje en las vacaciones de Semana Santa o en la excursión de fin de curso? ¿Cuántas veces fantaseamos con volver a las dunas de Corralejo cuando tengamos un poco más de tiempo? ¿Cuántas veces se nos viene la imagen de esas aguas turquesas cuando nos preguntan, con quién te irías a una isla desierta? ¿Cuántas veces hemos presumido de sus playas como buenos embajadores de las islas en cualquier reunión fuera del Archipiélago?

Dreamland Fuerteveventura: un sueño o una pesadilla

Y es que Fuerteventura es patrimonio e identidad canaria. Un ensueño de costas de arena blanca y aguas cristalinas. Tan virgen, tan inhóspito, tan atemporal, tan prístino, tan celestial, tan desierto, tan lleno, tan diverso. ¡Lugar de los que ya no quedan!

Forte Ventura; como era conocida por los primeros navegantes que arribaron a sus costas; es la “Gran Afortunada”.  Y es ese precisamente el mayor valor que tiene esta tierra. La isla más antigua de Canarias, la abuela de todas las demás. Es el origen de nuestra identidad. Vestigio de lo que fueron las otras antes del saqueo y el pelotazo. De la plantación de ladrillo y del turismo de masas.

Fuerteventura es el resto arqueológico de una época anterior a este impuesto modelo de desarrollo depredador. A este expolio, empobrecimiento y violencia medio ambiental que venimos sufriendo desde hace décadas en territorio insular.

La traición votada el lunes en el pleno del Cabildo pone una vez más de manifiesto la falta de escrúpulos de estas alimañas políticas. De esta estirpe de ladrones a los que no les tiembla el pulso a la hora de vender su tierra, nuestra tierra.

Esta panda de impresentables, faltos de moral, ética y honestidad, votaron el pasado lunes el sí a la destrucción de uno de los paisajes más bellos, más vírgenes, más rico, más diverso, ¡más lindo coño!, de toda la geografía española.

La isla acamellada, con sus curvas y jorobas, con sus luces y sus delicadas formas. Redondeadas, suaves y femeninas. Mujer recostada, geografía humana. El granero que alimentó Canarias, como la madre que cuida y amamanta; convertida hoy en mujer maltratada.

Estos traidores, de los que no nos olvidaremos, han sido capaces de declarar el “interés insular” de esta atrocidad paisajística y medio ambiental en beneficio de unos cuantos empresarios. Han sido impulsores de este atentado ecológico a través del uso de las mayores de las violencias, que es callando a un pueblo. Un pueblo que grita – ¡Aquí, no!

Y esto, ¡cómo no!, es el sueño de cualquier empresario. Poder invertir muy poco y sacar grandes beneficios. Poder destruir a su antojo lo que no es suyo sin obstáculos, sin objeciones, sin miramientos. Sacar adelante cualquier proyecto a cualquier precio; medioambiental, antropológico, cultural y paisajístico; para seguir enriqueciéndose los de siempre en esta tierra sin ley. Una tierra bien llamada “Dreamland”. Canarias es el dreamland de cualquier empresario.

Porque es un verdadero sueño que no existan leyes en Canarias, que se permitan este tipo de estratagemas políticas por la puerta de atrás, sin contar con el pueblo para nada. Sin participación ciudadana, sin realizar una evaluación de impacto ambiental, sin hacer una previsión ecológica y social de lo que vendrá después. ¿Qué vendrá después de Dreamland? Una transformación irreparable. Mayor carga medio ambiental para la isla, más residuos, más personas, más contaminación, menos recursos. Son solo algunos de los componentes que ni siquiera se han evaluado. En una isla que ya de entrada, tiene un gran problema con un recurso esencial como el agua. A día de hoy hay un fuerte desabastecimiento en la isla, sin embargo, esto no es de “interés insular” para estos desgraciados.

Estos okupas de nuestras instituciones que gobiernan para los de siempre, incapaces de ver más allá de sus propios hocicos, todavía no están contentos con el destrozo que han hecho por toda nuestra geografía canaria. Quieren más. En un impulso irrefrenable de gula capitalista se han comido todo el pastel y siguen con ganas de rebañar el plato.

Desoyendo al pueblo y desgastando la palabra “sostenibilidad” como promesa y reclamo electoral. Ejerciendo un apropiacionismo vandálico de innumerables propuestas de desarrollo in-S.O.S-tenible.

Y todavía pretenden sobornarnos con aires “salvadores” y “promesas de progreso”. Que las islas necesitan desarrollarse, que esto es “progreso”. Y por desgracia ya sabemos perfectamente que este tipo de proyectos no traen progreso para las islas, este modelo ya está muy manido, lo conocemos. Los canarios y canarias seguimos siendo pobres y serviles, sirviendo al turismo y no viviendo de él, como nos quiere hacer creer el incansable mantra: “del turismo vivimos todos”. Somos pobres y serviles en tierra de otros. Una tierra con recursos cada vez más escasos. El dreamland de algunos pocos.

No contentos con seguir viendo a un pueblo abocado a la miseria y el bullying institucional, estos insensibles corruptos, piratas, saqueadores, pertenecientes a una pequeña oligarquía colaboracionista con el inversionista, que no gobierna para el pueblo, se olvida de que el canario y su tierra son como los gemelos siameses que los separan al nacer. Que nuestra tierra nos duele como duele ese miembro amputado que da pinchazos con el tiempo.

Que con emoción les recordamos: Mi patria es una isla, mi patria es una roca, mi espíritu es isleño como los riscos donde vi la aurora.

Este dolor por nuestra patria, patria expoliada; que sentimos hoy todos los canarios y canarias que no nos creemos estar viviendo esta pesadilla llamada “Dreamland”; es el que nos hace recordarles a estos representantes del pueblo, enemigos íntimos de la democracia, las palabras de Nicolás Estévanez en su poema Canarias: En la epopeya de un siglo / de la defensa canaria / cien veces los invasores / perdieron las esperanzas.

Y en medio de este mal sueño, que sudores y temblores nos provoca, para despertar del desvarío gritaremos fuerte y que se oiga: ¡Basta ya de soñar para unos pocos a costa de lo de muchos! ¡El pueblo canario no se rinde! ¡Nuestra tierra no se vende! ¡Fuerteventura no se toca!

Maruxa Matamala

 

 

 

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