El Cabildo de Gran Canaria un gobierno de tecnócratas

Aunque no quería, porque intuía la manipulación existente, instado por el cura Báez que me acicateó en que deberíamos estar presentes, acudí a la segunda jornada sobre “biodiversidad” celebrada por el Cabildo de Gran Canaria, en el salón de actos de Magisterio en LPGA, los días 24 y 25 de mayo. Efectivamente, como yo pensaba, todo el espectáculo estaba destinado a lavar la imagen de los gestores del Cabildo, por la ignominia que se buscaron sus consejeros y presidente con las deplorables acciones inhumanas acaecida con la matanza de cabras y el sufrimiento causado a estos animales –a nuestro ganado guanil, silvestre–, y que, para semejante acto de barbarie, contrataron una empresa goda cuyo gasto se sufragó con el dinero de los canarios. Lógicamente, algo tenían que hacer los tecnócratas elegidos por el Cabildo para intentar paliar la mancilla y la aversión pública y generalizada que causó en nuestra población el deplorable hecho, y creyeron los mercenarios hacerlo a la perfección echando manos a las mismas arterías. Como buenos gestores político-coloniales, Antonio Morales y Juan Manuel Brito, quienes desde un principio sólo han mentido en este tema y son incapaces de darle la vuelva a tanta patraña,  le encomendaron esta tarea a los técnicos que dieron la cara con el guión bien aprendido, la conclusión predeterminada y –aunque estas cosas no se pueden probar porque se hacen en B– algunos emolumentos por su profesionalidad, ética e imparcialidad.

Por tal motivo, el Cabildo organiza estos actos sobre la “Biodiversidad precisamente en campaña pre-electoral, donde, vergonzosamente, sólo se emplean las mismas argucias y sofismas sobre la conservación de nuestra flora endémica, dejando fuera a nuestros animales y al hombre –por lo que de biodiversidad nada–, sino que siguen haciendo una defensa a ultranza de las subvenciones a la forestación de especies vegetales a la vez que persiguen la extinción de nuestro ganado guanil.

Creí que este nuevo Cabildo iba a relanzar el sector primario para frenar la dependencia del exterior, crear puestos de trabajo, acabar con el hambre en Canarias y con los especuladores e importadores que usan el REA como ley para competir deslealmente con nuestros campesinos y así evitar desmantelar nuestro sector agropecuario. No obstante, visto lo visto, es todo lo contrario, y el asunto va más allá cuando es indicativo que se está cercando cada vez más la Isla con especies que plantan y protegen por ley, para que nuestra agricultura y ganadería se mantenga restringida y en lo residual –o se extinga igual que lo intentan con nuestras cabras– y que así continúen viviendo del cuento los amigos y familiares de los políticos, potenciándoles sus “empresas” importadoras que tantas plagas han metido en nuestra agricultura, y proseguir así, con el mismo enriquecimiento desmedido, a la vez que facilitan estructuralmente la introducción de los productos de las transnacionales de la alimentación que, con artículos foráneos, atiborran las estanterías de nuestras Islas, elaborados mayormente con especies trangénicas (MONSANTO tiene mucha influencia en esto para llenar las Islas de consumidores turísticos y no turísticos, animalitos a los que les hacen tragar sus productos cancerígenos), asunto sucio al que se prestan estos politicastros que dicen defendernos, aunque lo evidente es que preparan el Archipiélago como lugar paradisiaco para atraer población consumidora y no para que los canarios seamos autosuficientes, produzcamos y creemos riqueza que ellos no puedan manipular.

Como este tema colonial de la autosuficiencia de Canarias da para mucho, me remito a lo que fue el paripé preparado por la administración insular, destinado a amortiguar el golpe insensato que propinó de forma tiránica con el asunto de las guaniles, medio con el que ha pensado salvar los muebles de cara a las elecciones, sobre todo los de sus socios de gobierno en España –Podemos– o del otro socio colonial, engendro igual que CC, la “Nueva Canarias” de Román Rodríguez.

Sí, cristiano, nos encontramos en el evento con una farándula de técnicos del Cabildo y otros amigotes ideológicos que vinieron de Tenerife o La Palma, desde botánicos hasta biólogos y algún ecologeta, pero, eso sí, con la conclusión ya predeterminada: extinguir el ganado guanil.

El paripé empezó con un video y Diapositivas del daño que, supuestamente, las cabras estaban haciendo sobre lo que ellos habían plantado (especies que continuaban intactas y donde al lado se ve un arbolillo con el terrón al descubierto, pero con la gran particularidad que el terrón tenía el aspecto íntegro de haberse sacado de una maceta y puesto allí, pues si una cabra hubiese arrancado el arbolillo el terrón se vería deteriorado y las raíces colgando).

Para mí fue muy hiriente tener que presenciar una exhibición donde soltaron un perro detrás de un macho cabrío y cómo este animal corría desesperado por aquellos riscos, hacia arriba y hacia abajo, asustado y acosado de forma sádica, todo entre las risas, valoraciones triviales y el engrandecimiento que, sobre la despreciable gesta, hacían en un llano cercano los técnicos del Cabildo y algún saltador de garrote –no grabaron sus caras sino que se les veía parte de los cuerpos.

También le pusieron a una cabra ese artilugio para seguir sus movimientos –no sé su nombre técnico– mostrando a continuación un gráfico como que la cabra acudía unas mil veces al mismo sitio donde ellos habían plantados unas pocas especies, asunto indigerible para los estómagos más potentes aunque te hartes a bicarbonato. La trampa preparada con los vídeos y Diapositivas fue de tal magnitud, que incluso sacaron vista aérea de los andenes de Gugüi, Horgazales y más lugares por donde piensan forestar, pero no grabaron ninguna manada de cabras en todo el recorrido ¡Qué raro, no? Las únicas cabras que se vieron en la película fueron las dos mencionadas.

Yo les pregunté que si tenían un censo del ganado libre y, por lo visto, no hay censo, como tampoco hay evidencia de una masificación de ejemplares sueltos capaz de comerse a toda Canarias, como ya casi apuntan, incluida la población. El señor Capote, invitado de honor, y allí casi Dios sobre los mortales, a la pregunta de unos análisis genéticos que años atrás había realizado el Cabildo en una de las apañadas, sacó un Din A4 con unos garabatos y expuso que era una raza especial, diferente, aunque no se podía constatar que estas cabras fueran de los antepasados, prosiguiendo que este asunto no se podía saber porque tenían que haber hecho otras pruebas con nuevas apañadas… sin embargo, su conclusión final fue la misma de todos los que estaban allí lavándole la cara a Antonio Morales y a JM Brito: que había que extinguirlas por la vía del disparo.

Una señora veterinaria que se hallaba entre el público, aportó alternativas como crearles una reserva a estos animales y que ella se prestaba de forma desinteresada para colaborar con unos nuevos análisis genéticos después de que se hicieran apañadas. Nada, todo estaba concertado, tanto entre los técnicos como por los afines al y del partido, a los que hicieron llamamiento para llenar el salón y manipular la jornada.

Se cabrearon muchos los semidioses sofistas cuando en mi intervención –de tres minutos, la palabra era siempre de ellos– les dije que aquello era un circo mediático; que la biodiversidad no se entiende sin el resto de las especies y lo peor, ante lo que se inhibieron –hasta el consejero Brito que estaba sentado por allí–, es cuando le nombro el destrozo medioambiental que está llevando a cabo la especie Homo sapiens Cabrildicia de Gran Canaria con la Autopista de La Aldea, o con la nueva carretera presupuestada con 9,5 millones de euros, desde la Aldea a Mogán. (Carretera innecesaria, si no es para la futura especulación de la zona, y un verdadero destrozo de la biodiversidad y del gran interés geológico de la zona).

Como es normal, todos los aplausos y vítores fueron para los técnicos y para los participantes afines al partido, donde la exposición de un asistente fue muy particular. Se trata de un muchacho –no creo que llegara a los 28 años– que se identifica como geógrafo y geólogo. Su petulancia y falta de humildad fue tan grande y deleznable su exposición, que se atrevió a decir que los campesinos no sabían lo que él había estudiado en la universidad, mas, que fue por su conocimiento teórico, una vez que se muda al campo, por lo que aquellos aprendieron a diferenciar una tabaiba dulce de una amarga. Allí, en ese encuentro no mandó la sensatez ni la cordura sino la titulitis y la egopatía severa. Este muchacho, dada su edad no puede ser sino un licenciado, pues para ser un geógrafo o geólogo se precisa de mucho conocimiento de campo y, sobre todo, tiempo y experiencia en la materia. En el caso de que fuera un lumbrera, no se atrevería a decir tal sandez despreciando el saber de nuestros agricultores, ya que en ellos reside un conocimiento empírico del medio, trasmitido de generación en generación, que este enaltecido de ego no entendería. Posiblemente, dada la socarronería del hombre canario del campo, seguro que le preguntaron al docto por el resto de las especies, interpretando estar aprendiendo mucho con él. Posiblemente, éste ya se buscó la contratación del Cabildo por su buena participación reptante. Creo que estos meleguinos que llegan a las universidades a pudrirse el cerebro con enseñanzas colonialistas y para fines de enriquecimiento, deberían pasar antes por un test psicológico para medirle el grado de humildad y sensatez que se requiere para no ser un canchanchán.

Tampoco puedo pasar por alto la actitud de un biólogo que estaba en la mesa, pues, para dar ejemplo de dureza y menguar la sensibilidad existente con las cabras, escenificaba, mientras hablaba, que “él mataba un baifo, in situ, igualito que los guanches y que no le temblaba la mano por ello” –dada su pinta a mi me da que la mano le tiembla, con total seguridad, por la mañana cuando coge el vaso– manifestación ésta que hizo con exacerbado histrionismo y que le dio un toque de humor tragicómico al importante encuentro. Este personaje también se ufanaba de haber recuperado la paloma rabiche y de haber logrado con ello 10 puestos de trabajo. Pues si con la cantidad de miles de euros que se han destinado a esta paloma, que no estaba extinguida ni en peligro de ello –las vi siempre en el fondo de los barrancos de Teror y de otros, cuando montaba líneas telefónicas por esos parajes donde teníamos que abrirnos caminos por dónde nadie había tocado– cómo será el resto de los chanchullos que se hacen con las subvenciones para fines sin fundamento. Terminó este biólogo, que vino invitado de la isla hermana de Tenerife, con la misma conclusión de los demás: matar y extinguir estas cabras sin, siquiera, hacerle pruebas genéticas. Dado el peligro que supone esta especie para Canarias –pues el geólogo insinuó que comen hasta piedras–, advierto a la gente que se vayan a acercar por nuestros pinares que usen ropa de tela metálica, pues estas cabras, según los técnicos, han mutado y se han hecho antropófagas; además, vayan siempre con la mirada hacia el suelo por si pisan alguna especie endémica, acudan con alas o caminen de puntilla.

Termino diciendo que el Cabildo Tecnocrático de Gran Canaria ya está advirtiendo que dentro de dos meses volverán a matar, inculcando que las apañadas son inviables y peligrosas. Me quiero remitir a la noticia de un periódico, cuyo nombre no me acuerdo ahora, que anuncia en gran titular que en Gomera –isla con barrancos tan o más pronunciados que los de Gran Canaria– los pastores apañaron en 5 días cerca de 300 cabras silvestres. Ésta es una alternativa más para el gran problema de las cabras de Gran Canaria y quien no hace lo que se puede es porque no quiere: traigan a esos pastores gomeros a Gran Canaria, que hagan ellos las apañadas; dejen a los matarifes godos y sus rifles en España y con el resultado de las apañadas, si es que hay tantas cabras como dicen y no han demostrado, aprovechen con profesionales, imparciales y voluntarios, para llevar a cabo los estudios genéticos adecuados con este ganado silvestre y, por supuesto, protegerlo por ley y como patrimonio del pueblo canario.

 

 

 

Isidro Santana León                

Un comentario sobre “El Cabildo de Gran Canaria un gobierno de tecnócratas

  • el 31 mayo, 2016 a las 7:03 am
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    La ingenuidad canaria da pa mucho…Y lo peor es que nos lo seguiremos creyendo hasta que no tenga remedio…Muy trincado y acotado el asunto.Efectivamente,todo lo que ponga en marcha el colonialismo o sus instrumentos políticos aquí,va en contra de los intereses canarios.

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