El Eco de los Pueblos: Museos Vivos y Resistencia Cultural entre Canarias y Souss-Massa
Ponencia presentada por el investigador Ricardo Fajardo en las Jornadas Biyelmawn de Agadir. Estas jornadas, que contaron con una importante delegación canaria, se celebraron entre los días 17 y 21 del pasado mes de junio. Ricardo Fajardo dedicó su intervención a los museos vivos de las Islas Canarias y a la posibilidad de que sirvan como modelo para la región de Souss-Massa.
Hoy en día, libramos una batalla minoritaria pero firme por mantener vivos nuestros topónimos guanches, nombres de pueblos, montañas y barrancos de pura raíz libio-bereber, nuestras costumbres agrarias y ganaderas. Por eso, en Canarias, un museo vivo no es únicamente un lugar de ocio; puede ser un acto de rebeldía, de resistencia cultural, de recuperación de la propia identidad y de la propia dignidad.
ⵉⴽⵓⵎⵓⵣⵉⵢⵏ ⵢⴷⴷⵔⵏ: ⵜⴰⵎⴰⴳⵉⵜ ⵉⵛⵛⴰⵔⵏ ⴳⵔ ⴽⴰⵏⴰⵔⵢⴰⵙ ⴷ ⵙⵓⵙ–ⵎⴰⵙⵙⴰ
Azul fellawen. Susem d ifassen nneɣ af ad nssbdr amzruy nneɣ yddrn.
ⴰⵣⵓⵍ ⴼⵍⵍⴰⵡⵏ, ⴰⵢ ⵜⵎⴰ ⴷ ⴰⵢⵜⵎⴰ. ⵙⵓⵙⵎ ⴷ ⵉⴼⴰⵙⵙⵏ ⵏⵏⵖ ⴰⴼ ⴰⴷ ⵏⵙⵙⴱⴷⵔ ⴰⵎⵣⵔⵓⵢ ⵏⵏⵖ ⵢⴷⴷⵔⵏ.
Saludos. Unamos nuestras manos para hacer vivir nuestra historia.
Es evidente que una manera de conversar con nuestros antepasados más lejanos en el tiempo es a través de los museos donde encontramos vestigios de su existencia. Los museos de Canarias más antiguos y conocidos nos conectan con los habitantes de estas islas antes del proceso de conquista bélica. Pero existen otro modelo de museos. Hoy no vengo a hablarles de objetos mudos encerrados en vitrinas de cristal cuya una voz parece ser el rótulo que acompaña con mayor o menor fortuna. Vengo a hablarles de museos sin techos, museos al aire libre donde aún se huele a gofio, a barro y se escucha el viento o las ruedas de molino. Vengo a hablarles de lo que en la lengua de nuestros ancestros comunes podría sonar a algo similar a Asgni n Tussna Yddrn»: museos de la memoria viva, eco museos.
Presencia canaria en las Jornadas Biyelmawn de Agadir
Para el público que hoy nos acompaña y que quizás no conoce en profundidad las Islas Canarias, debo empezar con una confesión histórica. Nuestro archipiélago atlántico comparte algo más que el clima o las coordenadas aproximadas con el Noroeste de África. Compartimos una raíz étnica común: el mundo Amazigh con las lógicas variaciones modeladas por una circunstancia insular.
Sin embargo, la historia de Canarias está marcada por un trauma profundo: el proceso de conquista francesa, portuguesa y castellana del siglo XV. Tal colonización supuso el derrumbe de las estructuras sociales. Si la población de Canarias en el momento previo a la conquista fuera de 60.000 personas, las muertes en batalla, enfermedades o destierro -incluso por esclavitud- la
diezmó en un 50%. Este proceso trató de imponer una violenta aculturación, donde la lengua de nuestros antepasados —los guanches— fue silenciada formalmente, en un proceso gradual y desigual en cada isla.
Pero la cultura es como el agua: siempre encuentra una grieta por la cual seguir brotando. A través de un fenómeno de transculturación, el canario asimiló lo exterior, pero protegió lo propio de sus costumbres más íntimas. Al menos una buena parte de los canarios siguieron transmitiendo oralmente a las siguientes generaciones sus señas de identidad. No cabe duda que a lo largo del tiempo los intentos de aculturación fueron una perseverancia colonizadora y, cuando no era posible, se produjo un sincretismo en ocasiones estratégico.
Hoy en día, libramos una batalla minoritaria pero firme por mantener vivos nuestros topónimos guanches, nombres de pueblos, montañas y barrancos de pura raíz libio-bereber, nuestras costumbres agrarias y ganaderas. Por eso, en Canarias, un museo vivo no es únicamente un lugar de ocio; puede ser un acto de rebeldía, de resistencia cultural, de recuperación de la propia identidad y de la propia dignidad.
Los nexos y la lucha por la supervivencia cultural
¿Por qué este modelo de museo es un espejo perfecto para la región de Souss-Massa? Porque nuestras culturas nacieron respondiendo a los mismos desafíos vitales. Destaco tres nexos fundamentales:
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La dramática ingeniería del agua: Canarias ha vivido una histórica y feroz problemática por la escasez hídrica. En islas como Fuerteventura, el Ecomuseo de La Alcogida muestra cómo el suelo se transformó en un captador de lluvias colonizado por canales que conducen el agua a los aljibes subterráneos. Esto es un reflejo exacto de las técnicas hidráulicas del Anti-Atlas marroquí. Mostramos el agua no como un recurso físico, sino como un elemento de cohesión comunitaria. En la geografía de las islas permanecen huellas de la captación del agua desde los tiempos más antiguos como canaletas, maretas o eres, y en el proceso histórico con aljibes o canales.
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La molienda, el cereal y el gofio: En el Ecomuseo de Garafía en La Palma, el corazón del espacio es un molino histórico de viento. Allí se produce el gofio, nuestra harina de grano tostado. Este alimento sagrado para la supervivencia canaria comparte técnica, tostado y esencia con el Arkul (Argelia) o el tummit o buffi (Marruecos amazigh. El sonido de la piedra de moler conecta directamente el Atlántico con los hogares de Souss-Massa. Los molinos de piedra guanches, su pervivencia histórica, los molinos de viento o de agua son reflejo de su importancia gastronómica milenaria.
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El latido musical y los instrumentos: La música en Canarias fue el refugio de la identidad. Instrumentos de percusión y cuerda han mantenido vivos ritmos ancestrales. El ecomuseo de la Casa de Carta, en Valle de Guerra (Tenerife), recientemente renovado como un museo vivo, actúa como un centro donde el patrimonio textil, los bailes y la música popular se entrelazan en talleres interactivos. El visitante no escucha una grabación; ve y siente la vibración de las manos locales construyendo y tocando la historia. Seguramente Canarias precisa de un museo de instrumentos musicales ancestrales, que perviven gracias a manos artesanas.
Nuevos Modelos de Identidad en los Pueblos Canarios
El modelo de ecomuseo en Canarias está en parte evolucionando hacia la gestión vecinal directa. Ya no son únicamente las instituciones las que exponen; son los pueblos los que se autogestionan:
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El milagro comunitario de Sabinosa (El Hierro): En la pequeña isla de El Hierro, la asociación etnográfica del pueblo de Sabinosa está impulsando un proyecto ejemplar de «Museo Vivo» al aire libre. Es un pueblo que se resiste a desaparecer frente a la despoblación. Sus calles, sus viviendas tradicionales y sus propios vecinos son el museo. Allí se custodian los toques de tambor tradicionales y los pasos de los bailarines ancestrales. La cultura viva se defiende bailando y cantando en comunidad.
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Casas como Palacios Vivos de La Laguna: En la ciudad histórica de San Cristóbal de La Laguna, antiguas casas señoriales y patios coloniales abren sus puertas no como museos de bellas artes, sino como espacios interactivos donde se recrean los antiguos oficios urbanos, las tertulias y la evolución social de las islas desde el siglo XVI. La Casa Museo Cayetano Gómez muestra las formas de vida de las mujeres de los siglos XVIII y XIX.
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El Ecomuseo de Guinea (El Hierro): Donde caminamos físicamente por las viviendas, viendo cómo la población pasó de habitar los juaclos, las cuevas aborígenes, a las casas de piedra y techos de colmo, de centeno, de la era colonial. Guinea es un caso de poblamiento desde la época prehispánica hasta casi la actualidad, en un proceso de transformación no única, por cierto, en Canarias.
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El Museo Vivo de La Aldea es un referente en el rescate etnográfico. Las casas y locales son cedidos de forma altruista por los propios vecinos. Los mayores del pueblo actúan como guías e intérpretes de su historia. Recrean en vivo antiguos oficios agrícolas, ganaderos y artesanías tradicionales. Se muestra la trilla con animales, la molienda de gofio y el ordeño. También se elabora queso artesanal y pan en hornos de piedra tradicionales. Las estancias reviven una escuela antigua, una barbería y un empaquetado de tomates.
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La Casa de los Carneros de Tigaday, se ha convertido en centro de interpretación en el municipio de La Frontera. Este espacio museístico destaca por ubicarse junto a la histórica casa del miedo que perteneció a Benito Padrón, quien salvó y recuperó esta ancestral tradición tras la Guerra Civil. Durante generaciones, este recinto sirvió como el «cuartel secreto» donde los jóvenes se vestían a escondidas con zaleas (pieles de oveja y carnero), se colocaban cornamentas y se embadurnaban de betún negro o tizno de las ollas de destilar aguardiente. El Ayuntamiento de La Frontera y el Gobierno de Canarias financiaron su reconversión en un espacio interactivo que funciona también como un museo abierto al público
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Una Propuesta y debate para Souss-Massa
Si visitáramos el magnífico Musée du Patrimoine Amazigh en Agadir, quedaríamos deslumbrados por las joyas de plata y las alfombras tradicionales (Izergan). Esa belleza que apreciamos encerrada apenas nos habla, pero la cultura que creó esos objetos sigue latiendo fuera, en los pueblos rurales de Souss-Massa, como Tiznit.
Sería una propuesta formal la de trasladar el modelo canario a esta hermosa región. Imaginemos un Ecomuseo Vivo en los pueblos tradicionales del Parque Nacional de Souss-Massa (como Massa) o en las medinas de Tiznit. Sería una maravilla dejar por unas horas los hoteles de Agadir para contemplar in situ el proceso artesano de creación artística.
No sería un parque temático para turistas de sol y playa y sí para visitas culturales. Hablo de un pueblo vivo recuperado donde las cooperativas de mujeres transmitan el ritual sagrado del Argán; donde los ancianos enseñen a los jóvenes a levantar muros de adobe en vivo; y donde los poetas y músicos locales mantengan viva la tradición oral amazigh.
Esto no es solo turismo sostenible; es rescatar del olvido nuestra memoria común frente a la apisonadora de la globalización. Se trata de defender, como se diría en darija, la protección del «Turat l-hayy» (el patrimonio vivo). Y en la lengua milenaria de los pueblos bereberes y probablemente de nuestros antepasados canarios, recordamos:
Afulki n tssna nneɣ tlla ɣ imzdaɣ nneɣ, ur tlli ɣ lbitrat n djjaj.
ⴰⴼⵓⵍⴽⵉ ⵏ ⵜⵙⵙⵏⴰ ⵏⵏⵖ ⵜⵍⵍⴰ ⵖ ⵉⵎⵣⴷⴰⵖ ⵏⵏⵖ, ⵓⵔ ⵜⵍⵍⵉ ⵖ ⵍⴱⵉⵜⵔⴰⵜ ⵏ ⴷⵊⵊⵊⴰⵊ.
La belleza de nuestra cultura está en nuestra gente, no en las vitrinas de cristal.
Hagamos que nuestros pueblos sigan siendo los guardianes de la historia.
Muchas gracias. Tanmirt nwen.
ⵜⴰⵏⵎⵉⵔⵜ ⵏⵡⵏ ⴱⴰⵀⵔⴰ
Ricardo Fajardo
doctor en antropología



