Distinta

Una margarita fuera de lo normal se había enamorado de una enorme rosa roja. Su amor lo vivió en silencio hasta el día que la rosa fue podada por descuido y cayó rozando a la otra, hiriéndola con sus afiladas púas. Una vez en el suelo, la margarita derramó sobre ella una lágrima de escarcha y le dijo: “He intentado agarrarte; llevo toda la vida mirando hacia arriba, observándote, más enamorada de ti que del Sol que nos alumbra…”

– ¿Qué dices, loca? – contestó la vieja flor. – Soy Rosa y son espinas las defensas de mi tallo. ¡Aléjate, profano!

La rosa no había reparado en que la margarita la admiraba desde siempre, ni en que su muerte había empezado. Ella, queríatanto a aquella bella rosa que no tenía capacidad para ver su repelente altivez.

Otra, que nacía de su semilla y veníadetrás de ella, pero con la mitad de hojas que la mayoría, creció sabiendo que no quería ser como una hermosa y llamativa rosa. Tenía solo las hojas del no, se había formado para ser contestataria. Ésta, cuando vio caer madura a la mayor, muerta por la tristeza que le produjo la prepotente rosa, se alzó tan firme en su convicción rebelde que la nueva generación no tuvo más remedio que admitirla como era. La nacida de ella fue conocida, entre las flores, como Aisha.

 

Pedro González Cánovas 

 

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