¡Qué bonita bandera! ¡Qué bonita ilusión!

Antes que nada, debo reconocer que siendo una persona de tendencia libertaria no tengo especial inquietud por endiosar un símbolo en concreto, máxime una bandera, del signo que sea. Sin embargo, no puedo dejar de reconocer que la especie humana lleva usando símbolos, de las más variadas tipologías y formas, para representar ideas, proyectos, sentimientos y razones, desde la noche de los tiempos. En ese sentido, la polémica en torno a la Bandera Nacional Canaria, esa que porta las siete estrellas, ha vuelto a traer a la calle el debate en torno a esa enseña y los valores que representa.

Visto desde La Palma, isla en la que no existe un movimiento independentista o soberanista de carácter potente, por ahora, resulta interesante realizar una retrospectiva de la presente campaña y los años anteriores, remarcando las notables diferencias entre ambos procesos. Tengo que aclarar que tras años de participación en movimientos de izquierda independentista, de manera intermitente y sobre todo en Tenerife, me encuentro en una situación de desvinculación y desilusión ante cualquier estructura política organizada, concentrando mis esfuerzos en otras áreas de la canariedad. Por eso hablo desde un conocimiento escaso de la situación presente, que se está moviendo sobre todo en otras islas del país. No obstante, creo que puedo aportar algo en cuanto a la experiencia de años anteriores.

Pienso que, como muchos actos vinculados al movimiento independentista o soberanista canario, el 22 de Octubre se había convertido en una efeméride más, de carácter minoritario y conflictivo. Se llegó a un clima de enfrentamiento absolutamente destructivo, que arrastró tras de sí una marea de irresponsabilidad y ruptura de cualquier margen de actuación realista. Reconozco que participé en determinadas dinámicas en este sentido, que vistas con perspectiva no trajeron nada bueno a un movimiento con un enorme potencial, pero lastrado por mil luchas intestinas y sin un proyecto unitario que tenga visos de lograr una verdadera liberación para las personas de esta tierra. Es por ello que muchas personas nos hemos alejado del independentismo, al igual que otras del soberanismo o nacionalismo de izquierda, movimientos que aun compartiendo ideas similares, difieren en otras tantas a la espera de ponerse de una vez de acuerdo.

Poco podía llegar a comprender, desde la lejanía, la que los compañeros y compañeras de la “Coordinadora 22 de Octubre” han llegado a armar en el resto del País Canario. No es que el ámbito institucional sea aquel en el que se deba gestar una sociedad mejor, pero puede ayudar a ello y sobre todo a difundir propuestas de cara a la ciudadanía.La polémica es tanta que llega a la totalidad de las islas y supone el salto de la Bandera Nacional Canaria a las instituciones del país y el comienzo de una normalización completa de la enseña en nuestra tierra. También es un auténtico filtro que nos muestra las verdaderas o nulas intenciones de determinados grupos que reivindican la tricolor como simbología propia.

En este sentido, el ejemplo dado por CC, en determinados ayuntamientos, es un caso paradigmático de la carencia de programa y verdadera intención de construcción nacional por parte de unos pretendidos nacionalistas, cada vez más derechizados y proclives al gobierno popular, que en ciertas zonas de Canarias retornan al insularismo y municipalismo original de aquellos grupos que salieran de UCD y a su vez del Movimiento Nacional, al igual la mayoría de los fundadores del Partido Popular. No solamente demuestran la división interna, sino su total deficiencia en cuanto a ideología y mensaje de cara a la sociedad. No es convincente vender que se es nacionalista y al mismo tiempo votar en contra de la exhibición pública de la bandera tricolor. Sí, al final los que nos manifestamos en aquel congreso de CC, cuando aceptaron la Bandera Nacional Canaria como su enseña, atacando su oportunismo y falsedad, no estábamos tan desencaminados en cuanto a las intenciones de una parte de ese partido.

Igualmente cabe destacar la postura de Podemos, totalmente disparatada, sacando la bandera en sus mítines para luego apoyar que se silencie a nivel institucional la sensibilidad de miles de canarias y canarios, demostrando que no tienen programa para nuestra tierra. Esto tendría que quedar claro para muchas personas, que proviniendo del campo canarista se pasaron a la ola de Podemos, olvidando cualquier reivindicación autocentrada y pasando a fortalecer el sucursalismo en nuestra tierra y por lo tanto los problemas estructurales de esta sociedad. Problemas que no pueden resolverse sino desde aquí, eligiendo nuestra forma de ser interdependientes sin que lugares y poderes lejanos o cercanos, destruyan la posibilidad de construir un archipiélago sostenible y volcado en las necesidades reales de su medio y de su población. Mejor ejemplo dan ciertos cargos de esta formación o ciertas formaciones relacionadas con Podemos y la nueva política a nivel municipal. En cuanto al PSOE, creo que están más preocupados por ver qué principales pueden caber en los botes salvavidas destinados a salvar supervivientes del naufragio que comienzan a sufrir.

Luego de años en los que el debate político parecía copado por asuntos estatales, perdiéndose en este caso el planteamiento propio, más allá de la decadente CC y similares, al menos en cuanto a los medios de comunicación de masas y en todas las islas, parece que la “Coordinadora 22 de Octubre” logra volver a poner en el mapa informativo la existencia de una sensibilidad nacional canaria. El independentismo/soberanismo se convirtió en un recuerdo del pasado para muchas personas que se adhirieron, luego de años de compromiso con la causa canaria, a organizaciones y planteamientos estatales, olvidando la dimensión isleña y la necesidad de un programa propio para nuestra tierra. Parecía todo acabado en cuanto a esto hasta que saltó el debate y del mismo se hicieron eco bastantes medios, tanto radiofónicos, como escritos y hasta televisivos.

Lo triste fue el grado de intoxicación y la falta de respeto enorme de muchos farfulleros profesionales, perdonen si no los llamo de otra manera, en determinadas tertulias que se me parecen más a un patio de colegio repleto de resabio y mala fe. Eran espectáculos bochornosos en los que decenas de personas afirmaron disparates sin fundamento alguno, o sus propias opiniones pero dichas de la manera más irrespetuosa, todo ello eso sí, sin la presencia de nadie que pudiera hacerles frente y rebatir sus opiniones. Es fácil hablar de un tema “rajando” sin tener la más mínima posibilidad de respuesta al frente, lo que denota una cobardía bastante clara. Pero no es raro si tenemos en cuenta que la gran mayoría de medios de Canarias, sean del tipo que sean, responden a los poderes organizados que protegen sus beneficios personales en contra del bienestar colectivo y que, casualmente, gobiernan en casi todo nuestro pequeño país.

Sea como sea, que hablen de uno es mejor que si no hablan, situación esta última a la que llevamos años enfrentándonos. Desde hace décadas, cualquier grupo o persona que defiende la construcción nacional de Canarias, es generalmente vetado, ridiculizado o difamado por los medios dominantes. En parte, nosotros tenemos la culpa por habernos prestado a consolidar muchos tópicos que convierten un planteamiento totalmente lógico en una especie de folclore marginal, repleto de lugares comunes y que es fácilmente criticable. No obstante, eso está cambiando y la campaña reciente de la bandera supone una superación inicial del veto histórico, forjando incluso un cierto debate social entre la población canaria y una reacción de ese fascismo latente que existe en cierta parte de la ciudadanía, marcada por el miedo, viéndose panfletos de ultraderecha por las redes, contrarios a la bandera, o reacciones bastante desafortunadas.

Curiosamente, muchos de esos periodistas que atacaron las reivindicaciones y despreciaron la bandera, al igual que tantos particulares por las redes, demuestran su más absoluta ignorancia en cuanto al origen de dicho símbolo, así como el de la bandera de los dos perros aguantando la corona y la monarquía borbónica. No saben que los colores actuales de nuestra bandera fueron propuestos por el Movimiento Canarias Libre, una organización abiertamente independentista, mal que le pese a Ciudadanos con su ridículo espantoso al enarbolar banderas separatistas. No saben que la Bandera Nacional Canaria con las siete estrellas verdes es anterior a la autonómica, que la de los perros se hizo como remedo de la anterior, pues existió el debate para legalizarla como oficial y los sectores dominantes no se lo podían permitir.

¿Por qué? Pues porque los movimientos que crearon, asumieron y dieron relevancia a la Bandera Nacional Canaria, estaban entre aquellos que más cara y combate presentaron contra la dictadura de Franco, pues eran movimientos realmente populares, luchadores y que cuestionaban un régimen de cosas lastrado por el caciquismo y la dependencia. Una bandera asociada a grupos que luchaban tanto contra la injusticia, no podía ser oficial. Es por esto que añadirle a una bandera inicialmente republicana y demócrata, simbología monárquica como es el escudo de los perros, resulta una aberración contraria a los orígenes de la enseña y a cualquier principio de libertad. Porque si algo caracteriza a los movimientos con sensibilidad canaria es su carácter progresista, demócrata, autogestionario, vinculado a las luchas por el cambio y la justicia social. Esa es la razón por la que no queremos aceptar ninguna bandera monárquica, somos contrarios a la perpetuación de cualquier dinastía, porque no somos súbditos, sino ciudadanos libres que no estamos conformes con ninguna sumisión.

Resulta paradójica, por tanto, cualquier referencia a una supuesta imposición de la Bandera Nacional Canaria, como aquellas que tanto se escucharon o leyeron en boca de periodistas o personas de a pie, al respecto. Imposición es tener que aceptar, sin votarlo, un régimen monárquico o una dependencia de Canarias que nos está matando como sociedad, como pueblo, como naturaleza privilegiada. Los problemas de Canarias son estructurales y la crítica a las banderas actuales o la defensa de la Bandera Nacional Canaria, no es un mero capricho, sino la defensa de una sociedad más autocentrada y por el derecho a mayores libertades, sin sumisiones o imposiciones como monarquías, extracciones petrolíferas, normativas perniciosas, dependencias alimentarias y energéticas catastróficas… Esos anhelos se desvelan en un manifiesto (https://coordinadora22deoctubretenerife.wordpress.com/), ante el que cualquier persona favorable a la democracia como poder del pueblo, a una verdadera capacidad del pueblo para decidir, debería cuanto menos sentir simpatía por gran parte de lo expresado en el mismo.

Las personas que están a favor del estatus actual y de la simbología que representa, pueden usar el derecho a verse representados todo el año ¿Por qué otras sensibilidades no pueden? Entiendo que se piense que las personas con sensibilidad nacional canaria son cuatro y la conductora, pero al menos en mi experiencia sé que hay mucha más gente de la que se piensa, albergando esta clase de sentimientos. Según el último estudio del CIS sobre Canarias, realizado en el año 2015 y extrapolando los datos de población actual, casi setenta mil personas (3,3%) quieren la independencia en Canarias y alrededor de cuatrocientas setenta mil (22,2%) mayor autonomía que la actual. Igualmente se sienten solamente canarias, unas doscientas ochenta y seis mil personas (13,6%) y más canarias que españolas unas cuatrocientas veintiocho mil (20,4%). No estamos hablando de sentimientos marginales, puede que minoritarios respecto al resto de la población, pero no inexistentes o minoritarios al extremo. Con esto tampoco quiero decir que todas y cada una de esas personas se sientan identificadas con la enseña de la que hablamos, aunque esos pensamientos e ideologías se puedan expresar y se expresen mediante la misma.

La democracia es algo que un partido como el PP no conoce, o no quiere conocer. El delegado del Gobierno en Canarias, Enrique Hernández Bento (Bento II), junto con determinados jueces, se empeñó de la manera más torticera en intentar boicotear los actos propuestos por la “Coordinadora 22 de Octubre”, ordenando la suspensión cautelar de las izadas aprobadas por diferentes Ayuntamientos y Cabildos de Canarias, incluso por algunos concejales de su propio partido. La organización promotora de estos actos, acaba de enviar una queja formal al Consejo General del Poder Judicial, para que investigue a los jueces implicados en estos hechos. Parece que podemos aguantar décadas de corruptos vinculados al gobierno dominante, que se ríen en nuestra cara y no verlos en la cárcel jamás, pero sí que hay rapidez carpetovetónica a la hora de ahogar cualquier tipo de disidencia social o política. El PP no tiene demasiada cordura porque en su intento de deslegitimar, de destruir la popularidad de la tricolor, está generando debate social y un acercamiento de sectores progresistas pero no vinculados a la sensibilidad nacional canaria, en solidaridad y apoyo ante esta ignominia. Digamos que Hernández Bento está comenzando a engrasar la famosa fábrica de independentistas, que tiene patentada y lleva años usando el PP en Catalunya. Gracias por enrollarte con la causa, puntal.

Sin embargo, la desfachatez más grande cometida por este señor, es que asocia con el terrorismo a la bandera y por tanto, a un sector enorme de personas que se identifican con la misma, aunque no tengan ideas políticas de tipo alguno, relacionándonos a todos nuevamente y de forma miserable con el Accidente de los Rodeos, pese a que existan informes internacionales que inculpen al aeropuerto por sus deficientes instalaciones y a un error del piloto. Me siento ofendido por este señor, porque si alguien es terrorista es aquel que favorece un orden injusto y genocida como el que está destrozando Canarias, el Estado Español y el mundo. Para terrorista una dictadura aberrante, que eliminó miles de personas en esta tierra (entre ellas familiares míos), represalió a otras tantas e instauro el terror y la reacción. Igual el derecho a resistir y estar en contra de un régimen injusto, algo que reconocen las instituciones internacionales, no importa tanto a los herederos de aquella dictadura y de todo pensamiento reaccionario en los últimos doscientos años, solo hace falta ver las genealogías políticas.Terrorista es la imposición de una monarquía que durante siglos trató a los humildes como ganado destinado a defender las fincas y conquistas de los sucesivos reyes con su sangre, como borregos en el matadero, por lo que resulta penoso que se nos continúe obligando a ser súbditos de esa mentira.Terroristas son los recortes, o el imperio absoluto de los bancos, que ustedes defienden y que condena a miles de personas al suicidio y a millones a la pobreza inmediata o paulatina, algo mil veces peor que morir rápidamente. Tampoco, como llegó a decir el Delegado, es la bandera de CC aunque esta la reconozca como simbología, ya que existieron y existen muchos movimientos o personas que la reconocen y utilizan, más allá de sus parientes ideológicos.

Si existe esa reacción y ese debate tan enconado, cuando tendría que ser natural en una sociedad supuestamente madura y democrática, es porque aquellos movimientos que pretenden mayores libertades reales para Canarias, son los únicos que realmente suponen un problema verdadero para el sistema de poder y corrupción instaurado en Canarias en una supuesta autonomía, cuyos orígenes en forma de diversos pactos entre las élites isleñas y la corona, podemos rastrear hasta la época de la conquista. Por ello las personas que pensamos así, creemos que sin tocar el cáncer de la dependencia, junto con su ramaje clientelar y caciquil asociado, jamás podremos caminar hacia unas islas mejores, más justas y sostenibles.

La dependencia es algo que fue impuesto, está siendo impuesto y sobre lo que no tenemos control real, pero que pone en severo peligro a nuestro pueblo, al aislarnos del mundo, de nuestro entorno. De momento, la independencia no está en curso, tampoco tenemos una autonomía al servicio de la gente, sino de las minorías dependientes y corruptas que controlan esta tierra. En este sentido, resulta algo bien triste que se persiga o intente destruir todo atisbo de libertad real para Canarias, o que se comprenda el intento de dignificar esta bandera como una imposición o un intento de dividir a las personas de estas islas, como si los independentistas o soberanistas fuéramos culpables de lo que pasa en el Archipiélago ¿Acaso los que nos imponen toda clase de desmanes no son partidarios de la dependencia, en vez de independentistas o soberanistas? ¿Acaso el sistema que está fracasando no es la dependencia, en vez de la independencia o una mayor soberanía? Es lógico que si aquellas personas que más se obstinan en perseguir, denigrar y hundir cualquier expresión de canariedad política rebelde, son aquellos que nos están matando de hambre e instaurando un régimen totalitario por fascículos, cuanto menos tendríamos que profundizar y reconocer la vía que representa esta bandera como una posibilidad política real más. No es ni imposible, ni irrealizable, ni un chiste o mero folclore, el hecho de que sea tan perseguido demuestra su importancia.

Agradezco mucho el trabajo de aquellas personas que están trabajando con la “Coordinadora 22 de Octubre”, antes que todo porque hacen que recupere la ilusión por una Canarias realmente libre y soberana. Creo que estamos ante una nueva etapa en el canarismo político si no caemos en errores pasados y nos creemos nuestra capacidad para ofrecer una alternativa realista, más allá de sentimentalismos. Se abren nuevas posibilidades, se pueden acercar actores más amplios al proceso, en el marco de un necesario reconstruir de la alternativa propia, sin que nos dejemos llevar por cualquier tipo de sucursalismo, apostando por construir un programa realmente propio que permita sobrevivir dignamente a nuestras islas en el incierto panorama que se nos abre por delante. Debemos cambiar la mentalidad y aprender a debatir, llevando nuestros postulados desde la razón, ganando para nuestras ideas a las personas en vez de espantarlas, desterrando los tópicos y la mala imagen que dan a nuestros proyectos de futuro.

Debemos plantear nuestra alternativa como una propuesta realista, de futuro, alejándonos de las agotadas praxis del pasado y fundiendo nuestras necesidades con un pueblo que no es nuestro enemigo, sino un potencial oído para nuestras opiniones. Tenemos que plantear el símbolo no como un mero icono para un día concreto, sino que se deben defender los ideales que representa, buscando cada vez más soberanía y justicia social. En ese sentido, esta campaña representa un punto de inflexión, en el que la generación de nuevas alternativas políticas se está configurando a lo largo de todas las islas, para presentar a la ciudadanía un proyecto serio de país. Desde La Palma, en la lejanía de lo más activo del proceso, les digo que esperanzan y que me hacen sentir ¡Qué bonita bandera! ¡Qué bonita ilusión!

Pedro Pérez “El Gasio”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

×