¿Qué pasará el 2 de octubre?

Despertaremos con la resaca de un referéndum fallido. Y no porque las reivindicaciones de los ciudadanos catalanes no sean legítimas, por supuesto que tienen derecho a votar y a exigir poder hacerlo en condiciones dignas. Sin amenazas y sin ser tachados cuanto menos de delincuentes por la caverna mediática. Será fallido porque los nobles e ilusionantes objetivos de quienes van a votar no van a cumplirse. 

El pueblo de Catalunya debe poder elegir su futuro. Y el canario, y el murciano. Y eso es lo que quieren prohibir. No se trata de un referéndum en el que elegir si romper o no la tan cacareada (e inexistente) unidad de España. Es mucho más que eso. 

Es la exigencia de los pueblos de ser escuchados. La necesidad de continuar evolucionando en el largo camino a esa tierra prometida llamada Democracia. Es la urgencia de los trabajadores en reivindicar sus derechos, todos ellos. 

Y es que ahí está la clave del conflicto. En la intención de querer decidirlo TODO. Porque si el 15M nos enseñó que la democracia no era votar cada cuatro años, tampoco puede consistir en hacerlo una vez (y menos, con la mitad de los electores). Sino en ejercerla cada día. Democracia es la organización en la defensa colectiva de los derechos de los trabajadores, de los pensionistas, de las niñas y niños. Es no cesar la indignación ante las injusticias que día a día se producen en todos los ámbitos de la sociedad. 

El 2 de octubre, Jordi, un fontanero de Lleida registrado como autónomo tendrá que seguir haciendo malabares para pagar sus facturas y alimentar a su familia. El 2 de octubre, Carme de Barcelona seguirá manteniendo con una precaria pensión a sus hijos desempleados de larga duración. El 2 de octubre, Oriol volverá a su colegio en Tarragona sin desayuno porque a su madre no le pagan las horas extra. 

Siendo así, ¿quién le explicará a Jordi, a Carme y a Oriol que la democracia era esto? 

Si el referéndum puede servir para algo, será para impulsar la lucha de la clase trabajadora en cada uno de nuestros países en el camino a la verdadera emancipación hacia un mundo en el que, como inspiró Rosa Luxemburgo, seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y socialmente libres. Cualquier otra consecuencia más centrada en poner fronteras que en la dignidad de la gente, hará que el referéndum no haya servido en absoluto. 

 

Romen García Arteaga

 

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