203 años de la Proclama de “Guerra a muerte” de Simón Bolivar. 15 de junio de 1813

Se nos declara la guerra, pero se nos reconoce como comunidad diferenciada. No vamos a obviar el dolor de ser combatidos y lo que significó la proclama para los isleños en Venezuela, pero tampoco podemos negar la importancia y la trascendencia de estas palabras que tan duramente nos interpelan. Palabras que les interpelan a ellos, los españoles; y nos interpelan y señalan a nosotros, los canarios, como comunidad histórica diferenciada en Venezuela.

Las Islas Canarias no eran entendidas como parte integrante de España. En todo caso, se trataba, como la América insurrecta, de un territorio supeditado al poder español. Los canarios no eran otra cosa que los habitantes de ese reducto atlántico-africano que se habían encaminado durante siglos hacia las tierras de América.

En 1826, ese mismo Simón Bolivar de la Proclama de “Guerra a muerte” incluía en la agenda del Congreso Anfictiónico de Panamá la discusión sobre el apoyo a la independencia de las Islas Canarias. Los textos del Primer Congreso del MPAIAC (septiembre de 1979) tienen como introducción la reflexión sobre la trascendencia histórica de ese reconocimiento:

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Por primera vez en América se habla de emancipar a Canarias. Corresponde a Simón Bolivar, nieto de una mujer guanche, encender la llama de la esperanza y la libertad”.

 

No fue la primera vez que se hablo de independizar Canarias en América, pero si era la primera vez que el tema adquiría solemnidad y trascendencia internacional en el Nuevo Mundo. El texto del MPAIAC termina de una forma contundente:

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¿Tiene razón el Libertador o por el contrario le asiste el derecho a la España colonial? La respuesta es muy clara: la guerra de liberación bolivariana nos señala el camino a seguir”    

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Proclama de “Guerra a muerte”

SIMÓN BOLÍVAR,

Brigadier de la Unión, General en Jefe del Ejército del Norte, Libertador de Venezuela.

A sus conciudadanos.

Venezolanos: un ejército de hermanos, enviado por el soberano Congreso de la Nueva Granada, ha venido a libertaros, y ya lo tenéis en medio de vosotros, después de haber expulsado a los opresores de las provincias de Mérida y Trujillo.

Nosotros somos enviados a destruir a los españoles, a proteger a los americanos, y a restablecer los gobiernos republicanos que formaban la Confederación de Venezuela. Los Estados que cubren nuestras armas, están regidos nuevamente por sus antiguas constituciones y magistrados, gozando plenamente de su libertad e independencia; porque nuestra misión sólo se dirige a romper las cadenas de la servidumbre, que agobian todavía a algunos de nuestros pueblos, sin pretender dar leyes, ni ejercer actos de dominio, a que el derecho de la guerra podría autorizarnos.

Tocado de vuestros infortunios, no hemos podido ver con indiferencia las aflicciones que os hacían experimentar los bárbaros españoles, que os han aniquilado con la rapiña, y os han destruido con la muerte; que han violado los derechos sagrados de las gentes; que han infringido las capitulaciones y los tratados más solemnes; y, en fin, han cometido todos los crímenes, reduciendo la República de Venezuela a la más espantosa desolación. Así pues, la justicia exige la vindicta, y la necesidad nos obliga a tomarla. Que desaparezcan para siempre del suelo colombiano los monstruos que lo infestan y han cubierto de sangre; que su escarmiento sea igual a la enormidad de su perfidia, para lavar de este modo la mancha de nuestra ignominia, y mostrar a las naciones del universo, que no se ofende impunemente a los hijos de América.

A pesar de nuestros justos resentimientos contra los inicuos españoles, nuestro magnánimo corazón se digna, aún, abrirles por última vez una vía a la conciliación y a la amistad; todavía se les invita a vivir pacíficamente entre nosotros, si detestando sus crímenes, y convirtiéndose de buena fe, cooperan con nosotros a la destrucción del gobierno intruso de España, y al restablecimiento de la República de Venezuela. Todo español que no conspire contra la tiranía a favor de la justa causa, por los medios más activos y eficaces, será tenido por enemigo, y castigado como traidor a la patria y, por consecuencia, será irremisiblemente pasado por las armas. Por el contrario, se concede un indulto general y absoluto a los que pasen a nuestro ejército con sus armas o sin ellas; a los que presten sus auxilios a los buenos ciudadanos que se están esforzando por sacudir el yugo de la tiranía: Se conservarán en sus empleos y destinos a los oficiales de guerra, y magistrados civiles que proclamen el Gobierno de Venezuela, y se unan a nosotros; en una palabra, los españoles que hagan señalados servicios al Estado, serán reputados y tratados como americanos.

Y vosotros, americanos, que el error o la perfidia os ha extraviado de las sendas de la justicia, sabed que vuestros hermanos os perdonan y lamentan sinceramente vuestros descarríos, en la íntima persuasión de que vosotros no podéis ser culpables, y que sólo la ceguedad e ignorancia en que os han tenido hasta el presente los autores de vuestros crímenes, han podido induciros a ellos. No temáis la espada que viene a vengaros y a cortar los lazos ignominiosos con que os ligan a su suerte vuestros verdugos. Contad con una inmunidad absoluta en vuestro honor, vida y propiedades; el solo título de americanos será vuestra garantía y salvaguardia. Nuestras armas han venido a protegeros, y no se emplearán jamás contra uno solo de nuestros hermanos.

Esta amnistía se extiende hasta a los mismos traidores que más recientemente hayan cometido actos de felonía; y será tan religiosamente cumplida, que ninguna razón, causa, o pretexto será suficiente para obligarnos a quebrantar nuestra oferta, por grandes y extraordinarios que sean los motivos que nos deis para excitar nuestra animadversión. Españoles y canarios, contad con la muerte, aún siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de América. Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables.

 

 

Cuartel General de Trujillo, 15 de junio de 1813

Simón Bolivar.

Pedro Briceño Méndez, Secretario

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Textos consultados:

Gil Marín, J. (2009). Codex Canariensis. Cultivalibros

Primer Congreso del MPAIAC, septiembre 1979

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