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¡Ahul!

Es por ese paso del testigo, por esa lucha en defensa del canario y de Canarias que no desfallece, por lo que nos congratulamos, y desbordamos ilusión y alegría de sabernos reconocidos, vistos y visibilizados; a la vez que defendidos y difundidos; y para reconocernos y homenajearnos, nos saludamos hoy en la lengua amazigh”

¡Qué alegría me da ver en las redes sociales y en los periódicos o panfletos escritos en  papel, una latente insurrección canaria! ¡Cuánta energía moviéndose por nuestra tierra desde todos los lugares, y a la vez! 

Manifiestos y manifestaciones y denuncias argumentadas con verdades, con pruebas que las sostienen. ¡Cuánto trabajo de campo! ¡Cuánto amor! ¡Cuánta defensa sin mercantilismo ni negocios que enturbien la lucha por la causa justa!

La savia del drago, untada en los  nuevos cuerpos  guanches, corre ya por las venas de jóvenes alzados que se erigen en baluartes de la identidad canaria junto a sus maestros, no tan jóvenes,  que un día, quizá desde que estos eran chicos, les explicaron muy bien que nosotros no hablábamos mal, aunque alguna vez se lo hubiese recriminado y aseverado,  algún maestro acomplejado de ser canario, o algún otro maestro orgulloso de no serlo; nuestros jóvenes luchadores canarios defienden ahora a los maestros que sí han defendido nuestro habla y nuestras costumbres toda su vida en nuestra escuela pública, y que son hoy desplazados ante los oídos sordos o las mentes inconscientes de  nuestros políticos y sindicatos, quedándonos todos   in albis, “a dos velas”, y con cara de estupefacción, al percatarnos de que los canarios no tenemos quién nos defienda.

Y no solo en Educación, que es el tema candente por la que se nos viene encima en estos temidos nombramientos, en los que muchos compañeros se verán abocados al paro, sufriendo este nudo gordiano de la pobreza estructural en Canarias, que ni desde los foros intelectuales se resuelve por falta de análisis y reflexión o por falta de interés… o por todas estas variables y algunas más de las que no quiero acordarme.

También nuestro medio ambiente está asolado por los canarios inconscientes que, o hacen mal uso de su poder, o no lo ejercen, mirando para otro lado, una vez que las barrigas estén agradecidas, o, que hacen y deshacen a su antojo y a los que aplaudimos como  tristes leones marinos, cada vez que uno de los nuestros consigue un trabajo en esos insostenibles paraísos ficticios, creados a costa de arrasar nuestros yacimientos y endemismos; a cambio de un sueldo mínimo por el que debemos abandonar a nuestras familias, para poder darles de comer; y en esos lares ofrecidos al becerro de oro, ser testigos de ver cómo echan la basura a nuestro mar, y cómo la disimulan; o de cómo arrasan con nuestro territorio para ganar dinero que no quedará aquí. Que no enriquecerá nuestra expoliada tierra.

Nuestros ancestros, nuestros alzados guanches, lucharon por mantener sus menceyatos y su cultura; y, aunque las armas los sometieron,  nos dejaron un legado que defender con rebeldía, heredamos su amor propio; pero también un trauma epigenético: ser sometidos; un dolor que ya es hora de sanar a través de nosotros, de nuestros hijos, y si no nos da tiempo, a través de nuestros nietos. 

Me quito el sombrero ante estos nuevos alzados de la tierra canaria, ya llena de sincretismos y de mezcolanzas, que se manifiestan con la cara descubierta, sin miedo, sin vergüenza; ante estos aguerridos valientes que claman todos a una con la bandera de nuestras estrellas verdes y que están logrando cambiar nuestro jardín de las Hespérides.

Unos escriben literatura canaria, que no es otra cosa que la literatura que nos representa, y que, aunque denostada por los propios canarios, hay que defenderla y amarla como a nuestra tierra; otros cantan con sus voces e interpretan con su música letras que nos definen y nos defienden; que al tiempo que nos sirven de arengas jaculatorias, nos calman, y nos recuerdan que esta lucha no es nueva, que ya Cairasco de Figueroa dejó un mito fundacional de la literatura canaria como es la Selva de Doramas… como denuncia constante al terrible paso de la humanidad por la naturaleza. Y que por conocer nuestra historia, no debemos repetirla, ¡paremos de una vez la sinrazón!

Ya la Nueva Canción canaria denunció lo que sigue haciendo daño hoy; cantan proclamas para pasar a la acción y abrir los ojos a la población; ponen música a obras literarias o defienden nuestra agricultura; también nos empoderan los grupos folclóricos de todos los rincones de nuestras islas y todos aquellos intérpretes, que no nombro pero que están en nuestra memoria colectiva, que han mantenido viva la llama de nuestra identidad, y alimentado el amor por nuestras tradiciones, por nuestra cultura;  como lo hacen las fundaciones canarias que defienden nuestro patrimonio y lo publican;  y las instituciones, y todos los grupos de canarios que se preocupan y ocupan, en mantener nuestro vocabulario, nuestros canarismos, nuestras tradiciones, contra todo imperialismo cultural; así como los medios de difusión que se atreven a publicar estas verdades incómodas que muchas veces, no se solucionan por no nombrarlas, pues lo que no se nombra, no existe. 

Y es por esta toma de conciencia de las nuevas generaciones del estado de la nación canaria, del país canario; es por ese paso del testigo, por esa lucha en defensa del canario y de Canarias que no desfallece, por lo que nos congratulamos, y desbordamos ilusión y alegría de sabernos reconocidos, vistos y visibilizados; a la vez que defendidos y difundidos; y para reconocernos y homenajearnos, nos saludamos hoy en la lengua amazigh.

¡Ahul!, gritamos con el bucio en la mano a nuestros herederos de la tierra canaria, a los que felicitamos por su lucha consciente y constante, por nombrar lo canario desde la sencillez, desde lo cotidiano… ¿qué mejor defensa que la que hacen nuestros reivindicativos grupos de teatro, o nuestros humoristas canarios, que nos hacen reír mientras reconocemos la tragedia diaria de nuestras queridas islas? Justicia social a través de una cultura canaria comprometida.

El chiste más reciente que escuché a una simpática humorista canaria fue este:

– ¿Qué hacen cuando  llegan ¨los que ni conocen ni aman nuestra tierra sino solo se sirven de ella¨ a un guachiche ? – Lo compran. 

No hay que irse fuera para denunciar esta realidad amarga como la hiel, solo con mirar las acciones de los gestores canarios puedes discernir entre los que lo comprarían y quienes lo disfrutarían, el guachinche. 

El canario, no pisa las dunas de Maspalomas ni grafitea los yacimientos guanches; el canario no destruye nuestros paisajes porque ser canario tiene que ver con respetar y amar nuestra cultura y nuestro territorio para mantenerlo y preservarlo para nuestros hijos en una sucesión infinita de acciones de cuidado y de la transmisión generacional de estos valores; el canario tiene verdadero amor al terruño; el canario mantiene con las islas y con su cultura una relación de amor sana, las quiere, ergo las respeta.

Fue un chiste impactante que me dio las pinceladas de esta juventud alzada que cuenta lo que analiza y lo que reflexiona, y que nos lo lanza con la esperanza de que lo cojamos, el chiste; no para reírnos, lo que se supone es su intención, no para llorar, que es la emoción a la que nos lleva; sino para que hagamos algo, que siempre se puede hacer, aunque sea volverlo a contar, para seguir despertando conciencias; más que sea para que nos duela la barriga al recordar a nuestros mayores sentenciando que la tierra no se vende; al recordar los murales en nuestras calles con niños preguntando si el cemento se come; al rapear el mantra que abandera este movimiento insurgente al son de nuestros bucios ¡Canarias no se vende!; al escuchar al valiente cantante palmero que lo denunciaba en sus canciones y apelaba a que Canarias despertara; al leer al poeta que mandaba a los destructores de la paz canaria a hacer la maleta, y nos decía que la nuestra la dejáramos quieta.

Vaya toda mi ovación y mi homenaje a esta humorista, joven alzada, que explicó en este mínimo diálogo, el dolor que atraviesa a las Islas. 

Recurro al personaje literario de Robin Hood y aliento con su lema “Alzaos una y otra vez hasta que los corderos se conviertan en leones”  a esta ola, a este movimiento inspirador  que a modo de micelio, une el ánimo de las ocho islas para  levantarse y desprenderse del yugo de egoísmos y avaricias egoístas que las somete

Quiero dar mi enhorabuena a los pocos gestores de la cosa pública que andan metidos hasta el cuello en defender la soberanía alimentaria en nuestro terruño y quiero animar a que haya una vuelta a trabajar las tierras; a que las huertas sigan siendo propiedad de las familias, para que como el amor por ellas y el conocimiento de su cuidado, sigan pasando en heredad de padres a hijos canarios para que no nos falte el gofio. 

¡Qué bueno que haya alzados guanches trabajando la tierra, para poseerla, para que dé frutos, para volver a convertir a Canarias en un “vergel de belleza sin par”!

¡Todavía hay esperanza! decía mi abuela, cada vez que veía a los jóvenes arremangarse y enfrentarse a la vida, y ayudar al que lo necesitase;  ella, ante la visión de las posibilidades y alternativas para mejorar la vida de toda la comunidad canaria, no la de unos pocos que ostentan ya la riqueza, no la de los que acumulan y se hacen con nuestro patrimonio tangible y lo convierten en un esperpento; no la de los que vienen a nuestra casa, se hacen con ella y nos obligan a hablar su lengua como contaba un periódico canario estos días, en los que la propietaria de un inmueble en Canarias se ve obligada a llevar un traductor a las reuniones de su comunidad por ser la única canaria; no por todos estos despropósitos a los que nos ha llevado la ambición particular; sino para mejorar la vida la de los que nunca podrán mejorarla si no cambiamos el modelo; debemos ocuparnos hoy para que nuestros hijos puedan decir: ¡Qué suerte vivir aquí!; porque protegemos nuestro patrimonio tangible y el intangible también, que es el momento de dar el golpe a la lapa para asegurarnos el sustento; tenemos maestros canarios para que enseñen el habla canaria con respeto, la historia canaria con orgullo y la multiculturalidad canaria como un regalo; mi abuela animaría  a esta legión de insurrectos que tienen el conocimiento científico para la sostenibilidad, para la autonomía alimentaria, para la gestión de los recursos y el conocimiento histórico y lingüístico para fundamentarnos y valorarnos; y que tiene el amor por los paisajes de su tierra y la fuerza vital para defenderlos, para que seamos agricultores conscientes de que tenemos que cuidar la tierra que nos alimenta el cuerpo y el alma, con sus frutos y con sus paisajes, a continuar en la acción con una pregunta retórica, traída del refranero tradicional, y que nos recuerda que somos los dueños de nuestro destino: 

– ¿Y teniendo salvia en tu huerto, te dejas caer muerto?

 

Aregoma

Fotos de la cabecera y del texto: archivo de El País Canario. 

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