Chaxiraxi, el sincretismo mariano en Tenerife. Cuevas de culto (y II)
En la primera parte del artículo destacamos los cultos a la estrella Chaxiraxi y su vínculo con la matrilinealidad entre los guanches y el posterior sincretismo religioso mariano de la Candelaria introducido por los monjes cristianos a partir del siglo XIV, sincronizado en un mismo calendario. Ahora nos centraremos en los primeros lugares de culto (cuevas) previamente sagrados para los guanches.
Si para los egipcios la estrella Sirio se relacionaba con el inicio del año en verano, cuando aparece al alba, siendo considerada como la señora del inicio del año, quien inunda el Nilo en el momento adecuado, para los bereberes norteafricanos y los guanches, la estrella Canopo cumplía el mismo significado, siendo la madre de la fertilidad cuya aparición matutina indicaba la llegada del período de lluvias.
Chaxiraxi, el sincretismo mariano en Tenerife. Cuevas de culto (I)
Entre los guanches, la naturaleza femenina fue la base de su cosmovisión; era habitual peregrinar a la orilla del mar, hacia los lugares que entendían como sagrados, incluyendo aquellos sitios donde supuestamente aparecieron imágenes de vírgenes, encendiendo hogueras en diferentes momentos temporales como parte de una práctica ancestral de culto. Algunos de estos lugares eran las playas de Chimisay, la playa del Porís de Abona y la Caleta de la Enramada, en Adeje.
Tanto en la playa de Abona como en la de Candelaria, «se halla por la orilla de la mar gran cantidad de gotas de cera que de las procesiones que los ángeles hacen en honra de la Candelaria gotean, y yo doy fe que las he hallado y visto, y las tengo en mi poder, y oido a otros muchos lo propio» (Alonso de Espinosa, [1594]1967).
La Virgen de la Candelaria aparecida en el Porís de Abona se cobijó en la zona de los Picachos, unas rocas puntiagudas que están en la orilla junto al mar. Esto hace presumir que el verdadero emplazamiento de la Cueva de la Virgen se encontraba en las cuevas de toba que habían en la actual población de El Porís de Abona, en la desembocadura del barranco de los Eres del Puerto. Como lugar para la aparición de una imagen de la virgen debía buscarse una zona que tuviera una importancia notable y la proximidad a la residencia del Mencey de Abona sería el aspecto determinante. No se ha valorado adecuadamente, quizás por su reciente transcripción, el texto de Quesada donde menciona «Arico (…) esta la celebre plaia dicha de Abona porque cerca de la qual estava el Palacio del Rey de su nombre». Esta cueva se encontraba muy cerca de una data concedida a Fernando Guanarteme en la que se menciona «un bar[r]anco de las moradas [del que fue] rey de Abona, e lindan con un malpaís», que podría tratarse tanto del malpaís de la punta de Abona como del malpaís junto a la montaña de Magua. (Mederos Martín y Escribano Cobo, 2016: 25 y 33).
Muy pronto, hacia 1514, se construye la ermita de Nuestra Señora de las Mercedes, cuya advocación coincide con el equinoccio de otoño. Curiosamente, desde su ubicación se puede observar cómo el sol, en ese día, se oculta por lo alto de la montaña de La Centinela y, en el solsticio de verano, nuevamente el sol desaparece por otra elevación emblemática como es la montaña de Guajara.
La cueva de Achbinico o San Blas se encuentra bajo el acantilado de Candelaria, en la misma orilla del mar. Se orienta al naciente y tiene unas dimensiones de 14 m de largo por 6 m de ancho y de entre 3 y 6 m de altura. Fue habitada por la población guanche antes de albergar la imagen de la Virgen de Candelaria y ser una ermita cristiana. Los sondeos arqueológicos realizados en la cueva han puesto al descubierto estratigrafías con presencia de actividad durante el período indígena, especialmente varias áreas de combustión y vestigios materiales de moluscos, industria lítica, cerámica y madera de pino.
Desde la cueva, en el mismo frente, en días de atmósfera limpia, se puede observar la isla de Gran Canaria y, en concreto, la destacada montaña de Gáldar o La Atalaya. Precisamente, el sol surge por dicha montaña cada 2 de febrero, día de la Candelaria, coincidiendo con el orto acrónico de la estrella Canopo, «la qual devoción ha quedado i está viva el día de hoi en todos los Naturales, a quien los Españoles llaman «Guanchas», i la adoran tanto como al mesmo Dios, haciéndole cada año, el día de la Candelaria, gran fiesta, en la qual cantan i vailan i hacen otras muchas cosas de mui gran regocijo i fiesta» (González de Mendoza, 1585).
En la Caleta de la Enramada (Adeje) sucede algo similar. Aprovechando la concentración de indígenas y la ejecución de cultos religiosos, los monjes católicos dejaron en la playa la imagen de una virgen con niño, según la tradición aparecida en el cejo del Humilladero, para crear una nueva advocación en el tránsito de la centuria XV a la XVI. En este sentido, Marín de Cubas (1687) afirma que la presencia de religiosos mallorquines en la Caleta de Adeje data de 1347. Los clérigos usaron un sistema práctico que consistía en destruir las creencias indígenas, transformando sus lugares sagrados en templos cristianos, sustituyendo los cultos guanches por imágenes de vírgenes y santos.
Su carácter antiguo no solo lo señala la pervivencia del topónimo de Ramada, sino porque junto a la cueva Enramada, como se llamaba a fines del siglo XIX, existía el topónimo de El Bailadero (Béthencourt Alfonso, 1911). Esta cueva parece ser la cueva o abrigo natural de toba del Humilladero, encima de la cual hay una explanada sobre las tobas donde se localiza cerámica aborigen (Mederos Martín y Escribano Cobo, 2016). La Cueva del Humilladero se encuentra a una distancia de 500 m del mar y a 33 m de altitud.
Otro aspecto notable que está vinculado con la aparición de una Virgen de Candelaria o de la Luz es la presencia en la caleta de Adeje de ámbar gris, que se confundía con la cera con la que se elaboraban velas que se ofrecían a la Virgen. Esta presencia en la playa la trataba de racionalizar Marín de Cubas sugiriendo que realmente era importada de la costa africana e introducida de contrabando en la isla poco después de la conquista, «por el tiempo de la fiesta de Nuestra Señora daban los naturales de la sera que tenian escondida, sin darla a nadie, la ponian en la plaia i se hacian desentendidos, traianla de Tagaos en panes i labrada su forma a modo de codales cortos i gruezos, el pavilo de algodón i cañamo mui fino, el color de la sera no es blanco ni amarillo, alguna hubo teñida de verde: hasta el año que murio Alonso de Lugo [1525] la traian de noche por la plaias de el Sur Adexe i la de Icod». Esta información se supo porque «lo dixeron los moros de Tagaos» (Marín de Cubas, 1687, en Mederos Martín y Escribano Cobo, 2016).
En un momento no precisado del siglo XVI se localizó una imagen de Candelaria en la caleta de Adeje, pero según otras versiones, la presencia de la imagen precedió a la conquista, lo que hace pensar que existía un culto previo a una divinidad femenina aborigen en ese lugar (Mederos Martín y Escribano Cobo, 2016).
Aquí se oficiaban diferentes celebraciones guanches en verano coincidiendo con el solsticio, momento en que el sol surgía por el Roque de Imoque. Según Bethencourt Alfonso, en Imoque se emplazaba un importante templo guanche que, en ciertos días solemnes o con motivo de calamidades, se congregaban para implorar piedad en las altas montañas. Precisamente, en la base existe un conjunto de canales y cazoletas, así como una cueva con cazoletas.
El otro momento ceremonial se producía el 15 de agosto (Beñesmer), justo cuando el sol ascendía por el Roque de Ahiyo o del Conde. Se vuelve a repetir la misma celebración religiosa establecida por la posición del sol sobre una referencia topográfica destacada.
El conjunto de cuevas de Chinguaro (Güimar), situado a unos 185 de altitud, forma parte de una tradición histórica muy vinculada a la morada principal de la jefatura del menceyato de Güimar y a la residencia de la Virgen de Candelaria como santuario indígena.
Fray J. de Abreu Galindo (s. XVI) anota que llegaron con la imagen a la cueva, que era el auchón del rey, a media legua de donde apareció, en un barranco que llaman Chinguaro, donde en un canto de la cueva, sobre unas pieles de cabras, le hicieron su estancia.
Bethencourt Alfonso (1911) remite a ciertas costumbres y nombres que aún estaban en la memoria de los ancianos, a finales del siglo XIX. Entre los datos que aporta destaca la voz samaras o samarines (clase sacerdotal). Entre el inventario que presenta de cuevas con esta denominación, se encuentran el Samarín de Chinguaro y la Cueva Santa de Chinguaro.
Pues bien, sobre las cuevas existe un conjunto de canales y cazoletas bastante deteriorado por el paso del tiempo, sorprendentemente no inventariado, que nos remite a antiguos rituales que aquí se realizaban mucho antes de llegar la Virgen de Candelaria. Por eso, no es nada casual que desde el auchón de Chinguaro, cada vez que llega el Beñesmer, el sol se ocultara por el destacado Pico Añeja o de Cho Marcial, citado por Bethencourt Alfonso por ubicarse allí una cueva de samarines. En el mismo lugar, también se conserva el topónimo de Degollada de los Guanches.
Por último, nos desplazamos hacia un lugar en El Tablero (El Rosario) para descubrir una advocación mariana a Santa Catalina en una cueva que fue emplazamiento de culto guanche y cuyo techo sufrió un derrumbe importante. Se localiza a 410 m.s.n.m. frente a la Montaña de Jagua. Allí se colocó una imagen de la Virgen, pero lo más llamativo y que nos conduce al mundo guanche son los restos de canales y cúpulas en la toba roja y media docena de grabados rupestres cruciformes-antropomorfos. Algunas de estas cruces podrían ser históricas, pero otras están ejecutadas con la técnica indígena del picado.
El entorno más próximo a Jagua fue habitado por los guanches en diferentes cuevas, la existencia de conjuntos de canales y cazoletas, grabados rupestres y cuevas funerarias, destacando la excavada y estudiada por Luis Diego Cuscoy en 1956.
Los caminos del sol tienen aquí otra parada importante; esta vez, coincidiendo con el 2 de febrero, momento en que el sol se oculta por el destacado Topo de Amarnia. Se repiten siempre las mismas fechas marianas.
Bethencourt Alfonso es concluyente al apuntar un dato relevante que nos ayuda a entender todo el sincretismo religioso con la llegada de la cultura cristiana a la Isla: «En todos los reinos tenían señalados estos diferentes lugares para las distintas épocas del año, que nos hacen pensar que si estarían en relación con los cambios del sol». Marín y Cubas (1687), referido a los aborígenes de Gran Canaria, refuerza la idea y la liturgia cuando afirma que hacían muchas lumbres y hogueras y parece que adoraban al fuego, al sol y algunas estrellas.
Las dos fechas más relevantes del culto a Chaxiraxi y a Candelaria “coincidían” el 15 de agosto (momento del orto heliaco de la estrella Canopo en el horizonte después de cuatro meses oculta, el Beñesmer, y la Asunción de la Virgen María) y el 2 de febrero (día del orto vespertino de la estrella Canopo y la Presentación de la Virgen María, día de la Candelaria).
«Cuéntase que en las grandes festividades de la diosa, como el 15 de agosto, por la noche iluminaban con centenares de hogueras los montes circundantes del valle [candelaria] y que acudían los ranchos de romeros con hojas de viñátigo, cantando, tocando y lanzando ajijides». (Bethencourt Alfonso, 1911). Esta celebración duraba hasta el amanecer, hasta la aparición por vez primera de la estrella madre Chaxiraxi en el horizonte, después de cuatro meses oculta.
El día de la Candelaria no fue una celebración espontánea católica en Tenerife y, por extensión, en el resto del Archipiélago. Testimonio de ello son algunos fragmentos de textos coetáneos y posteriores a la conquista de Canarias, donde se considera la gran veneración que los guanches tenían a la madre que vino del cielo, cuya versión vernácula se remonta a la «Madre del sol»; esto es, a la estrella Chaxiraxi (Canopo). El fraile franciscano Martín Ignacio de Loyola (155#-1606) pasó por las islas hacia 1580 y estuvo en la fiesta de La Candelaria, confirmando que los guanches la llamaban la madre del sol (Barrios García, 2019).
Agradecimiento: Manu Gorrín Vargas
Miguel A. Martín González
historiador y profesor
Bibliografía
– Abreu Galindo, J. (1977 [1602]): Historia de la conquista de las Siete islas de Canaria. Goya Ediciones
– Barrios García, J. (2019): “Los sistemas astrolátricos de Tenerife, La Gomera y Gran Canaria en los siglos XIV-XV”. Bierehite, nº. 2, pp. 175-218
– Bethencourt Alfonso, J. (1911): Historia del pueblo guanche. Tomo II Manuscrito
– Espinosa, A. ([1594]1967): Historia de Nuestra Señora de Candelaria. Goya Ediciones. Santa Cruz de Tenerife
– Martín González, M. A. (2025): Chaxiraxi. Sincretismo religioso en Canarias. Bilenio
– Mederos Martín, A. y Escribano Cobo, G. (2016): “Prospección arqueológica alrededor del puerto de Abona y atalayas de las montañas de Magua, del Puerto y de la Centinela (Arico, Tenerife, Islas Canarias)”. Anuario de Estudios Atlánticos, nº. 62, pp. 1-37
– Mederos Martín, A. y Escribano Cobo, G. (2016): “Prospección arqueológica de la Caleta de Adeje (Tenerife, Islas Canarias)”. Revista de Historia Canaria, 198, pp. 177-229




