¡Cómo vivimos! ¿Cómo vivimos?

El ser humano constituye desde el punto de vista biológico una especie animal bajo la denominación científica de Homo Sapiens Sapiens, prácticamente se desconoce los alcances y destino de nuestra propia especie. Filosóficamente, el ser humano se ha definido y redefinido de numerosas maneras a través de la historia, otorgándose, a si mismo, de esta manera un propósito positivo o negativo respecto de su propia existencia.

Existen diversas religiones e ideales filosóficos que, de acuerdo a una amplia gama de culturas e ideales individuales, tienen como propósito y función responder algunos de esos interrogantes existenciales que desde los principios de nuestra existencia nos acosan y nos persiguen.

¿Cómo estamos viviendo? Esta es una pregunta amplia, muy amplia y muy difícil de contestar. Es  tan amplia que cabría cualquier cosa como respuesta. Desde el punto de vista  científico el ser humano ha avanzado de una forma espectacular en los últimos cien años con descubrimientos sociales, científicos y sanitarios que hacen que en nuestra vida, tengamos una alta comodidad y facilidad de acceso a los aspectos materiales. Ya no es posible pensar en una sociedad en la que no exista la radio, la televisión, el teléfono móvil, internet, las redes sociales y un largo etc. de “comodidades” que posiblemente nos hagan una existencia física mejor pero… ¿Cómo estamos viviendo? ¿Creen ustedes que el ser humano ha evolucionado? ¿Nos hemos vuelto a redefinir como se dice al principio?

Si nos ponemos a pensar por un momento en cómo vivían aquellos hombres de la prehistoria diríamos que sí, que el ser humano ha evolucionado mucho y que lo que hemos logrado es impresionante, que regimos el mundo conocido y alardeamos de conocer los designios del hombre, sin darnos cuenta, a veces,  de que no conocemos nada y de que muchas veces no somos capaces ni de ver más allá. El ser humano, El Hombre como raza, sigue luchando por lo mismo que por lo que luchaban aquellos hombres prehistóricos: por la comida y la economía, por el entorno familiar y por el territorio. Sin ser esto malo, ¿No podríamos aspirar a algo más?

A la raza humana podríamos entenderla como un conjunto, como el conjunto de seres sociales y socializados que es, cuyos avances no van dirigidos a la persona en concreto, sino al conjunto de personas que integra esta gran organización llamada sociedad.

Puede haber personas que piensen que hemos avanzado socialmente, y por consiguiente evolucionado, quizá porque hemos conseguido que las personas tengamos derechos, los unos con respecto a los otros, así como deberes. Pero es que realmente esos derechos y deberes no nacen de una forma espontánea y de forma individual, si no fuéramos seres sociales esos avances quizá no existirían porque no nacen del ser humano como individuo  sino del conjunto social del que somos integrantes todos y cada uno de nosotros.

Nos vemos “condenados” a vivir  en sociedad, no nos queda de otra, y es esta sociedad, ahora globalizada, la que nos dice el cómo de las cosas, la que nos da y nos quita derechos, privilegios y deberes; y en definitiva es la que va evolucionando por nosotros y para nosotros.

Creo que las personas de forma individual no sabemos evolucionar a no ser que nos dejemos llevar por la corriente social, el río social por el que circulamos todos, y probablemente sea así nuestra propia naturaleza. Después de tantos miles de años de existencia y convivencia ¿deberíamos estar en otro estado, en otra situación? Deberíamos haber aprendido a saber actuar de una forma autónoma, espontánea y en armonía con la  naturaleza y las personas en todos los aspectos de nuestra vida.

Cuando alguien mata a otra persona está actuando mal, porque le quita el derecho a la vida, y  es la sociedad la que nos dice que está mal, a veces no somos capaces de ver que eso no se hace no porque la sociedad lo vea mal y nos lo diga, sino porque deberíamos albergar en nosotros un sentido innato de respeto por todo lo demás, simple y sencillamente porque es lo natural. Hay avances sociales porque la sociedad es más avanzada que nosotros como personas y ejerce una influencia lo suficientemente importante como para que nos afecte. Sí, si miramos atrás en el tiempo, podemos votar, se hacen leyes para favorecer e integrar a las minorías, leyes que nos dan derechos sociales, laborales y personales pero no nacen de las personas como seres individuales, sino del conjunto social que formamos y llevado por la necesidad de organizarnos y salvaguardar la especie.

¿Cómo deberíamos vivir?  Si las preguntas anteriores eran difíciles de contestar, esta ya deja la respuesta abierta a todo lo que cada uno de nosotros entendemos, queremos y podemos desear en nuestra vida. Yo creo que  deberíamos vivir de una forma más natural y más conectados entre nosotros por valores que ya se han ido perdiendo como el respeto mutuo, el cariño, la amistad, el esfuerzo, etc. Los avances científicos están bien, muy bien, pero somos demasiado manejables e influenciables y nos hacemos rápidamente adictos a lo material. Esos avances científicos hubieran estado mejor si se hubiesen centrado en investigar sobre la salud del ser humano y en cómo dar una gran calidad de vida sana a todos.

Nos hemos olvidado de nosotros mismos como personas, nos hemos abandonado al torrente social y este torrente nos ha arrollado. Hemos abandonado la espiritualidad para acoger y adorar a lo material. Quizá un grado intermedio entre naturaleza y avances científicos hubiera estado bien. 

En definitiva, todo sigue giran en torno al mismo problema existencial que nos invade desde el inicio de todo y que no es otro que el que nos lleva a preguntarnos una y otra vez, de dónde venimos, quienes somos y a dónde vamos, con el problema añadido de que prácticamente no sabemos nada, absolutamente nada ya que todo tiende a ser pura teoría, religión o filosofía, hasta puede, que se nos oculte información por parte de las grandes personalidades y élites mundiales.

Está en nosotros albergar el cambio a un estado más natural, ¿queremos?  O ¿es cómodo vivir como vivimos? Vamos a dejar esta reflexión abierta…

Juan Antonio Gómez Jerez




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