El circuito del motor de Granadilla o el rocambolesco disparate medioambiental que terminaremos pagando de nuestros impuestos

Cinco días antes de las elecciones locales de 2015, en las que Carlos Alonso encabezaba por primera vez la lista de Coalición Canaria al Cabildo de Tenerife, el presidente en funciones no tuvo el más mínimo reparo en presentar un magnífico contrato con promotores italianos que nos iban a “regalar” treinta millones de euros para el circuito de alta velocidad, homologable para Fórmula I, de Atogo en Granadilla, más de un millón de metros cuadrados por los que el Cabildo ha pagado en expropiaciones y demás probablemente cifras superiores a los diez millones de euros a estas alturas de la película. Recuérdese, por ubicarnos un poco, que adelantó dos millones de euros para el hospital del Sur y presumieron de ello lo más grande.

Pocos días después, ya pasado el escollo electoral que perfilaba a Alonso como presidente, salvo sorpresas que no ocurrieron, se supo por un medio de comunicación local que aquella empresa italiana andaba metida en líos por estafa y demás, ante lo que el Cabildo reaccionó asegurando que estaban a tiempo de echarse atrás en el contrato en caso de que se confirmaran las sospechas. Y el caso es que no, que Alonso analizó la cosa y concluyó que el proyecto italiano era “muy solvente”. 

Pues bien, el asunto es que todo aquello se formalizó en papeles, incluso le adjudicaron las obras de la nueva carretera de acceso (condicionante ambiental clave para no congestionar la entrada al Reina Sofía los días de competición), y poco después Alonso se presentó en Atogo con un cartel gigante, casi para que se vea desde los aviones, a fin de poner la primera piedra del circuito que a fecha de hoy, agosto de 2017, habría de estar celebrando competiciones según contrato.

Y justamente ahora, pasado mediados de agosto, nos enteramos que sin más el señor Alonso ha decidido coger las perritas de nuestros impuestos para hacerse cargo de ese desaguisado sin sentido en los tiempos en los que media Europa está poniendo fecha al fin de la era de los motores de combustión, vamos, al rugido que lleva a miles de aficionados a amar más allá de lo razonable una disciplina que llena nuestras carreteras de desgracias irreparables con más frecuencia de lo deseable. En fin, que la lucha sensata hoy en día sería la de no favorecer con fondos públicos el negocio de las fábricas de coches o de motos que ni ellas mismas están hoy en día en esa política y encaminan sus investigaciones no hacia el coche del rugido sino al silencioso movido por electricidad y amigable con el entorno. Vamos, que llegamos con medio siglo de retraso a esta historia, como suele ser habitual en buena parte de nuestros proyectos y anhelos.

Y lo verdaderamente misterioso, ya se los digo yo, es cómo es posible que cuando se suponía que por primera vez en la historia de la institución insular iba a haber un grupo político, o más, dispuestos a llevar a cabo una oposición verdaderamente rigurosa no se oiga ni una sola voz pidiendo cabezas y/o dimisiones a alto nivel, la de Alonso la primera, por semejante desaguisado. Las obras del hospital del sur representan un presupuesto de no más de 10 millones de euros y se han paralizado una y otra vez por disputas económicas que son verdaderas miserias comparado con los 40 millones que va a terminar comprometiendo Alonso de nuestros impuestos para favorecer a la industria del motor que factura muchísimos más millones que el presupuesto del propio Cabildo. Y si quieren hacemos números con las expropiaciones, la carretera que ahora no nombran y el propio circuito, que no digamos nada para homologarlo en su día para una prueba de alto nivel que es el objetivo.

 

Foro Contra la Incineración Tenerife

 

 

Fuente: https://noincineraciontenerife.wordpress.com

 

 

 

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