El miedo es la consecuencia del desconocimiento

Según los datos oficiales del reino de España, el PIB de Canarias en 2016 fue de 42.317 millones de euros, es la tercera economía en crecimiento, con una tasa del 3,2% -la tercera del reino- y unas cifras de paro, según la EPA, del 25,7% de la población activa. Esto es intragable, pero lo normal en una colonia.

Si a esto añadimos las fugas de capitales que se hacen mediante el Impuesto de Sociedades (empresas y monopolios que generan renta en nuestra tierra y tributan fuera de ella por no tener Canarias una fiscalidad propia sino colonial); si la ingente cantidad que sustrae la metrópoli de nuestra tierra en economía de puertos y aeropuertos (los aeropuertos más rentables del reino); si continuamos en materia de turismo (donde aquí se queda lo irrisorio y la parte del león se va fuera); en la rapiña de la pesca en nuestras aguas (por ejemplo el asunto del atún rojo y la prohibición –sobre un derecho histórico- a que negociemos directamente acuerdos pesqueros con Marruecos y otros países); las trabas y oposición a que vertebremos nuestro sector primario… el PIB de Canarias, por todos los conceptos y muchos más que no tengo en cabeza, alcanzaría cifras desorbitadas en beneficio del pueblo canario y en los bienes de nuestra nación.

Si se buscara una forma didáctica de hacerle entender al pueblo canario que de nuestra tierra se llevan más de lo que traen, quizás el miedo a la dependencia económica que, de forma psicológica, el colonialismo ha imbuido en la consciencia de nuestra gente, se desvanecería con más rapidez que han empleado para mentir.

Por otra parte, se conocen las potencialidades de Canarias para explotar en un futuro, tanto en minería marina como en energía climatológica (según estudios de ingenieros extranjeros sólo la Montaña del Fuego le daría energía continua a todo Lanzarote) que, con total seguridad, harán suyas en su momento empresas ajenas a Canarias y nos venderán el uso que hacen, de forma ilegal, con “nuestras” mencionadas materias primas.

Es cierto que nuestro pueblo ignora las riquezas que tiene en su tierra y la cuestión radica en cómo vamos a explicarle esto sin tener una estructura política, articulada y eficiente, integrada en los barrios de Canarias, para hacer esa contra información necesaria para la comprensión.

El eje en el que gira la sensibilidad e identificación de nuestro pueblo de cara al logro de la soberanía nacional, no es sólo en el aspecto etnográfico y simbólico, sino, esencialmente, en el contexto de la economía que es lo que le da seguridad para atreverse.

Se podrá decir que el colonialismo tiene todos los medios para la distorsión de la realidad, pero no es menos cierto que, si se apuesta por esa estructura política cohesinadora de nuestra sociedad, todo es posible ya que existen sectores de la clase media que España los ha empobrecido para favorecer a las multinacionales y que estarían dispuestos a colaborar en un proyecto serio si este se llevara a cabo.

Uno de los escollos que nos ha metido en la parálisis sociológica y la atomización en que nos encontramos, es anteponer el tipo de régimen que queremos, antes de lograr la soberanía nacional: sin soberanía no podremos acceder a los recursos y bienes que tenemos, para después poder vertebrar una sociedad de justicia social, que es a la que a mí me gustaría acceder, pues, ya las etiquetas no me dicen nada y tampoco podemos mimetizar otros regímenes que tienen soberanía porque nosotros carecemos de ella.

Hasta ahora, aunque se continúe diciendo, de forma sentimental, que Canarias es de los canarios, esto no se corresponde con la realidad, pues, somos extranjeros en nuestra tierra y nuestra nación nos la alquila España.

En comentario a un artículo anterior a éste, un señor aportó que “soportamos una carga demográfica de 520 habitantes por Km2, motivo por el que necesitamos una Ley de residencia”, lógica que, desde mi punto de vista, comparto, ya significa una locura e insensatez mantener esta carga demográfica en un territorio fraccionado como el nuestro y el deterioro medioambiental que desencadena. Hablaba este señor sobre la urgencia de una ley del control de la residencia, pero que, con sólo mencionarla, ya lo tildaban racista: parece que los canarios ya no tenemos derecho ni a hablar de lo que nos compete.

Es cierto que la población exógena ya alcanza más del 30%, por lo que, para mi forma de pensar, la ley de residencia es una necesidad imperiosa, puesto que no sólo va en detrimento de los naturales sino también en la de la población colona, ya que la usan los mercaderes capitalistas y la casta caciquil nativa: para abaratar precios, incrementar horas laborales y defraudar a la SS, todo con la evidente competencia que arrebata derechos a los canarios.

Una Ley de regulación de la residencia nunca es racista, comprobadas nuestras singularidades, y sí una imposición colonialista. La Isla de Man, dependiente del Reino Unido, suman 23.000 habitantes en una superficie de 572 Km2 y cuenta con una ley de residencia. Las Islas del Canal, semidependientes del Reino Unido, también cuentan con una ley de residencia como otros tantos territorios del mundo. Canarias, y me circunscribo a Gran Canaria, tiene una superficie de 1560 Km2, y tiene una densidad de población de 845.195 habitantes censados –más los que no están censados– y no contamos con una ley de residencia.

La ley de residencia es una herramienta legal y no xenófoba, reconocida para territorios frágiles. Si que no puedo soslayar, por parte de Alemania y otros tantos países europeos que se jactan de demócratas, que han impedido la entrada a los refugiados, mujeres, viejos y niños que huían de la guerra en Siria, cuando eso sí es una cuestión de supervivencia y no de venir a montarse los bochinches como en Canarias: a eso no sólo se le puede calificar de xenofobia sino de fascismo… para que vengan hipócritamente a esta colonia a tratarnos de racistas por intentar pedir algo que es de justicia. Recuerdo que, hace años, Alemania también quiso aprobar una ley de residencia siendo el país con más dimensión geográfica de la UE y con más recursos. ¡Qué clase de democracia nos quieren demostrar si Canarias es su prostíbulo!!

Isidro Santana León

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