El precio de nuestras emociones

Las nuevas tendencias realizan un ejercicio de gran magnitud psicosociológica en una sociedad descontrolada por la compra con el objetivo fundamental de transmitir numerosos mensajes publicitarios en diferentes medios de comunicación tanto a nivel nacional como internacional.

En ocasiones, renovamos temporalmente nuestros armarios, sustituimos nuestros dispositivos móviles operativos por modelos nuevos, compramos productos anunciados por personajes famosos, etc. Esta seducción basada en el marketing produce un fenómeno que nos aferran a cosas que deberíamos tener de forma inmediata, generalmente, para satisfacer nuestras carencias afectivas. 

El subconsciente humano nos demanda apresuradamente que los huecos generados por nuestros vacíos emocionales tiendan a ser llenados por una necesidad determinada, evitando el grado de afectación en nuestra autoestima. Estos huecos emocionales pueden desarrollar una dependencia emocional por la búsqueda de elementos mediante el consumo. El afán materialista controla las emociones reprimidas con un estado de sensación que permite calmar la presión interior aportando un sentimiento de felicidad temporal.

El sociólogo Zygmunt Bauman atribuía como característica prominente, que nuestra escondida sociedad de consumidores tiene la capacidad de transformar a los consumidores en productos consumibles. En este sentido, surge un cambio en el modelo tradicional respecto al modelo actual en nuestra sociedad de consumo. El modelo tradicional ofrecía únicamente la adquisición del objeto basado en la exclusiva necesidad, mientras el modelo actual está centrado en máquinas de felicidad humana.

¿Comprar determinados productos nos convierten en personas felices?

Las personas vivimos momentos únicos cuando adquirimos compras deseadas durante ansiados años de esperas, por ejemplo: la compra de nuestra vivienda. Posiblemente, seamos personas felices una vez que nos hacemos con nuestros deseos, pero abarca un estado emocionalmente momentáneo. En realidad, ese estado irá descendiendo paulatinamente hasta regresar al mismo estado de ánimo que tenías al principio, denominado adaptación hedónica.

El hedonismo es una doctrina filosófica que establece como único objetivo la búsqueda del placer en la vida de los seres humanos. Este factor de naturaleza humana manifiesta una falta de adaptación inmediata cuando observamos una cosa que hemos obtenido, con largas esperas temporales, en algo tan normal.No transmite felicidad porque ha perdido el valor inicial deseado.

Por lo tanto, la felicidad humana no depende de lo material porque las personas siempre estarán pendientes de la obtención de objetos que necesitarán en cualquier momento de sus vidas. 

Sin embargo, hay personas que por aficiones, gustos o preferencias deciden comprar por encima de sus posibilidades económicas.Aunque, cuenten con elementos básicos para poder cubrir suficientemente dicha necesidad. Es posible que el entusiasmo se transforme en una desolación cuando se aproxime a los números rojos y reflexione sobre el mal uso de su compra, aquí aparece el arrepentimiento.

El arrepentimiento aparece cuando las emociones descienden precipitadamente hasta dirigirnos a la realidad, conocida como las garras del consumismo. Constantemente, erramos en las decisiones de nuestras compras, por ejemplo: alguna vez hemos pagado sin razonar una cantidad de dinero poco necesaria porque nos hacían sentir un alivio emocional.

También, existen otros factores de carácter financiero y no financiero que se encargan de dificultarnos una felicidad vinculada a la compra de un determinado producto. El destacable problema de carácter financiero son los endeudamientos emocionales y surgen por comprar en exceso. No obstante, una situación cubierta por deudas nos puede ocasionar estrés, depresiones, discusiones e incluso la muerte, estos problemas son de índole no financiero.  

Entonces, ¿qué sentido tiene pagar durante meses o años un sentimiento momentáneo de felicidad?

El cantautor guatemalteco Ricardo Arjona dice lo siguiente: “lo que tengo es tanto que vale un millón”. ¡Maravillosa canción!, pero conviene subrayar que las personas somos seres insatisfechos. La insatisfacción nos impulsa a una adicción consumista en la que se ve involucrada nuestra sociedad a comprar hasta endeudarnos cada día más y dejándonos adscritos al sistema económico de sometimiento voluntario.

Echedey Sánchez Bonilla




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