El reto

Desde el sillón que tengo en mi balcón lagunero te puedo contar cómo es el mundo. Ya no es lo mismo el aire, a veces se huele y otras se respira. No es veneno del bueno; es una fea toxina que recubre el planeta y te chispa los ojos, te reseca la garganta, lima por dentro los pechos y nos vence a todos.

Desde mi balcón lagunero se leen auténticas obras de arte en las paredes. Se oye alguna vez una manifestación y las invitaciones a unirte. Pasa tantas veces que ya conozco, por sus caras, las simpatías políticas de enfrente.

Desde mi balcón lagunero puedes ver el mundo completo. Estás a un paso del triste mimo, conectado con un guitarrista o puedes ser tú mismo una estatua humana de nuevo. Parece que aquí se regala el tiempo, como si fuera gratis. Como si lo peor fuese ponerle precio adrede. Pero, sin embargo, cada día algo se aprende.

No te cueste creerlo; yo, de verdad espero que -allí donde estés- también puedas verlo. Sé que, de todas las partes del mundo, cualquier persona puede hacerlo. Sé que desde cualquier lugar podría ver lo mismo que desde mi balcón lagunero. Por eso, aunque mi Laguna esté seca -sufriendo un largo verano-, sigue siendo La Laguna de mis sueños y, desde aquí, Canarias me vale como universo.

Si ahora estás tentado de decirme que mi casa no tiene balcón, y quieres venderme otros lugares; te confirmo que mis estrellas no son de mar, sino que están en el cielo y son reales, sin ser de realeza alguna o tener otro dueño que no sea nuestro propio Pueblo.

Te reto: ¡Asómate, y baja a verlo!

Dedicado a la Coordinadora 22 de Octubre

Pedro M. González Cánovas




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