Historia: los canarios en Cuba y Puerto Rico en 1898

El pasado 10 de diciembre se cumplía 118 cuando España vendió a los Estados Unidos a Cuba, Puerto Rico, la isla de Guam en el archipiélago de las Mariana o Ladrones y Filipinas por un importe de 20 millones de dólares, acuerdo firmado en París el 10 de diciembre de 1898 y que fue firmado por la Reina Regente (María Cristina de Habsburgo-Lorena) el 1º de marzo de aquel mismo año, en nombre de su hijo, menor de edad, Alfonso XIII , la situación tanto de los canarios como los naturales de las islas Baleares residentes tanto en Cuba y Puerto Rico mayormente, quedaron en una situación confusa.

Hay que tener en cuenta que según el Tratado de París en su artículo IX, se refirieron a los súbditos españoles, naturales de la Península, que residían en los territorios vendidos, lo que dio lugar a una serie de intercambios y consultas entre diversas autoridades españoles y estadounidenses.

Así en el citado Tratado, que tal como fue redactado se desprende que el mismo fue escrito por las autoridades estadounidenses y acatado sin más por las autoridades españolas, dispuestas como estaban a cobrar a toda costa, el producto de su venta, lo que permitió cubrir, en parte, el descubierto de la balanza de pagos,.así el artículo IX del mismo, comienza diciendo:

Artículo IX Los súbditos españoles, naturales de la Península, residentes en el territorio cuya soberanía España renuncia o cede por el presente tratado, podrán permanecer en dicho territorio o marcharse de él, conservando en uno u otro caso todos sus derechos de propiedad, con inclusión del derecho de vender o disponer de tal propiedad o de sus productos; y….

Como consecuencia y a tenor de cuanto se estipula en el artículo IX – que transcribimos en parte-, el gobernador militar de Cuba, el general John R. Brooke, emite un decreto el 11 de julio en el que decía sobre el acto de declarar la nacionalidad, que la Secretaría de Estado y Gobernación de la isla “se había visto en la necesidad de negar la inscripción” en el Registro a los nacidos en las Baleares y Canarias que la habían solicitado en aquellas oficinas. Igual problema surgió en Puerto Rico.

Los españoles que querían optar a mantener su ciudadanía de origen tuvieron que hacer una declaración optando a la misma o optando por la ciudadanía norteamericana, y los impresos o boletas utilizadas en las certificaciones presentaban cuatro modalidades distintas: tres de ellas para uso de los mayores de edad y la restantes para la declaración de menores de edad.

Para los canarios su situación, mayormente, en Cuba y Puerto Rico, les causó una sensación de inseguridad jurídica al no ser naturales de la península ( en las boletas facilitadas para solicitar la nacionalidad española decía “península española”) , pues la tierra que pisaba y a la que habían emigrado había dejado de ser un terreno firme, el piso se les había movido, y se les abrían un futuro incierto.

Aquellos canarios que optaron por seguir manteniendo la nacionalidad española, se dirigieron a las autoridades consulares para solicitar la misma, y al no ser naturales de la península española, dio lugar, como decimos al principio, a efectuar diversas consultas con las autoridades estadounidenses, optando estas al final por autorizar las inscripciones de españoles no nacidos en la península española..

A tal fin, y para no contravenir a lo estipulado en el Tratado de Paz de 1898, se utilizó el subterfugio de puentear el mismo, así conocemos, como ejemplo (ver documento), el caso del gomero Miguel Negrín de 55 años, su esposa y tres hijos, en que al solicitar la nacionalidad española y al formalizar el impreso o boleta de la Declaración de Nacionalidad ante las autoridades consulares en Puerto Rico, leemos…”…natural.de Gomera, Provincia de Canarias, en la Península Española, que su profesión es de Marinero…”, declaración firmada por el declarante Miguel Negrín, en San Juan el 21 de marzo de 1900, como testigo el Juez Municipal y el Secretario de la Corte Municipal. Desconocemos si en verdad, tanto el testigo como el Juez y el Secretario firmantes, sabrían que la Gomera no estaba en la Península Española…Lo que si sabían los que confeccionaron las boletas de inscripción, es que la Península era compartida con Portugal.

La derrota de España ante la emergente potencia de los Estados Unidos -la llamada Guerra Hispano-Norteamericana de 1898- marcó el final de la presencia española en América y el Pacífico, y en la que España estaba ya sumida en una profunda crisis económica- estaba en quiebra- ya que en 1900 la deuda pública en España era del 123,6%- del PIB, entre otros factores, de hacer frente a las guerras de independencia en sus colonias de América y Oceanía.

Las apetencias territoriales de los Estados Unidos se enmarcaban en la idea de desposeer al Reino de España de todas sus posesiones, de ahí que no figurasen en el Tratado, tanto las islas Baleares, adyacentes a la Península Española, y las restante posesiones en África, como el Archipiélago Canario, Ceuta y Melilla, etc. que poseía el Reino de España. Como datos a tener en cuenta diremos que en 1900 la población de los Estados Unidos ascendía a.76.212.168, España 18.830.649 y Canarias 364.408.

Los planes bélicos de los estadounidenses se remontan en aquella época a 1895 y en 1896 se emitió un informe sobre un ataque contra el territorio peninsular español que desistieron de llevar a cabo por lo arriesgado y caro, por lo que traspasaron los planes en atacar el Archipiélago Canario, más vulnerable y factible, pero también desistieron, ya que no contaron con el beneplácito de Francia e Inglaterra, aquella por su influencia y presencia en el norte y occidente de África y la segunda ya que contaba de facto con la soberanía económica de las Islas Canarias y experiencia en el manejo de los dos principales puertos canarios para el suministro de su flota, tanto de guerra como su importante marina mercante.

La invasión del Archipiélago cobró tintes de realidad y el pánico hizo presa de la población canaria, así el 4 de abril de 1898 las autoridades españolas tuvieron conocimiento de la salida desde Inglaterra de los cruceros estadounidenses “Amazonas”(?) y “San Francisco” y que sospechaban que se dirigían a Canarias, por lo que la Comandancia de Marina en Santa Cruz de Tenerife trasladó el muy ridículo cañonero “Eulalia” a ocho millas al norte de la isla para vigilar la posible presencia de tales navíos.. Ya por aquellos años, la flota naval estadounidense era muy superior a la armada española, tanto en modernidad como en tonelaje y el “Eulalia” frente a uno solo de los cruceros no podía hacer otra cosa sino rendirse.

Rafael Delgado Perera

Diciembre 2016

Bibliografía:

-Márquez Quevedo, Javier- Identidad Nacional y Conflicto- Canarios en Cuba al final de la colonización española de la isla (1898)- Anuario americanista europeo núm. 4-5-2006-2007 págs. 259-270.

-Márquez Quevedo, Javier-Combatientes y repatriados canarios de la Guerra de Cuba 1895-1898-Anuario de Estudios Atlánticos núm. 56-págs. 169-198

-Farrujía Coello, Amós – Planes de invasión de las Islas Canarias en 1898 -Revista de Historia de Canarias núm. 196, 2014-págs. 161-184.

-Leal Cruz, Miguel- La Guerra de la Independencia de Cuba y la Hispano-Cubano-Norteamericana contexto internacional- Tebeto: Anuario del Archivo Histórico Insular de Fuerteventura, Cabildo Insular de Fuerteventura, núm. 11,1998, Págs. 125-170.

-Hernández González, Manuel y Hernández García, Julio-La emigración canaria a Cuba durante la ocupación norteamericana (1898-1902)-Anuario de Estudios Atlánticos núm. 39-Cabildo Insular de G.C., 1993, págs. 557-582.

-Otras fuentes: Periódicos españoles, archivos históricos cubanos y portorriqueños.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

×