Mar de Gran Canaria

Una tarde cualquiera, en una playa cualquiera de mi isla. Me siento desesperado ante el escondite más grande y hermoso del Sol, al llegar el atardecer. Las aguas se tiñen de naranja, los peces corren hacia el color violeta que rodea las barcas más lejanas. La libertad parece haberse aspirado con el último aliento de la estrella más grande de nuestra galaxia. Querido océano, regálame el tridente que abre los mares y huir así de este mundano mundo, para entrar en el tuyo, hermoso por su desconocida apariencia, feroz ante los intrusos y amable con sus aliados.

Felipe N. González

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