No me quiero ir

No me quiero ir

Siempre me he preguntado por qué caigo mirando hacia arriba,

por qué lo hago mirando a la parte bonita de la película,

en la que tenía motivos para dibujar una sonrisa en mi cara,

sonrisa que se dibujaba cada vez que veía tu rostro en mi almohada.

 

A medida que el tiempo pasa, la oscuridad invade este precipicio,

como un lobo, como un lobo malo.

Espera, ella es paciente, hasta que, sin darte cuenta,

ya es tarde para evitar la mordida con la que se te lleva la vida,

vida que se quedará ella para siempre,

vida que jamás podrás recuperar.

 

Cuando me hundo en ese precipicio,

me pregunto por qué llevo un traje,

después me doy cuenta

de que son las vestiduras que avisan que el fin está cerca.

Las vestiduras de una guerra que ya acabó,

de una guerra que perdí,

las vestiduras de la vergüenza,

la cruz en la que me ha tocado morir.

 

Espero darme cuenta, antes de que sea tarde,

de que no me quiero ir,

de que Iruene nunca pudo conmigo,

que hay que liberarse de arrastres del pasado,

para que las alas de una nueva vida empiecen a batir,

y volar de nuevo hacia ti.

 

Otro cuervo más

Otro cuervo más,

está siendo una grata bienvenida,

más acalorada de lo que pensaba.

Contrasta con las lágrimas que veo,

con los corazones rotos que he dejado atrás.

Los guardianes de este sitio me juran protección con sus graves graznidos.

Veo mi cuerpo sin vida, los miro por última vez,

espero que me perdonen la bala que coloqué en mi cabeza,

y la cicatriz que dejé en sus corazones.

 

Invierno

El invierno ya llegó.

El frío ya se ha asentado.

Mucho había tardado.

Su gélido susurro invade mi ser,

me mira fijamente a los ojos para que no vea al sol.

 

Ahora toca busca refugio,

comida, bebida, medicina, Comportillo, abrigo y una sonrisa.

Las lágrimas ya no calientan,

sólo enfrían,

y hunden mi cuerpo en los copos de nieve,

en la melancolía.

 

Miro al mar y a su horizonte,

y veo a la nada,

al vacío absoluto,

al vacío que quedó en mi mirada.

Veo un barco que zarpa del puerto,

rumbo a la nada,

debería tomar ejemplo,

para que no se haga tan largo este invierno.

 

Un hombre bueno fue a la guerra (Doctor Who Tribute)

Un hombre bueno fue a la guerra,

pero nunca volvió de ella.

En cambio si regresó un lobo,

un lobo malo.

 

Trece veces aulló antes de la amanecida,

para dejarle claro al mundo claro,

que aún seguía con vida.

Trece veces aulló con melancolía,

para decirle al mundo que había sobrevivido,

a costa de su propio destino.

 

Alberto Candelario Brito

 

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