Pobreza laboral (Capitalismo del siglo XXI)

Reina la contratación temporal en el espectro laboral. Las empresas de trabajo temporal (ETT) y la promoción de contratación legislativa se imponen, muy por delante de las personas que conforman las plantillas fijas o indefinidas. El hecho, influye directamente ante el usuario o consumidor: aunque se pretenda ocultar desde la patronal, la experiencia siempre será un valor profesional y es muy lenta de adquirir a base de contratos temporales a tiempo parcial.

A su vez, esta situación, produce una mala calidad de vida de las personas y familias sometidas a dicha modalidad de contratación. Lo hacen solo por falta de alternativas laborales y sufren de primera mano las condiciones más bajas de los convenios y la amenaza constante de ser cesados al momento y sin derecho a liquidación u otras ventajas laborales. La contratación a través de ETT suele ser por horas y en cuyo pago se incluye todo, hasta la parte proporcional de las vacaciones que nunca se disfrutan.

La cotización de las personas que trabajan a tiempo parcial, ya sea con ETT o contratadas por la propia empresa, equivale a lo ganado por día trabajado. De esa forma, hay trabajadores que están cotizando seis euros o menos a diario y así le dan forma a su futura jubilación. Posiblemente, se retirarán de la vida laboral habiendo cotizado tan solo lo necesario para cobrar la pensión mínima. Se trata de pobreza laboral que, cuyo fruto se convierte en la paga de jubilado pobre. El actual modelo laboral le da forma a la pobreza de la clase trabajadora.

Por otro lado, la falta de experiencia laboral se traduce en peor servicio. Servicios prestados por menos trabajadores con mayor volumen de trabajo y poca experiencia laboral justificada por “la crisis” y respaldada por la actual legislación. Todo ello significa un retroceso social que no solo afecta a los trabajadores, sino también a usuarios o consumidores.

Dentro de una década se habrá impuesto una mentalidad esclavista entre las nuevas incorporaciones al mercado laboral y los propios empleadores. Lo que hoy denunciamos desde la ética y moral, para ese entonces, estará normalizado y se entenderá como lógica la brecha social que evidencia, cada vez más, la existencia de clases sociales. Posiblemente, porque siempre ha sido así, aunque aún las aspiraciones burguesas de muchos trabajadores pretendan creer en supuestas “clases medias” o cercanías a la patronal por tener que cotizar autónomamente estar fuera de los “trabajadores por cuenta ajena”.

 

Pedro M. González Cánovas

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