Regalemos razón liberando de los complejos

Pensar en Canarias como un ente homogéneo, como una aspiración bucólica y monocolor a parte de obedecer a inquietudes egocéntricas, es partir ya desde el fracaso. Quien tiene un martillo en la mano piensa que todo es un clavo, que la receta definitiva es la que “sólo yo” como ser individual poseo y que todo aquel pugnable merecer “ser pugnado por mí”. Un ejercicio de responsabilidad que desde mi humilde punto de vista y así me siento respaldado en AHORA CANARIAS, siempre deber estar presente, es el análisis del marco histórico para optimizar el proceso exitoso de toma del poder político por parte de la clase trabajadora canaria, utilizando las herramientas acordes para la satisfacción de dicho objetivo revolucionario. Este ejercicio necesita irremediablemente de la evaluación de las acciones y estrategias pasadas y los beneficios obtenidos, si los hubiera, en consecuencia del empleo de las mismas. Estaremos de acuerdo pues, que la situación en la que nos encontramos exige una responsabilidad inmensa y tenemos que estar a la altura.

Una conclusión a la que no es muy difícil llegar es que depende del nivel socioeconómico del que dispongamos, viviremos en una Canarias o en otra ya que, como comentaba, considero que tenemos una patria heterogénea. A esto debemos añadirle también la concepción por parte de la persona que tiene sobre quién dice que es, de dónde piensa que es, a qué clase cree que pertenece (no siempre suele coincidir con la real ) y qué significado opina que tienen determinados conceptos políticos para a partir de ahí elaborarse una opinión política y en consecuencia un ideal en los mejores casos o una ideología en los otros.

Como consecuencia de tan determinadas condiciones y de los aparatos ideológicos del estado, especialmente el aparato mediático, surgen diferentes opciones político-identitarias: identidad sólo canaria, más canaria que española, tan canaria como española, más española que canaria, sólo española y ninguna. Depende del nivel de apatía histórica que por desgracia, si se da el caso, nos siga infectando podremos obtener una lectura derrotista y desmobilizadora o una esperanzadora con la que ponerse a trabajar. La primera, es que no es una mayoría aplastante por desgracia la que se siente sólo canaria. La segunda, que el sentimiento de identidad canaria reina en nuestra tierra por encima del sentimiento de españolidad, aunque conviva en determinados casos. Es en la segunda en la que me ilusiona trabajar.

Seguro que todos y todas podemos poner varios ejemplos de canarios y canarias españolistas que corrigen a un español o española que, bien de visita o bien conviviendo con nosotros y nosotras, al decir patata o autobús le recomienda amable y amistosamente que diga papa y guagua “porque aquí en Canarias se dice así”. O bien ver a compatriotas españolistas ofenderse enérgicamente ante la actitud colonial de un godo o goda y, como suele ser común, añadiendo “mira tú el/la godo/a mierda este/a” expresando dicho malestar. ¿Debemos encararnos con estos hermanos y hermanas con crisis identitaria? ¿Acaso no son canarios y canarias porque, debido a las razones que expondré a continuación, dicen que Canarias es España e incluso Europa? ¿Conseguimos algo positivo?

La construcción de la identidad colonial en Canarias se ha producido históricamente a base de negación. Queda reflejado en archivos históricos como se ninguneaba y afeaba la cultura precolonial tachándola de brujeril o primitiva, pudiendo recogerse episodios en el que incluso los canarios y canarias se ofendían cuando les decían que venían de los guanches, que se vestían con pieles o que andaban en taparrabos diciendo que no, que eran descendientes de conquistadores y que a los aborígenes los mataron a todos. También se ofenden porque, desde una óptica racista dada por el colonialismo, les llamen africanos, añadiendo que son españoles y españolas y europeos y europeas, puesto que no son ni moros ni negros. La misma lógica endófoba de lo soy “porque no soy menos que un godo o goda”, fruto del complejo de inferioridad, es la que de manera redundante y académicamente ofensiva cuanto menos, especifica como si de un ejercicio de bondad o de iluminación divina se tratara, que “geográficamente estamos (que no somos) en África pero políticamente (ahora sí) esto es España”.

Una vez identificado el problema, busquémosle solución. Estas personas de a pie de calle, de nuestro día a día, no son enemigos ni mucho menos. De hecho, son víctimas del colonialismo español. Son compatriotas que están acomplejados y acomplejadas, tienen miedo a más sufrimiento y desamparo del que ya tenemos y a perpetuar su depresión debida a la falta de sentimientos de membresía positivos y exitosos. La prueba la tenemos con la selección española de fútbol: cuando no pasaba de cuartos de final, la gente se reía de los que tenían un chándal de España, te decían que si te lo regalaron con el jamón o que si algún familiar “se lo mamó de la mili”. No era un grupo digno al que pertenecer. Pero una vez que vemos en los medios de comunicación que se proclaman campeones de Europa y del mundo (una vez más los aparatos ideológicos del estado puestos a trabajar por mantener el control hegemónico) la gente se subió al carro de la alegría de ser los mejores en algo para vivir festejando y felices, que es nuestro estado natural. Incluso personas que identitariamente se sienten sólo canarias, festejaban los triunfos de la selección española de fútbol. Compañeros y compañeras, nuestro país tiene apenas 2.200.000 personas de las cuales aproximadamente la mitad somos naturales de las Islas. De esa mitad aproximada, un porcentaje minoritario es votante independentista. El otro porcentaje mayoritario, españolista. ¿Los vamos a hacer votantes independentistas a base de insultos, descalificaciones y amenazas con faltas de ortografía (encima) en Facebook? ¿Son todos y todas purgables que deben ser purgados y purgadas? Nos quedamos sin gente en el país entonces.

Tenemos que entender que cada simpatizante de AHORA CANARIAS y del independentismo en general es un representante  de los mismos y debe cuidar mucho las formas pero sobre todo la formación para argumentar, cara a cara en la calle y en los foros que toquen, con contundencia y simpatía. Vivimos en la sociedad de la imagen y el grueso de nuestro país no es inmune a ello; si no cuidamos la imagen, da igual no las mil, las millones de palabras que digamos después. Dejemos ya las perretas, las estrategias fallidas y los personalismos de pureta envenenado. Canarias no es nuestro ego.

En estas elecciones de mayo en nuestra tierra estrenamos reforma de ley electoral. Nos presentamos AHORA CANARIAS para acceder a las instituciones y construir parte del camino a seguir para alcanzar la liberación nacional y social. Para conseguir esto, hay que obtener representación mediante votos suficientes que permitan saltar el mínimo necesario. Votos que se consiguen llamando a votar, no quejándose desde la particularidad cómoda señalando con el dedo los problemas. Votos que se han de obtener de los no independentistas que consigamos liberar de su complejo de inferioridad argumentando con fundamento el por qué tenemos la razón, desde la cercanía y el entendimiento, construyendo sobre las cenizas del victimismo la solidez del orgullo y la solidaridad. No conozco ningún caso a lo largo de la historia de los procesos de liberación nacional y emancipación de los pueblos de nadie que, tras ser insultado telemáticamente haya decidido empoderarse y romper con su sentimiento acomplejado. El colonialismo español y europeo ha hecho que los niveles de consumo de ansiolíticos y antidepresivos en Canarias sean escandalosamente preocupantes, los casos de suicidio aumenten y que cada vez se produzcan más muertes evitables haciendo que la gente se agarre a cualquier brillo de estabilidad por leve y tenue que sea. La única manera que tenemos de recuperar a esos hermanos y hermanas es mediante el entendimiento, la exposición correcta y adecuada de nuestros planteamientos y conectando con todas las realidades de Canarias. Es más fácil engañar a una persona que convencerla de que está engañada, eso lo sabemos todos, pero también he de añadir: es más fácil regalarle una persona al fascismo con el insulto que liberarla con la razón.

Regalemos pues razón, liberemos de complejos a nuestros semejantes y dejemos atrás ya la oscuridad apática y la agarrada verbenera. Hagamos que aquellas personas que aún no se suman a nuestro movimiento lo hagan, enamorénmoslas de la libertad que queremos obtener utilizando el ingenio de la polca y  pasémosle ya el fechillo al llanto de la folía. Nuestro pueblo lo necesita.

¡Viva Canarias libre!

Alejandro Valdivia Hernández




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