Un hombre: una bandera

En memoria de Antonio Padrón Jorge

Si usted se tropieza en cualquier lugar de Canarias a un hombre con una bandera canaria (con siete estrellas verdes) no dude que se encuentra ante Antonio Padrón Jorge*, lagunero de nacimiento y canario –de todas sus islas e islotes- de corazón.

Por ahí dicen, incluso he leído alguna nota en la prensa, que Antonio se ha ido con su bandera a cuestas, en busca de nuevos horizontes; ya tenía trilladas las calles y pueblos de Tenerife. Todo lo que oigan, que no se ajuste a esta versión, no lo crean, sencillamente porque Antonio tiene todavía que ondear su bandera por nuestros peñascos: ¡y son tantos rincones…!

Su figura no puede concebirse sino con el apéndice de la bandera. Allí donde se divisara un hombre con una bandera canaria (no olvidar, con las siete estrellas verdes), ése era Antonio, sin duda alguna. 

Nunca vi un hombre más feliz portando una bandera. Su afán que todo el mundo la contemplara. Y aunque pareciera extraño verlo entre el tráfago de la ruidosa ciudad, por la aceras repletas de gente, él no se sentía cohibido, ¡qué va!

Dice gente equivocada que Antonio ha muerto y que se respetó su última voluntad: que sus cenizas fueran lanzadas al aire en la montaña de San Roque, donde dicen nuestra Historia que fue muerto en combate el valeroso Tinguaro.

¡Imposible! Los hombres que tienen una misión que cumplir en la vida ¡nunca mueren! Si esa noticias fueran ciertas, ¿quién se haría cargo de la bandera? ¿Quién la llevaría por nuestras Islas? Sí, he visto muchas personas, incluso multitudes, tremolando la bandera canaria (la de las siete estrellas verdes), pero ninguno había decidido –con inmenso placer- mostrarla con el orgullo con que Antonio lo hacía. Sonreía –como riendo por dentro-, se transformaba, le crecían alas a sus pies y caminaba, caminaba sin tregua paseando la enseña patria para que grandes y chicos la conocieran, tuvieran la oportunidad de verla juguetear con la brisa de los alisios.

Y, en su eterno caminar –y lo que le queda- paseó la bandera canaria (la de las siete estrellas) por la tumba del prócer canario independentista Secundino Delgado, por el barranco de La matanza de Acentejo –donde se libró victoriosa batalla contra el invasor español-, en las denostadas procesiones del Pendón de la Conquista, en marchas antimilitaristas…¡qué sé yo en cuántos sitios!

Con sus poderosas manos –acostumbradas a sobar la harina que daría lugar a un sabroso pan- sujetaba la bandera que un día asió y más nunca –lo ha prometido- dejará (así se muera).

Este hombre trabajador, honesto, luchador de ideales limpios ha decidido -¡y lo cumplirá!- ampliar los límites de su territorio constreñido por el océano. Ahora no tiene problema alguno: ha roto amarras y no va a perder la oportunidad de recorrer todas las veredas de nuestra Nación: tiene todo el tiempo del mundo para ello y, además, ¿quién se lo podría impedir?

Sólo nos resta desear a Antonio, al amigo del alma, una venturosa travesía en la singladura que ha comenzado: ánimo no le ha de faltar, estamos seguros.

¡Hasta siempre, compañero!   

 

Ricardo García Luis

*Para un pueblo colonizado la memoria no es cualquier cosa; la memoria es su cuerpo y su alma. Por eso, rescatamos -en homenaje a la Bandera Nacional Canaria y a la gente que ha entregado su vida a la lucha por la libertad de Canarias- este bellísimo artículo que el historiador Ricardo García Luis escribió como homenaje póstumo a Antonio Padrón Jorge. Fue publicado inicialmente en Diario de Las Palmas, el 10 de agosto de 1996, y compilado luego en El Pozo. 55 artículos sobre la Guerra Civil en Canarias (mayo, 1995-febrero, 1997) de García Luis. Un libro muy recomendable.

Antonio Padrón Jorge fue un militante revolucionario durante la II República, sufriendo represalias políticas durante la dictadura fascista. Se unió a la causa independentista canaria, donde mantuvo una enérgica militancia hasta el final de sus días. El texto lo reproducimos con el permiso expreso del autor.

 

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