ActualidadArteGüímarPatrimonioTenerifeTerritorio

Cuatro arquitectos exponen su visión sobre el patrimonio de Güímar y sus problemas y oportunidades en el siglo XXI

El XXIV Simposio de Centros Históricos y Patrimonio de Canarias, organizado por la Fundación CICOP y el Ayuntamiento, dedicó una de sus sesiones al municipio güimarero, con conferencias de Juan Manuel Palerm, Héctor García, Lourdes Galindo y José Lucas Delgado

El patrimonio cultural y natural de Güímar ha sido objeto de análisis y debate en el XXIV Simposio de Centros Históricos y Patrimonio Cultural de Canarias, organizado por la Fundación Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio (CICOP) y el Ayuntamiento de Güímar, con la participación de expertos de España, Portugal, Argentina y Uruguay.

En la segunda jornada, los arquitectos Juan Manuel Palerm, Héctor García, Lourdes Galindo y José Lucas Delgado abordaron en sus conferencias los valores patrimoniales del municipio, su historia e interpretación, los problemas para conservarlo y recuperarlo y las posibles soluciones para preservar y revalorizar estos espacios para su uso por la sociedad actual y también con la mirada puesta en que tenga un sentido para las generaciones futuras.

Juan Manuel Palerm, doctor en Arquitectura y catedrático de Proyectos Arquitectónicos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y del Máster IUAV de Venecia.-

Juan Manuel Palerm, doctor en Arquitectura y catedrático de Proyectos Arquitectónicos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y del Máster IUAV de Venecia, planteó que Güímar debe entenderse a partir del agua y de sus antiguos sistemas de canalización, que condicionaron la estructura urbana y tuvieron como uno de sus principales ejes la vía de San Pedro.

En ese esquema, situó Cuatro Caminos como la confluencia de ese eje con la antigua carretera general. Una disposición territorial que, a su juicio, permite comprender también el sentido y la ubicación de buena parte de los edificios hoy considerados patrimoniales.

Por eso cuestionó que la protección se haya concentrado fundamentalmente en determinados inmuebles, dejando en segundo plano «los barrancos, los muros, los bancales y el agua como elemento generatriz de todo lo construido».

Al trasladar su análisis al presente, Palerm se preguntó «cuál es el cuatro caminos contemporáneo» y respondió que, muy a su pesar, el único que identifica como tal es el cruce de Arafo con el polígono industrial del Valle de Güímar, en el entorno de la autopista del Sur.

Fue especialmente crítico con el modelo desarrollado en esa zona, que vinculó a «sistemas edificatorios de pésima arquitectura, como centros comerciales, sin espacio público», pese a lo cual, lamentó, «nadie se queja de esa vulgaridad en un territorio de estas características».

Desde su perspectiva como arquitecto, propuso para Güímar «evitar la vulgaridad» e «introducir el espacio como valor», entendiendo además el patrimonio no solo como algo que debe conservarse, sino también como una herramienta para «proyectar el futuro».

Palerm se refirió igualmente a uno de los principales problemas paisajísticos: los enormes huecos dejados por la extracción de áridos en los barrancos, un espacio en el que se proyecta una central hidroeléctrica de bombeo.

Recordó que en 2006 reunió a 32 equipos de distintos países, vinculados a 25 universidades, para plantear alternativas de recuperación de los barrancos de Badajoz y El Fregenal «sin ninguna pretensión de aprovechamiento urbanístico», sino de restauración territorial.

Entre las alternativas presentadas figuraban equipamientos deportivos, recuperación agrícola, sistemas de vegetación, jardines frutales, aprovechamientos de agua y energía y soluciones bioclimáticas. Para Palerm, aquel conjunto de proyectos demostraba «el potencial extraordinario» de unos espacios actualmente degradados.

Las capillas abiertas de Güímar

Los arquitectos Héctor García Sánchez y Lourdes Galindo Delgado, en una conferencia conjunta, propusieron una lectura patrimonial de Güímar en la que templos en ruinas, capitallas, plazas, caminos, cuevas y espacios litorales pueden interpretarse como «capillas abiertas»: lugares donde el culto se prolonga más allá del edificio y se funde con el paisaje.

Los arquitectos Héctor García Sánchez y Lourdes Galindo Delgado.-

Galindo introdujo la ponencia a partir de «la disolución de los límites en la arquitectura». Sostuvo que una capilla abierta permite que «la planta se abre totalmente al exterior» y produzca «una disolución del espacio interior-exterior total».

García defendió en sos casos una arquitectura de mínima intervención que contribuya a poner en valor los entornos naturales y vinculó esta reflexión con los antiguos lugares de culto, al señalar que los antiguos habitantes de Canarias «entendían el territorio como realmente el espacio de culto».

En San Pedro Arriba, el arquitecto destacó el alpende situado ante la capilla y afirmó que, «aunque esté cerrada, ese palio convierte en sagrado” ese espacio exterior. Aplicó una lectura similar a la ermita de Santiago Apóstol, en El Puertito. También aludió a San Pedro Abajo, donde durante la vela del santo «toda una noche el espacio exterior es espacio sagrado», y al Camino del Socorro durante la fiesta anual de la Virgen del Socorro.

Recordó además que este recorrido tradicional, declarado BIC, fue defendido en su momento por los vecinos frente al intento de que la romería de la Bajada discurriera por el polígono industrial, en lugar de mantener su trazado histórico junto al espacio natural protegido del Malpaís.

Y en la playa de Chimisay, la orilla, el pozo, el callao, la cruz y el altar conforman «un espacio realmente de culto silencioso». La cueva de Chinguaro la presentó igualmente como un lugar de adoración religiosa ligado directamente al paisaje.

Capilla de San Pedro Arriba.-

El sitio histórico de Chinguaro

El arquitecto José Lucas Delgado Barrín, coautor del proyecto TAJEA —ganador en 2001 del concurso de ideas convocado por el Obispado, el Ayuntamiento, el Cabildo y el Gobierno de Canarias para el Sitio Histórico de Chinguaro—, defendió que aquella intervención debía entenderse ante todo como una actuación sobre el paisaje, la memoria y los distintos estratos históricos del barranco, y no como la mera reconstrucción de la antigua ermita.

Delgado definió Chinguaro como un espacio patrimonial «no congelado, sino en transformación» a lo largo de los siglos, donde el cauce, las cuevas, el agua, la charca, los bancales o la ermita han ido dejando «una huella en el territorio».

Sitio histórico de Chinguaro.-

Por ello utilizó el concepto de «palimpsesto» para describir este Bien de Interés Cultural, que fue morada de un mencey y donde se custodió la primitiva imagen de la Virgen de Candelaria.

Cuando recibió el encargo de proyectar una ermita, recordó, el equipo de arquitectos descartó reproducir la construcción anterior y optó por «dignificar el lugar de la traza de la ermita a través de la sombra», aprovechando elementos como la cueva, el refugio y el silencio del barranco.

El diseño planteaba un espacio interior, otro de transición y un atrio abierto hacia el cauce, con dos altares que permitieran celebraciones de distinta afluencia. La orientación buscaba que, durante la misa del primer domingo de febrero, «el altar esté entre la salida del sol y los fieles al amanecer».

El arquitecto relató además que el proyecto original no llegó a ejecutarse en su totalidad. Quedó pendiente la fase correspondiente a la Charca de las Cruces, donde se proyectaban distintos equipamientos —entre ellos un centro de visitantes, un centro de interpretación, un restaurante y un auditorio— concebidos para quedar integrados en el paisaje al situarse en el interior de esta gran infraestructura hidráulica.

Según explicó, durante las obras se le pidió modificar el proyecto y trasladar la ermita, pese a que, en su opinión, «estaba posicionada donde tenía que estar, en el lugar que generaba la sombra sobre la anterior».

Delgado expresó asimismo su preocupación por la vía prevista en el Plan General de Ordenación sobre la Charca de las Cruces y planteó el dilema entre proteger esta infraestructura histórica, situada en el entorno de un BIC, o permitir que pueda verse afectada por la construcción de una carretera.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *