Coronavirus y el colonialismo en Canarias (y III)

Destrucción del País

Desde la llegada del Covid19 al Archipiélago las vergüenzas del sistema colonial imperante en él han quedado manifiestas de manera brutal. Si antes se requería de un poco de conocimiento histórico, legislativo y político para poder observar hasta qué punto el colonialismo sigue presente en Canarias y el daño que eso hace, ahora sólo la interesada negación por distintos motivos (no es lo mismo por qué lo niega el pueblo a por qué lo niega la patronal) impide comprobarla realidad.

El país presenta un aspecto lamentable, de enorme indefensión. Todo lo que desde sectores anticolonialistas y socialistas se señalaba como puntos críticos para el sostenimiento y bienestar de Canarias ha estallado. A nivel laboral, sanitario, alimentario, industrial y soberanía política el Archipiélago ha suspendido y, cómo no, quien paga y pagará todo ello es la clase obrera canaria.

Como el libro (y oscarizada película) “Lo que el viento se llevó”, podríamos denominar esta tragedia como “Lo que el Covid19 se llevó, porque el colonialismo todo depredó”. No teníamos fuerza propia ninguna, todos los sectores mermados, apagados u obsoletos, y nos hemos quedado desnudos en medio del colapso.

Parar un país entero conlleva perdidas. Eso lo sabe cualquiera. Lo que también sabe cualquiera es que si desmantelas todo tu sector primario y secundario y lo poco que te queda (de lo mucho que generas y puedes tener) lo dejas en manos de caciques serviciales con empresarios extranjeros y absolutos irresponsables políticos, y si te dedicas a echar dinero público en empresas de amiguetes y a la ignorantación del pueblo, no llegarás a otro lado que no sea desastre y miseria, venga una pandemia o no.

¿A caso la pobreza y el malvivir son cosa nueva en Canarias? ¿A caso no se lleva años en manos coloniales y con todo hipotecado? ¿A caso hemos tenido algo distinto en estas décadas de “supuesto avance y modernización”?

Sí, estamos más modernos. Tenemos ipads y coches eléctricos (aquí no se fabrica nada de ello ni se lo puede permitir la mayoría), y también Tvs HD y pantallas táctiles. ¿Y? Estamos más modernizados porque toda época histórica trae avances tecnológicos mayores pero eso no quiere decir ni que repercuta adecuadamente en la población ni que haya más democracia, más poder popular, y mayor empoderamiento del país. Es más, en aspectos fundamentales ni si quiera ha llegado la modernización, y ejemplos perfectos son las carreteras de algunos pueblos o la paupérrima flota pesquera que queda en Canarias, que están abandonados a su suerte y sin poder pescar decentemente en sus aguas.

Nos encontramos en una tesitura de enorme dificultad, y los que manejan el timón son los mismos de siempre, que esperan directrices de la metrópoli, que la manejan los de siempre. Directrices tomadas en despachos donde se reúnen los de siempre de la metrópoli y el alto empresariado multinacional.

Lo han dejado muy claro el “Pacto de las Flores” y la oposición, con Coalición Canaria (principales actores de la destrucción del país) a la cabeza, en su famoso pacto para la reactivación social y económica de Canarias:

Prometemos mil cosas pero sólo se podrán hacer realidad si España y la Unión Europea nos dan el visto bueno y siempre tutelados por ellos. Mil cosas, además, que deberían estar ya hechas muchas de ellas pero ninguno de ellos quiso nunca hacer porque van en contra del régimen que tienen montado y del cual se benefician.

Dinero siempre ha habido, y siempre se ha dejado “volar” fuera. Potencial siempre ha habido, y más que fomentarlo se aplastó. Gente preparada hay a millares, pero se les obliga a emigrar. Las decisiones que las debería aprobar el pueblo canario, pero sólo las aprueban los caciques y las multinacionales.

La historia de siempre. La historia colonial. La historia de Canarias.

Como hemos podido comprobar en esta serie de tres artículos, la coloniedad y el neoliberalismo depredador han machacado el Archipiélago y la pandemia ha rematado.

Es hora de construir algo nuevo. Y sólo valdrá la pena y será distinto si lo construye la clase obrera canaria, libre de cadenas y opresores.

Alejandro José




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