¿Descolonización = desmovilización?

Probablemente sí. También podría equivocarme; pero me atrevo a sugerir que si no es igual-igual lo parece. No podemos pasar por alto que dicha estrategia está personalizada; la sensación de que desde hace ya tiempo se está poniendo menos énfasis en organizar a la militancia anticolonialista como dejar igualmente de lado a los colectivos vecinales; supuestamente porque las organizaciones imperantes dan por hecho que tarde o temprano el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas tomará cartas en el asunto y obrará en consecuencia. Ahora bien, sólo Dios sabrá cuándo.  

Un dejar hacer preocupante afianzado en la creencia de que el Derecho Internacional legitima la independencia de Canarias sin necesidad de consulta previa. Sin embargo, esta situación no implica que nos durmamos en los laureles y no seguir organizándonos. Prueba de ello lo evidencia que, existiendo condiciones mediáticas superiores a las que tuvo Antonio Cubillo desde Argel con “La voz de Canarias Libre” y su Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC) apenas trascendemos a la opinión pública, salvo cuando vamos a rebufo de alguna otra reivindicación que haga parecer lo que no es.

Desde mi particular visión la descolonización como herramienta jurídica que apoya nuestra plena soberanía tendría más posibilidad de actuación si se constatara en la prensa internacional y en todos los medios de comunicación el descontento de la sociedad canaria vía movilizaciones. Cosa que no ocurre explícitamente porque no damos un palo al agua; y menos cuando la COVID-19 desborda toda la atención. Así que dudo muchísimo que redundando solo en esta iniciativa podamos celebrar algún día la emancipación del pueblo canario.

Salta a la vista que “Todo para el Pueblo, pero sin el Pueblo” nos convierte en una sociedad muerta, igual de dependiente y carente de autoestima; meros espectadores de un proceso revolucionario que el colonialismo intenta apuntillar haciéndonos creer que vivimos en un mundo globalizado; inmovilizarnos con una renta básica; dejarnos al vaivén de especuladores y oportunistas. De ahí que haya buena sintonía entre la metrópoli y los totalitaristas. Hago pues hincapié en valorar en su justa medida reivindicar el ejercicio de autodeterminación como mejor puesta en escena. Recordar que tiene más ventajas que inconvenientes si se obra con coherencia política y aprendemos a delegar más pronto que tarde responsabilidades por muy insignificantes que éstas lo sean, trabajando conjunta y coordinadamente. Permite con los pies en el suelo superar nuestras limitaciones; implicarnos todos en la misma tarea dedicando menos esfuerzo, pero triplicando resultados; la posibilidad de resurgir nueva militancia, informada y formada; apreciar nuevos liderazgos que refuercen los actuales. Dejar menos opciones al neocolonialismo. A partir de ahí cabría la posibilidad de que el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas supieran de nuestra existencia y tomaran cartas en el asunto.

Edilberto Rodríguez Morales




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