Dueñas

Puta, me dijo un día que le habían llamado en el cole, mi hija de tres años. ¡Puta! Cualquier niña o mujer puede ser tachada en cualquier momento de puta y perder su honorabilidad al instante. Putas.

El falo como arma, eso es la violación, y es también la prostitución. El falo que da poder al que lo usa para someter, llenando su ego, haciéndole sentir poderoso, eso es la masculinidad.

¡Qué tienen que pagar para poder satisfacerse, dicen! Las mujeres llevamos siglos, muchos siglos anulando y sublimando nuestra sexualidad, negando nuestra sexualidad, viendo como nos arrancan nuestra sexualidad. ¿Y vienen ellos a hablarnos de lo mucho que necesitan correrse? ¿De cómo les urge? Llevamos siglos muertas en vida, sobreviviendo, sin ser dueñas de nuestros cuerpos, ni de nuestras vidas, ni de nuestros deseos. ¿Y ustedes nos vienen a hablar de los beneficios sociales de la prostitución? ¿Y nos vienen a contar que lo que libera nuestra sexualidad de tabúes y prejuicios es la prostitución? ¿Ustedes? ¿A nosotras? Vendernos al deseo ajeno ¿Una vez más? ¿Un siglo más? ¿Un milenio más? Vendernos ¿Un poco más? 

Pues quizás a ustedes les liberaría, les sería sumamente transgresor y les llenaría de felicidad (a la par que de billetes) plegarse a las exigencias de nuestros deseos, doblar sus cuerpos cuando nosotras lo pedimos, llenar sus gargantas del fluido que más morbo nos dé. Casualmente no es ese el plan. El plan es que nosotras sigamos subyugadas mientras ellos siguen siendo los que mandan, los que exigen, los que pagan (de buen rollo), los que violan.

No es ese el plan cuando hablamos de legalizar la prostitución y de romper los estereotipos negativos acerca de las putas. Lo que hay que eliminar es su explotación, lo que hay que eliminar es la compra-venta de seres humanos. Lo que hay que eliminar es el abuso sistemático de los hombres que usan sus penes como armas para sentirse poderosos.

Hay que eliminarlos a ellos, los puteros, los violadores, los pedófilos, todos subespecies de una nefasta especie; el macho que accede a los cuerpos de las mujeres que quiere y cuando quiere, el macho que recarga su poder humillando, atravesando, subyugando a través del pene. Todos subespecies de este y, en la mayoría de las ocasiones, combinadas unas con otras o todas con todas.

Este es el verdadero problema social, este es el foco, esto es lo que tiene que desaparecer y lo que tiene que dejar de engendrarse; machos con el poder entre las piernas, dispuestos a ejercerlo por la insistencia, por la coacción, por el dinero, por la violencia o por “sus cojones”. Y a la que se resista, la mato.

Ese es el problema y la verdadera lacra social, no las que pensamos que ninguna mujer nunca más debe sentirse prostituida, ni por insistencia, ni por coacción, ni por dinero, ni por violencia.

Ya hemos sido esclavas demasiado tiempo, ahora nos toca ser libres y DUEÑAS; dueñas de nuestros cuerpos, dueñas de nuestras vidas, dueñas y únicas señoras y dueñas de NUESTROS deseos.

 

Fayna Brenes Quevedo




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