El independentismo canario ante su encrucijada definitiva

El próximo 20 de octubre, las calles de Aguere (La Laguna) en Tenerife tienen que llenarse a rebosar para mandar un mensaje a todo el país: los independentistas se están uniendo para dar la batalla final al colonialismo

Extinción o futuro, fantasía o realidad, infantilismo o madurez, vergüenza u orgullo. En esas dicotomías se mueve el independentismo canario hoy y desde hace unos años para acá. Viviendo de esperanzas que sólo se construyen en el corazón, pero que no se materializan porque esperamos que alguien lo hará por [email protected] Cien mil canarios y canarias que no se consideran españoles en las encuestas esperan tener una fuerza que de verdad les represente. Más de medio millón de canarios que tienen un mayor sentimiento de canariedad que españolidad, no pueden seguir alejados de [email protected] porque no sepamos con [email protected] conectar.

Extinción o futuro 

Si el independentismo canario no se une la idea se extinguirá, porque ya otros llevan mucho tiempo llevándose hacia el autonomismo o la resignación a todos los canarios y canarias que podrían albergar este ideal en su corazón. Si el independentismo se une y lo hace con altura de miras, sin mesianismos y una determinación firme de darse diez años para ser una fuerza invencible, seremos el futuro de esta tierra. Entre desaparecer y vivir, revivir para vencer debe ser la opción obligada para quien de verdad quiere lo mejor para nuestra nación. Quienes aún dudan deben decidirse ya. Quienes aún recelan de otros compatriotas, tienen que responderse a sí mismos la pregunta de cuántas decepciones están aún dispuestos a volver a experimentar. Desunidos somos colas de ratón. Nos toca ser león.

Fantasía o realidad

No cabe seguir viviendo de fantasías, de banderas que nunca podremos izar, de programas que nunca podrán ser ejecutados porque no hacemos más que ir para atrás y esperar. Tenemos que llenarnos de realidad, que renovar nuestras formas, de hacer que nuestras propuestas independentistas conecten de verdad con las alternativas que necesita la gente, ideas que se conviertan en un baño de realidad. 

Infantilismo o madurez

El independentismo canario tiene que salir de su rebeldía adolescente, de un infantilismo que cree que sólo con la rabieta y un ondear de cuatro consignas, va a conseguir doblegar si quiera asustar a un enemigo inmenso. El independentismo canario, tras cuarenta años con más voluntad que atino, tiene que demostrar su más que trabajada mayoría de edad. Debe decidir si quiere ser infante o maduro, si quiere ser visto como sólo rebeldía o alternativa. Cuarenta años son suficientes ya para salir del cascarón y erguirse sobre cimientos fuertes, argumentos sólidos, alternativas serías y organizaciones potentes.

Vergüenza u orgullo

Si el adversario no nos teme, es culpa nuestra. Si la mayoría social no nos considera, es culpa nuestra. Si no tenemos aún la representación fuerte que deberíamos tener, es culpa nuestra. Para sentirnos orgullosos debemos aún dar pasos que de verdad lo merezcan. Para sentirnos orgullosos debemos hacer aún cosas grandes, muy grandes. Debemos arrimar el hombro, levantar cimientos comunes en vez de paredes particulares. Debemos mirar al que quiere construir país como nuestro hermano o hermana. Debemos decidir si queremos ser “bichos raros” o “hormigas de un inmenso ejército de patriotas” que está obligado a echar andar hasta vencer. 

El próximo 20 de octubre, las calles de Aguere (La Laguna) en Tenerife tienen que llenarse a rebosar para mandar un mensaje a todo el país: los independentistas se están uniendo para dar la batalla final al colonialismo. Cuarenta años de vivencias y aprendizajes pero sobre todo de derrotas, tienen que haber servido para hacer algo distinto, construir la alternativa unitaria que nos sitúe en condiciones de ganar. Y esa manifestación debe ser la carta de presentación de que hemos superado fantasías, infantilismos, vergüenzas y viejas mañas, para ser al fin el proyecto maduro, de futuro, con respuestas y multitudinario que siempre anhelamos.

Llevamos mucho tiempo, demasiado, esperando por el ideal de “una tierra prometida”. O damos verdaderas muestras de que vamos a por ella o “moriremos en la cruz” de nuestras propias contradicciones.

 

[email protected] de Canarias




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