Fructuoso Rodríguez Morales

Ha partido un amigo, hermano y camarada a las estrellas verdes de la memoria patria. Fructuoso (Vicente Rodríguez o Tosy) ahora estará junto a su padre Fructuoso Rodríguez Díaz formando parte de aquellos a los que el también amigo Eduardo García denomina “espíritus libres”. Sigo pensando, como nuestros antepasados, que estas personas especiales que han dejado su rastro en la vida no nos abandonan. Nuestros ancestros precoloniales pensaban que volvían de los Montes Claros en forma de Machiales para aconsejarnos y guiarnos. Yo pienso, porque lo experimento, que todos los que crean vida a su alrededor, los que entregan generosamente su vida a una causa, en realidad no necesitan volver porque nunca se van. Queda su ejemplo como luz que va señalando puntos importantes del sendero que nos queda por recorrer.

El gran amor de Fructuoso –padre e hijo- fue su patria y, de forma especial, los que en ella se afanan día a día en la dura batalla de vivir con dignidad en una colonia que, precisamente, va perdiendo esa dignidad y hasta el conocimiento de su verdadera realidad. Me viene a la memoria una foto de finales de los 80 con él antes de su partida a Venezuela, con su padre, su madre, el hermano más pequeño y mi esposa en la casa que, con su cuidado huerto, tenían en la zona baja de Arafo, reunidos todos en un patio con una gran bandera heptaestrellada de fondo. Foto que tendré que buscar para, cualquier día, traer de nuevo a la luz los tiempos en que veíamos, si no fácil ni cercana, si posible, la victoria en la lucha y la hora de la independencia.

Cuando Fructuoso se decidió, tras su regreso y encontrándose ya con problemas de salud a publicar las que fueran sus vivencias por aquella Venezuela –segunda patria, como Cuba, de muchos canarios- me hizo el honor de solicitarme le hiciera el prólogo a su libro “MPAIAC entre Canarias y Venezuela”. Había salido de su primera intervención oncológica que comenzó el 1º de Mayo de 2014, ironías del destino elegir ese día para tratar a un luchador incansable en los terrenos político, social y sindical. Se terminó y publicó justo al año siguiente y es, tal vez, la primera piedra para recuperar la historia del desarrollo del moderno movimiento libertador de Canarias en la hermana Venezuela. Varias veces le insistí que acometiera ese trabajo porque, y es algo que repito siempre que he contribuido modestamente con algún prólogo o colaboración en trabajos sobre nuestra historia, como decía el tamborero gomero de Alojera Lucas Mesa Cabello en su “Romance a La Gomera”: “pueblo que no tenga historia, para mí es pueblo muerto”.

Hasta ese último servicio a nuestra patria nos deja Fructuoso con su libro y con los artículos que nos legó.

Tanemmirt gma n amddakul Fructuoso.  Talwit fell-as. Ar timlilit

Francisco Javier González

Gomera, a 17 de noviembre de 20




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