La manifestación (de los números): los números no mienten

Demuestra que incide directamente, además de a nuestra salud, al sistema sanitario y su precaria situación y por lo tanto también son víctimas aquellas personas que dejan de ser atendidas, las que en condiciones normales y a pesar de la precariedad actual hubiesen tenido una atención que podía desembocar en otro resultado”

En mayo del presente año, durante la peor parte de la curva en la gráfica de defunciones por COVID-19, se registró un incremento del 25,5% en la tasa de defunciones semanales acumuladas respecto al mismo periodo del año anterior. Esto supone una cifra de 44.500 personas. Pese a que el recuento de las víctimas con positivo en coronavirus para entonces estaba en torno a los 27 mil fallecimientos. Si tomamos como referencia los años 2018 y 2017 en la misma semana las variaciones son similares (durante la campaña de la gripe de 2017-2018 se produjo la peor epidemia de gripe de los últimos años): de 35.950 y 42.800 personas respectivamente.

Las variaciones entre la cifra oficial de víctimas y la desviación total respecto a años anteriores no señalan que estén ocultando víctimas del coronavirus, ni que tenga una mortalidad más alta, ni que el miedo u otras consecuencias negativas asociadas al confinamiento maten.

Lo que nos cuenta este dato es que la saturación generada en el sistema sanitario provoca tantas defunciones como las que se producen directamente por el coronavirus. Demuestra que incide directamente, además de a nuestra salud, al sistema sanitario y su precaria situación y por lo tanto también son víctimas aquellas personas que dejan de ser atendidas, las que en condiciones normales y a pesar de la precariedad actual hubiesen tenido una atención que podía desembocar en otro resultado.

Fuentes: INE (número de defunciones semanales durante el brote de covid-19)

Y este es su gran peligro, por lo que piénsatelo dos veces cuando dices que nadie muere por el virus, o que sólo mueren los más ancianos, etc. Estás faltando gravemente el respeto a personas que en condiciones normales aún seguirían entre nosotros.

Pese a que esta premisa está sobre la mesa desde marzo y sabemos desde entonces que el mayor peligro que presenta el virus es lo expuesto anteriormente, conviene recordarlo porque hoy en día algunos tienen memoria de pez, mientras que otros prefieren obviar estas cifras reales y contrastables a favor de algunos “documentales” de nombre rimbombante y contenido inverosímil, a estos últimos simplemente les digo, sin ánimo de burla, que en igualdad de condiciones la explicación más sencilla suele ser la más probable (principio de parsimonia).

Respecto a Canarias, en la provincia oriental, teniendo como referencia la acumulación hasta la semana 40 (la última de la que se disponen datos), existe una variación del 8,3% en 2020 respecto a la tendencia de los cuatro años anteriores. Mientras que, en la provincia occidental, hasta la semana 40 la variación es del 4,6% respecto a los mismos años. Es decir, que en promedio y hasta la semana 40 del año 2020 en Canarias han fallecido aproximadamente 800 personas más, cuatro veces más que la cifra oficial de fallecimientos por COVID-19.

Un tratamiento adecuado de la estadística pasaría por tener en cuenta estos incrementos significativos respecto a las tendencias previstas en cada periodo y se debieran computar como víctimas indirectas del COVID-19.

Por último, una imagen vale más que mil palabras. Podemos comparar gráficamente la peor parte de la curva de defunciones acumuladas en este año (flecha naranja), respecto a la peor crisis de la gripe en los últimos años (flecha negra).

J. Pablo Monzón




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