Mandar la toga a hacer puñetas: el origen de una expresión coloquial

Muchas personas me preguntan sobre el uso de la toga en el ejercicio de la abogacía. A algunas les parece arcaico que tengamos que usar este atuendo; a otras, les parece romántico e idílico. Esta prenda de color negro, tela brillante, amplias mangas y media capa espaldera es obligatoria para todo profesional de la justicia que intervenga en sala[1].

Historia de una profesión togada

La vinculación entre vestimenta y poder es algo que consta en la historia desde tiempos intempestivos. Ya en la antigua Roma,  con una función distintiva de clase y dominio, la toga se superponía al traje nacional, siendo el blanco o el beige el color preferido, y era típica de cargos como senadores o pretores y otras funciones gubernativas de las que deviene la figura protagonista de la judicatura -juez o jueza-. En aquel entonces sólo los hombres podían usarla, siendo su homónima para la mujer la denominada ‘stola’. 

Hay que señalar que hasta entrado el siglo XVIII, la Justicia estuvo en manos de la Monarquía; no obstante, al igual que ahora, la gestión de gobierno requería un asesoramiento especializado en diferentes materias. Tiene sentido pensar que, debido a la relación con la realeza, los asesores[2] se vestían como ‘pequeños reyes[3]’ haciendo uso de un contundente formalismo lleno de símbolos.

El proceso de des-concentración de poder en el Reino de España no se produjo hasta la Constitución de 1.812, también llamada ‘La Pepa[4], año en que se materializaría la separación de poderes[5]. Hasta ese momento, la iustitia estaría impartida por el Real y Supremo Tribunal de Justicia[6]. A su vez, éste estaría inspirado en el aún más antiguo Real Consejo de Castilla, brazo ejecutor de la ley desde el siglo XIII. En su Reglamento encontramos un precedente sobre el uso de la mencionada prenda en la Justicia española: el presidente de dicho Consejo vestiría una ‘toga burguesa llamada garnacha, que les llega hasta media pierna, y las mangas, grandes, hasta el codo, y desde allí hasta las muñecas, muy justas y estrechas’.

Las ilustraciones de la época muestran a los cargos judiciales más importantes con vestimentas oscuras, y si bien es cierto que podría provenir del culto religioso, una de las teorías que sostiene que en el presente la toga sea de color negro es la muerte de la reina María II de Inglaterra en el año 1.694. En el funeral, los miembros de la judicatura vistieron el duelo. Para ese entonces Inglaterra aún era un Imperio que mantenía fuertes relaciones coloniales, ergo, es de suponer que la moda de la toga negra se propagaría por el mundo.

Marcando la diferencia

La puesta en escena de un juicio es una representación teatralizada que encarna la celebración de un ritual. El protocolo de intervención, el formalismo de la palabra, la colocación de los asientos… Todo tiene un porqué. En este guión hay actores y actrices con distintos roles, cosa que  se puede observar en el lenguaje propio de las togas.

Entrando en materia, en la cúspide del poder judicial se encuentran los jueces y las juezas de varios rangos que pueden pertenecer a tres categorías diferentes: la judicatura, la magistratura y la magistratura del Tribunal Supremo. Quienes ocupan el primer rango son quienes menos tiempo llevan en la profesión y en la toga, en la zona que cubre el lado derecho del pecho, llevan un escudo que les identifica con la palabra «juez». Los y las magistradas, en reconocimiento a su carrera judicial, además de una insignia distintiva, llevan un punto labrado de color blanco que cubre media manga de la toga. Éstas son las denominadas puñetas -de la palabra puño-. Esta distinción se extiende a otros ámbitos; así, por ejemplo, los y las catedráticas también las llevan. A estas alturas, es probable que te estés preguntando qué tiene que ver una toga con mandar a hacer puñetas a alguien: regálame un minuto más de tu tiempo.

¿De dónde viene la expresión ir a hacer puñetas?

La laboriosa tarea de hacer unas puñetas requiere tiempo y dedicación; tengamos en cuenta que es prácticamente imposible encontrar dos pares iguales. Los textos consultados ilustran que la expresión ‘vete a hacer puñetas’ nace presuntamente en Madrid y su origen señala al taller de costura del antiguo Penal de Mujeres de Alcalá de Henares, más conocido por el nombre “La Galera”[7], donde se elaboraba esta prenda para los profesionales de alto rango como jueces y catedráticos. En aquel entonces, como ahora, los talleres de costura se presuponían labores femeninas: en el contexto en que se acuña la expresión, ir a hacer puñetas significa ‘mujer, vete a la cárcel’, ‘vete de mi vista’ o ‘aléjate de mí’.

El taller de costura de La Galera apunta un precedente en la prestación de servicios por parte de los y las internas en centros de privación de libertad y son un ejemplo más de los trabajos disgregados por razón de sexo, a día de hoy vigentes en las cárceles españolas. Las anécdotas como estas nos hacen reflexionar sobre la contundente carga socio-política de algunos símbolos, lingüísticos y materiales, que se han asumido en la cultura popular. Como herencia, un sinfín de palabras, expresiones y costumbres que construyen una memoria histórica invisible, sutilmente cimentada bajo la transmisión verbal.

 

Beatriz P.

[1] Hablamos de magistrados y magistradas, jueces y juezas, fiscales, procuradores y procuradoras y letrados y letradas de la abogacía y de la administración de justicia. Así lo establece el artículo 187 de Ley Orgánica 6/1985, de 1 de julio, del Poder Judicial.

[2] Me ha parecido importante señalar que el masculino no se usa como genérico en este caso; señala que este cargo era únicamente ocupado por hombres. Asimismo, el uso del masculino en el resto del texto denota idéntico significado.

[3] Berbell y rodríguez Vidales, 2009.

[4] Y de aquí nace la expresión: ‘¡Viva la Pepa!

[5] En la actualidad, la separación de poderes es una de las bases del ordenamiento jurídico del Estado español: poder legislativo, poder ejecutivo y poder judicial. Esta separación crearía los cimientos del Tribunal Supremo, órgano judicial dotado de mayor poder en la jerarquía judicial. Posterior a la Constitución de 1.812,  el Rey Fernando VI disolvería las Cortes e instauraría nuevamente un régimen centralizado.

[7]Si quieres más información sobre las Casas Galera, prisiones de mujeres, consulta aquí: http://rutastranquilasmadrileñas.es/edificios/la-galera-en-alcala-de-henares/

Un comentario sobre “Mandar la toga a hacer puñetas: el origen de una expresión coloquial

  • el 19 diciembre, 2017 a las 9:57 am
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    Pues como dice al principio, en mi opinión, si es arcaico el uso de esta prenda, y hasta ridículo.
    No es mas juez o jueza quien lleva toga por el hecho de llevarla, si bien da a entender en una sala quien es quien en cada sitio que ocupan en las sillas estos letrados/as.
    Es como si cada médico por obligación tuviera que llevar bata blanca o verde o el mecánico tuviera que llevar mono de trabajo.
    Es la valía y con resultados se demuestra lo que hace mejor o peor a cada profesional, y dejemos esta costumbre como mera anécdota de un pasado…menos mal que aquí ya no llevan el “peluquín” inglés, pero mejor no demos ideas.
    Interesante el artículo por cierto.

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