Nacional- La Soberanía alimentaria necesita una Reforma Agraria en Canarias y “algo más”

Nuestro “modelo agropecuario” no es capaz ni de asegurar ni siquiera un mínimo 20% de autoconsumo, estando en un 5, o un 7% siendo muy optimistas. Esto quiere decir que ante cualquier acontecimiento internacional, estaríamos condenados a morirnos de hambre, ya que los cálculos más optimistas sitúan en unos tres meses la disposición de alguna comida, aunque las Grandes Superficies hablaban de existencias (Generales) todo lo más para quince días (Dependiendo de qué productos se trate me imagino).

Es aterrador que un día podamos despertar y ser vergonzosamente conscientes que todo lo tenemos que traer de fuera, y que, si nos cortan el suministro, tendremos que aceptar cualquier condición que quieran imponernos. No es posible mayor grado de sometimiento que enfrentarte a morir de hambre o rendirte y claudicar de lo que cualquiera te diga que tienes que hacer. No hace falta decir que eso solo pasa en las colonias, por tanto nuestro Modelo Agropecuario es de colonia y, consecuentemente, no nos va a dar de comer ni cubrir las necesidades más básicas de la ciudadanía.

Pero es que, además, las tierras en explotación no están encaminadas a producir alimentos sino a hacer negocio, en una mercantilización desmesurada del agro, subvencionada para que pueda mantenerse sin que su producción esté encaminada a una producción racional de alimentos, diversificada y planificada, cuyo principal objetivo sea alimentar a una población que demanda la comida que se cultiva. Tomemos el ejemplo del plátano, donde un elevado porcentaje de la producción se tira a la basura (este año 15,4 millones de kilos, lo que resulta una monstruosidad en tiempos de hambre como los que vivimos). Para terminar de “arreglar las cosas”, encima, la producción está sometida a la tiranía de las grande superficies y los mercados internacionales que pagan una media de 0,30 céntimos por kilo y hasta menos, teniendo que sumar a este disparate que otra parte de la producción debe tirarse sin poder comercializarse ni regalarse, por no cumplir los estándares de apariencia que dictan los centros comerciales de la alimentación. La cuestión es simple, si estás subvencionado solo puedes vender lo que te digan, y si te dicen que solo te compran la fruta con una forma, tamaño y color determinado, en ambos casos tienes que tirar el resto, pues en un caso se supone que te compensan con subvenciones y en el segundo, si quieres que las grandes superficies te compren lo ellos quieran, tienes que tirar lo demás porque si no, no les van a comprar a ellos.

Así pues, con estos mimbres no se puede tejer un cesto, está todo pensado para que seamos dependientes. Claro que esta situación se puede revertir, aún estamos a tiempo de hacerlo. Es imprescindible una profunda reforma agraria si queremos tener un razonable 70% de abastecimiento agropecuario, y lo primero que hay que conseguir es cambiar el objetivo de una agricultura y una ganadería que nos haga ser cada vez más libres de la tiranía de unos intereses foráneos que no son los nuestros ni nos benefician. Eso es fácil de conseguir solo con ofrecerle a nuestros campesinos y ganaderos no solo una consideración social que siempre se les ha negado, sino un precio justo a los alimentos que sacan de la Tierra y los ganados, regándola con su sudor y dedicación diaria todos los días del año. Por ejemplo, si a un platanero le ofrecen un precio justo por una lechuga, él, mejor que nadie, sabe que donde se producen 100 kilo de plátanos es posible cultivar 500 ó 1000 lechugas con menos trabajo y menos gastos, es cuestión solo de “economía”, y si encima se le tiene en alta consideración, pues no en vano, junto a los profesionales de la salud, son las profesiones más honorables que pueda haber, tanto mejor.

Claro está, todo esto que he expuesto de forma somera, bien explicado a nuestro pueblo, es entendible por todo el mundo, pero topamos con un problema doble. Por un lado, tenemos que cambiar el “marco legal” que institucionaliza el modelo dependiente de nuestra producción agropecuaria, en concreto nuestro “modelo de adhesión a la UE”, negociado e impuesto a los intereses de Canarias y por el otro nuestra incapacidad actual para negociar otro diferente, más acorde con las necesidades de nuestro pueblo. Y debemos ser nosotros quienes lo hagamos, puesto que ya vemos donde nos han conducido los partidos oficiales del Régimen del 78.

Por lo tanto, para negociar otro modelo de adhesión mientras no llegue el día de la independencia, no es que debemos estar en el Gobierno de Canarias, sino ¡Tenemos que ser nosotros el Gobierno de Canarias! Puede resultar tedioso que de cuando en cuando siga diciendo que debemos constituirnos en un Movimiento Popular de Liberación, y que para ello debemos como mínimo ser capaces de tener una línea común de acción en torno a unos Objetivos Comunes, pero es que es la única forma.

Creo que los partidos “soberanistas” deben dejar la lucha endógena y trasladar el debate y la organización política a nuestro pueblo, hacerlo partícipe de nuestras inquietudes, de nuestros debates  y posiciones políticas, hacerlo protagonista de la búsqueda de soluciones y encuadrarlo en modelos organizativos que nos conduzcan a la victoria, que nos permitan construir un futuro socialmente justo para él mismo. Tenemos que volver a arroparnos de las masas populares, participar junto a ellas de sus inquietudes, problemas, luchas, esperanzas y demandas.

No podemos pretender el apoyo de amplias masas populares sin ser una parte más de ellas, ni se puede pretender que simplemente nos sigan sin más. Eso nos lo tenemos que ganar como siempre lo hicimos, y a estas alturas conviene no olvidar o recordar que siempre que tuvimos algún peso político fue porque estábamos con los más desfavorecidos, a su lado, aguantando los palos con ellos, amplificando su voz…

Desde la Vieja Fortaleza de Anaga, Rukaden Ait Anaga

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