Secundino Delgado: “Un paréntesis”

El 12 de diciembre de 1901, en El Obrero, órgano de la Asociación Obrera de Canarias, se publica uno de los artículos más significativos a la hora de entender los horizontes en los que se movía el pensamiento de Secundino Delgado. El denominado “Padre del nacionalismo canario” se despide de la redacción de El Obrero, aunque dicha despedida pretende ser “un paréntesis”, como anuncia el propio título del artículo.

Se trata de una carta de despedida en la que Delgado recorre los lugares comunes que caracterizan su pensamiento político, señalando los factores que motivan de forma primigenia su pensamiento y su praxis: el “patriotismo y amor entrañable” a su pueblo canario. Un ideario en el que se desprende parte del idealismo que caracteriza su pensamiento. Secundino no duda en apelar a sus “ideas liberales y cosmopolitas”, y en su defensa del progreso, habla de las “necesidades de la época” y de los “impulsos de la historia”. El ideario delgadiano se eleva en la promoción de valores universales: “Libertad” y “Justicia”. De esta forma, la promoción de la “libertad y (el) progreso para las Islas Canarias” se convierte en la constante ideológica que destilan sus textos.

Por otra parte, no debemos obviar que el mensaje político de Secundino Delgado se atiene a una doble matriz, donde la lucha contra la explotación de las clases trabajadoras se adhiere a la lucha por la emancipación del pueblo canario. Aunque en este texto Secundino anuncia que se abstendrá por un tiempo de la “lucha económica”, y establece una jerarquía clara de intereses. Para Delgado, “en Canarias la lucha primordial ha de ser en defensa de la autonomía”. Se apela al “sentido común” que determina la consigna: “antes que el mendrugo que nos alimenta, antes que el traje que nos abriga y antes que todo, está la dignidad del pueblo canario”.

Un paréntesis

Necesidades de la época, impulsos de la historia, reconcentrado patriotismo y amor entrañable a este pueblo canario, me obligan a manifestar la precisión que tengo que hacer un paréntesis absteniéndome por un lapso de tiempo, más o menos corto, en la lucha económica que al igual que en las demás naciones se había entablado en nuestra poética, rica e histórica Patria.

Sabido es, y yo ni me arrepiento ni lo niego, que mi carácter altruista y mis ideas liberales y cosmopolitas, me obligaron en las naciones extranjeras donde me encontrara, a tomar una parte activa en defensa de la Libertad y de la Justicia, sin que me hayan arredrado ni el cepo del tirano, ni la mordaza del liberticida, ni la repugnante coacción del ultramontano. 

Es claro que siendo repúblicas la mayor parte de los Estados que visitara en mi expatriación, mi batallar fuese en defensa de los nuevos ideales que reclaman el bienestar de las clases productoras. Pero he aquí que en Canarias la lucha primordial ha de ser en defensa de la autonomía.

Por nuestra mayoría de edad, por el siglo en que vivimos y por reconocimiento y respeto a nuestros heroicos y mártires abuelos, estamos obligados a reclamar del Gobierno de España, mediante su protección, las libertades necesarias para regirnos por nuestros propios destinos.

Pues el sentido común ha de demostrarnos que antes que el mendrugo que nos alimenta, antes que el traje que nos abriga y antes que todo, está la dignidad de nuestro pueblo; esto es, la dignidad del pueblo canario.

Y, ¿existe ésta mientras llevemos como réprobos, el hierro de la conquista  sin haber pedido dentro de las leyes que nos marca el Progreso, la autonomía a la nación que conquistara a estas islas?

Podrán haber canarios más o menos ricos, rodeados de placeres y satisfechas todas sus necesidades, como también hay canarios pobres que carecen de lo más perentorio; pero juzgados ambos por el ciudadano extranjero o por cualquier hombre de carácter reflexivo, infaliblemente verá en los dos, hombres indignos que no han tenido el valor de exigir lo que la dignidad les mandara, por conducto de la Historia, la Geografía y las Leyes naturales.

Con esta convicción, no dude en formar parte de la Asociación Obrera de Canarias y así que tuve ocasión propicia manifesté, ya en discursos, ya en las columnas del órgano que representa a dicha Asociación, mis propósitos autonomistas y hoy que una gran parte de este pueblo está conforme con tan sublimes ideas, al mismo tiempo que hombres tan importantes como D. Ricardo Ruíz Aguilar, publicistas como D. Manuel Delgado y Barreto, D. Luis F. Gómez Wangüemert y otros no menos valiosos indirectamente han venido en nuestra ayuda, creo llegada la hora de abandonar el periódico El Obrero para que éste siga su curso en el derrotero que le marque la Asociación, mientras que yo y mis compañeros afines, iremos a cumplir con nuestro sagrado e inviolable deber.

Estas son, pues, las causas que me han aconsejado a proponer a los obreros canarios este «Paréntesis».

Si decididamente optamos por la autonomía, no distrayéndonos en las luchas económicas, puesto que en este Archipiélago son secundarias, el Gobierno de la Metrópoli se vería obligado a reconocernos autónomos y entonces el problema de las ocho horas, el bienestar de los trabajadores, estaría asegurado, porque con el sufragio, el pueblo haría presión sobre los legisladores, quedando resuelta la cuestión de una manera equitativa y justa.

En este concepto, si retiro mi humilde pluma de la Redacción de El Obrero, es en la creencia de que la propaganda autonomista será la que por medios más viables, venga a recompensar y a satisfacer las aspiraciones de los obreros canarios.

No obstante mi determinación indispensable, tengo a orgullo seguir perteneciendo a la Sociedad, a quien voy unido con la mente y el corazón.   

 

Secundino Delgado

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