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¡¡¡No en mi nombre, no con mi silencio!!!

Toda violencia necesita poder, silencio y miedo. Cuando uno de esos tres se rompe, la violencia empieza a perder”

No hay contexto que justifique una agresión. No hay poder que excuse el abuso. No hay ideología, religión, cargo, uniforme ni dinero que deba ni pueda convertir la violencia en algo aceptable. Y hay que decirlo con gran claridad, sin eufemismos y sin ningún tipo de miedo:
la violencia sexual, agresión física; por la razón que sea: no tiene razón de ser absolutamente, pero sí tiene responsables.

Son mafiosos que trafican con personas como si fueran mercancía. Son machistas violentos que creen que el cuerpo de una mujer, de un hombre, de una anciana, un niño, una niña, una persona de otra raza les pertenece. No, nadie en absoluto es nadie de nadie.

Son agresores sexuales que utilizan la fuerza, la intimidación o la vulnerabilidad para someter. Son sacerdotes, religiosos, religiosas y seculares abusadores que traicionan la fe, la infancia y la confianza, escondiéndose detrás de una institución de poder religioso para cometer delitos atroces contra niños y niñas. Son hombres poderosos, políticos, ricos empresarios, famosos artistas que utilizan el dinero, la fama o la necesidad ajena para abusar de jóvenes y silenciar a sus víctimas.

No, no y no. Ni una persona más bajo sus garras

No son “errores”. No son “casos aislados”. No son “malentendidos”. Son crímenes, son costumbre enquistada en la forma de ser de muchos que se sienten con el poder y que están seguros en ese poder que además los avala y protege.

Condeno de manera absoluta toda agresión sexual contra las mujeres, ejercida por hombres que usan el miedo, la desigualdad o la violencia como herramienta de dominación. Condeno los abusos sexuales cometidos contra menores, especialmente cuando quienes los perpetran deberían protegerlos y no destruirlos.

Condeno los abusos cometidos desde posiciones de poder, donde la necesidad se convierte en una trampa y el silencio en una condena.

Condeno también las agresiones contra parejas homosexuales, perpetradas por grupos violentos que odian lo diferente y atacan el amor, la libertad y la dignidad. Nadie provoca una agresión por amar.

Nadie merece ser golpeado por existir. Y condeno con la misma firmeza la trata de personas, las redes criminales que se enriquecen explotando a personas migrantes, aprovechándose de su desesperación, de su pobreza y de su falta de alternativas. Eso no es negocio. Eso es esclavitud moderna. Y condeno, con la misma claridad, la trata de personas, las mafias que utilizan a seres humanos —especialmente personas migrantes— como mercancía, como números, como cuerpos intercambiables al servicio del dinero y del poder. Nadie abandona su hogar por capricho. Nadie merece ser explotado por buscar una vida digna.

Todos estos abusos tienen algo en común: el uso del poder contra quien no puede defenderse. la cosificación del ser humano. el silencio impuesto como arma, por eso lo digo alto y claro: no en mi nombre. No con mi silencio. No con mi indiferencia.

La dignidad humana no se negocia. Y quien agrede, abusa o explota, debe ser nombrado, denunciado y juzgado.

Nombrar al agresor no es odio: es el primer acto de justicia hacia quien fue obligado a callar.”

 

Juan Antonio Gómez Jerez

(C) JAGJ-2026

https://lasletrasdesdelaluna.blogspot.com/

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