Bajo la misma estrella

Caminas por las calles de tu ciudad, las luces navideñas empiezan adornar tu entorno y el frio cala en tus huesos. Tienes los cascos puestos y la música es un aliciente para acelerar tus pasos, sabes que al final del día llegaras a tu hogar, un hogar donde te espera tu familia y en donde podrás ponerte esas zapatillas tan cómodas y calentitas que te han regalado en tu ultimo cumpleaños.

Miras a un lado y observas a varias personas que se acurrucan en un rincón de una gran superficie, piensas que es una pena, pero ya se ocuparan los servicios sociales, al fin y al cabo, este no es tu problema, con eso callas a la débil conciencia social que intentaba brotar en tu encuadrada mente.

Anochece y el vaho se escapa de tu boca difuminándose con el frio entorno, una estrella brilla en el firmamento y ¡Vaya estrella! es capaz de refulgir por encima de las luces de la ciudad. Ya estás en casa y sorpresa tus amistades se encuentran en ella pues hoy toco cenar en tu hogar, sonríes, bebes, comes y amas tu vida, como es lógico ya borraste de tu mente la situación que vistes en el fastuoso centro comercial, al fin y al cabo, ese no es tu problema.

La temperatura cae en picado, poco a poco las fuentes se cubren de una fina película de hielo y en las ramas de los árboles de los parques se crean pequeños cúmulos de escarcha, haciendo bella la estampa de la fría noche otoñal.

Miras por la ventana y la estrella sigue brillando situándose casi encima de tu casa, vas a tu cama, te envuelves en las cálidas sabanas y duermes.

Hola ¿Qué tal?, ya es de día, te desperezas y vas a desayunar, hoy te preparas un chocolate caliente y unas tostadas con mantequilla, enciendes la televisión, pegas un bocado a la tostada pero no eres capaz de tragar, sale una noticia: “Fallece un hombre sin hogar en las calles de nuestra ciudad”, están entrevistando a una persona que parece ser su compañero de penurias: “Murió mirando una estrella decía que era ¡la más bella que había visto en su vida!”, te das cuenta que lo vistes ayer .

Sales de tu morada y de repente como salido de la nada ves personas pidiendo limosnas en las puertas de los comercios, una larga cola para entrar en un comedor social y a un hombre envuelto en una fina manta, en un banco que no puede disimular el temblor de su frágil cuerpo, te acerca a él y le preguntas que desde cuándo está la situación así,  y que cómo no te habías dado cuenta. Él te mira y te dice que siempre ha sido así, lo único es que son invisibles para la sociedad, el último eslabón y te agradece que hables con él.

Algo pasa en tu mente, es como si una puerta se abriera y te das cuenta de que este si es tu problema, que cada una de las muertes de estas personas en las calles es un fracaso colectivo y que no se puede seguir negando esta evidencia, es hora de comenzar a cambiar.

Jesús Socas Trujillo

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