Canarias frente al reto de la transición energética: ¿qué transición y a qué precio?

“Muchos de estos problemas se hacen más evidentes en territorios insulares como el canario, reducido, fragmentado y frágil, con recursos naturales escasos y limitados, de alto valor ecológico, de gran especificidad y vulnerabilidad, sometidos a una elevada presión humana, consecuencia de los sucesivos modelos económicos de explotación colonial impuestos a lo largo de su historia

“La implantación de las energías renovables, en vez de ser una oportunidad para la democratización del modelo energético, está respondiendo a los mismos patrones que nos tiene acostumbrado el capitalismo neoliberal y el clientelismo político-empresarial canario que han dado pie a gran parte de los problemas que tenemos en la actualidad”

Carta abierta por el Día Mundial del Medioambiente

La emergencia climática, la pandemia y la crítica situación económica y social que experimenta Canarias exigen redefinir nuestro modelo y rediseñar la forma en que generamos prosperidad y bienestar para cubrir las necesidades de todas y todos, reconsiderando cómo producimos alimentos, generamos energía o gestionamos los residuos, entre otras cuestiones.

El calentamiento global se presenta como el principal problema ambiental al que se enfrenta la humanidad, pero no el único, ya que la pérdida de biodiversidad, la fragmentación y urbanización del territorio, el agotamiento de recursos naturales y el colapso de los sumideros (de residuos, de contaminación, de carbono…) son también problemas impostergables. Todos tienen un origen común: el actual modelo económico y el mal llamado “desarrollo”, basados en la creencia de que es posible un crecimiento económico ilimitado (intensivo en el uso de recursos y mano de obra barata), en un planeta con límites biofísicos. El deterioro ecológico y social es consustancial a este modelo, en el que a los impactos medioambientales se le suman los sociales, como el aumento de la desigualdad, el desempleo y la pobreza, en una sociedad cada vez más individualista y desencantada con la política y las instituciones.

Muchos de estos problemas se hacen más evidentes en territorios insulares como el canario, reducido, fragmentado y frágil, con recursos naturales escasos y limitados, de alto valor ecológico, de gran especificidad y vulnerabilidad, sometidos a una elevada presión humana, consecuencia de los sucesivos modelos económicos de explotación colonial impuestos a lo largo de su historia. El modelo económico actual, globalizado, desarrollista, dependiente y especulativo se ha basado en el monocultivo del turismo de masas en los últimos 50 años, una industria insaciable que depreda el territorio, banaliza y mercantiliza nuestra cultura que ha generado una burbuja laboral, que se acompaña a su vez de desorbitadas cifras de paro, lo que nos hace extremadamente vulnerables ante cualquier crisis global, como ha evidenciado la pandemia provocada por la COVID 19. ¿Es este el modelo que queremos para nuestro futuro?

La humanidad reclama un cambio de modelo de desarrollo y energético, no como un capricho, sino como una necesidad imperiosa de supervivencia civilizatoria y como un acto de responsabilidad con las generaciones venideras y con el resto de formas de vida del planeta. Pero un territorio como el canario, tan singular a la vez que vulnerable, no se puede permitir el lujo de tener una mirada estrecha del problema y centrarse solo en la sustitución de energía fósil por la renovable, sin replantearse el modelo energético y sin tener en cuenta el resto de factores y problemas ambientales y sociales que tenemos que abordar como pueblo.

Cuando hablamos de descarbonizar la economía no podemos referirnos únicamente a un mero cambio tecnológico que sustituye combustibles fósiles por fuentes renovables, también debemos tener en cuenta sus efectos sobre otros factores ambientales de alto valor ecológico y económico: ecosistemas naturales, biodiversidad, suelo agrícola productivo, paisaje, etcétera, ya muy deteriorados en nuestras islas. Además, no podemos hablar de soberanía energética sin hablar de soberanía alimentaria y de nuestra alta dependencia del exterior. Debemos abordar además la necesidad de una transición energética democrática, que favorezca el ahorro, la eficiencia, y el autoconsumo y del control público de un sector estratégico, actualmente en manos del oligopolio energético de siempre, copado por empresas transnacionales ahora interesadas en las renovables.

El cambio de modelo energético debe estar basado en el empoderamiento ciudadano y de lo público, en la descentralización de la producción y el almacenamiento, pero sin dispersar los impactos ambientales en el territorio ni aumentar los actuales niveles de consumo. La implantación de las energías renovables, en vez de ser una oportunidad para la democratización del modelo energético, está respondiendo a los mismos patrones que nos tiene acostumbrado el capitalismo neoliberal y el clientelismo político-empresarial canario que han dado pie a gran parte de los problemas que tenemos en la actualidad.

Las grandes decisiones, las estrategias de calado, las que condicionan nuestro devenir, están lejos del alcance de la sociedad civil: las define el gobierno de turno, mediante una política de hechos consumados y cortoplacista, al servicio de los fondos buitre y de las grandes corporaciones, que marcan los pasos de nuestro modelo económico y energético sin tener en cuenta los límites y la gestión integral del territorio. Se continúa con una inercia aparentemente imparable de implantación en manos de transnacionales como REE y Endesa. Se promueve el aumento del consumo energético per cápita, la electrificación del consumo (el transporte rodado, electrodomésticos, etc.), para aumentar y justificar la necesidad de mayor potencia instalada de la red y, dada la discontinuidad característica de las renovables, se favorecen inversiones vertiginosas y de cifras desorbitadas en infraestructuras para el almacenamiento y la interconexión de las Islas.

Se debe parar esta inercia, es el momento. Muchos de los centros de generación convencionales basados en combustibles fósiles están al final de su vida útil, es el momento clave y oportuno para el desarrollo de un modelo energético a escala humana, en manos de la gente y que cree riqueza local. Dada la trascendencia para el futuro de nuestra tierra, urge un verdadero proceso participativo y un debate público de calado que esté a la altura de los actuales desafíos. Los retos a los que nos enfrentamos implican una planificación estratégica participativa y multidisciplinar que integre una visión social, ecológica, económica y cultural.

En este momento crítico, necesitamos consenso social sobre aspectos claves que puedan ayudarnos a no perder la visión integral y transversal de la problemática. Aquí́ proponemos algunas preguntas que afrontar desde el debate y consenso público:

– ¿Qué modelo de desarrollo y modelo económico queremos para Canarias, basándonos en la vulnerabilidad en la que nos sitúa nuestra dependencia del exterior, nuestras especificidades, y la realidad del cambio climático? ¿Qué acciones son necesarias para desarrollar este modelo?

– ¿Cómo integrar en este modelo, la agenda de la mitigación y la adaptación al cambio climático?

– ¿Qué modelo energético da respuesta a dicho modelo de desarrollo económico?

– ¿Cuáles son los límites de la implantación de sistemas de generación de energías renovables y de almacenamiento energético? ¿Cuánta, dónde, cómo y qué ponemos en juego? ¿Son necesarios los sistemas de generación y almacenamiento energético masivos en el modelo energético que necesitamos? ¿Es coherente asumir una mayor fragmentación e impactos ambientales y sociales para favorecer la mitigación y/o la adaptación al cambio climático? ¿Nos ayuda a hacer una transición ecológica acorde con nuestra realidad? ¿Qué soluciones tecnológicas generan menor impacto local y global?

– ¿Qué modelo de ordenación del territorio necesitamos para dar respuesta a las necesidades humanas entre ellas la conservación de la biodiversidad, de la que depende la provisión de agua, suelo etc., la provisión de alimentos saludables, el mantenimiento del paisaje cultural etc. además de la producción energética?

– ¿Cómo abordar la transición energética de forma democrática? ¿Qué papel está jugando la ciudadanía a la hora de definir el modelo energético y económico?

Desde la federación ecologista Ben Magec Ecologistas en Acción hacemos un llamamiento a las instituciones y a la sociedad civil para hacernos estas y otras preguntas en este momento histórico clave. Pretender descarbonizar la economía y reducir la huella ecológica en nuestro territorio, sin reducir los actuales niveles de consumo es una falacia que nos sigue conduciendo al colapso. Es necesario alumbrar otro paradigma, otra forma de relacionarnos con La Tierra que sitúe el bienestar de todas las personas y la conservación de la vida humana y natural en el centro del debate.

 

Noelia Sánchez Suárez

Secretaria General de la Federación “Ben Magec-Ecologistas en Acción”

 

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