Canarias: sus Puertos Francos y el REF

Hay dos temas que han estado en el candelero en los casi dos últimos siglos en Canarias: por un lado el alienante Pleito Insular (1808) y por el otro, repleto de tópicos, los Puertos Francos (1852), éstos hoy día, sustituidos por el REF, dos ejes, entre otros, sobre los que se ha sustentado el poder colonial.

Foto antigua del Puerto de La Luz (FEDAC/Cabildo Insular de Gran Canaria)
Foto antigua del Puerto de La Luz (FEDAC/Cabildo Insular de Gran Canaria)

En esta ocasión me ocuparé de los Puertos Francos, de los cuales sabemos que la idea inicial fue del científico naturalista y antropólogo francés Sabino Berthelot, idea más que probable recogida de los debates y corrientes de opinión que tuvieron lugar en Francia a partir de 1814 sobre el proteccionismo, el comercio libre y puertos francos y la asunción de la teoría del escocés Adam Smith (1723-1790), que sobre la libertad comercial dejó dicho “debe suprimirse todo lo que encarece el consumo“, o sea un ataque directo a los aranceles aduaneros. Sabino Berthelot tuvo su etapa de Cónsul de Francia en el archipiélago en 1847 cuando fue nombrado agente consular interino en Santa Cruz de Tenerife, y posteriormente cónsul de primera, en 1874.

La idea de la creación de los puertos francos sería trasladada a las autoridades coloniales, siendo el principal promotor de los mismos Cristóbal del Castillo y Manrique de Lara (1818-1871), que fue Alcalde de Las Palmas en 1858 y 1860-61, perteneciente a la nobleza y oligarquía canaria, junto a su hermano y a otros relevantes personajes de la política colonial isleña de la época, los llamados Patricios. Es a él a quien se atribuye el preámbulo de la Ley de Puertos Francos, promulgada por Juan Bravo Murillo el 11 de julio de 1852, que por cierto, no estuvo nunca en Canarias. A este respecto hay que decir que el abogado y empresario canario Bernardino Correa Viera (1906-1972), conocedor y defensor a ultranza del puerto franquismo, investigó la documentación y papeles pertenecientes a Cristóbal del Castillo, depositados en el Museo Canario, en la creencia de que también fuese el artífice del articulado o por lo menos de algunos apuntes sobre el mismo. No fue así, ya que parte de sus documentos, al parecer, no llegaron al citado museo.

Haciendo un paréntesis, me referiré a Bernardino Correa Viera, que en un artículo publicado en la revista financiera del Banco de Vizcaya en 1950, titulado “Valor de la situación geográfica“, al finalizar el mismo decía “…A este propósito yo me permito sugerir que a fin de romper con los entorpecimientos que las vicisitudes monetarias han puesto en nuestro uso y disfrute de los Puertos Francos, debe llegarse, si así lo aconsejan las circunstancias después de un profundo estudio de economía monetaria, hasta crear el signo monetario de Canarias, que funcione con su trabazón con toda la economía….”. Esto lo llegó a dejar por escrito en pleno franquismo. Hoy en “plena democracia” en Canarias el euro… y los depósitos de los ahorradores canarios depositados en las Cajas de Ahorros los hicieron volar hacia Madrid, sin que nadie alzara la voz -entre ellos los “afamados” escribidores y gasta tinta-, ni aparezca tampoco nadie, como culpable de tamaña tropelía.

En su día, los puertos francos constituían una herramienta importante como incentivo fiscal para el comercio, tanto con las Islas como desde las Islas. Las razones utilizadas por los defensores del llamado “puerto franquismo” o “librecambismo” para demandar un sistema impositivo distinto al sistema arancelario imperante en la metrópoli, se fundaban en la realidad de que la economía canaria, históricamente, nunca fue complementaria de las economías de la metrópoli, y sus plazas de negocios estaban en Londres y Amberes.

Añado un inciso como mera curiosidad: el Diario de Las Palmas de fecha 1 de marzo de 1899 daba a conocer la noticia siguiente, “Sabemos que de Madrid se han pedido a esta plaza muestras de plátanos con objeto de dar a conocer dicha fruta en aquella capital y entablar negociaciones con los propietarios y exportadores de este fruto”.

¿Pero el auge de la economía canaria después de la promulgación de los Puertos Francos se debió sólo a estos? La respuesta evidentemente no es fácil, puesto que, por un lado, la pobreza, el analfabetismo y su correlato la emigración, continuaban haciendo estragos, ya que las variables en juego son múltiples, situación estratégica del Archipiélago, el auge del tráfico marítimo, la creación y aparición de empresas portuarias de todo tipo, a impulso de los ingleses, y a que en aquellos años comenzaba la desaparición de las exportaciones del vino y la barrilla y aparecía, pujante, la exportación de la cochinilla y que por el precio que se pagaba fue llamada el “oro rojo de Canarias” y después, ya en el período 1881-1885 empezaría el plátano y en el siguiente quinquenio el tomate. Evidentemente los Puertos Francos facilitaron el auge del comercio, pero para que éste florezca tiene que haber producción y esto último existía solo de la mano de la agricultura.

Con fecha 6 de marzo de 1900, se daría a conocer el 20 de mismo mes, se publica la “Ley Confirmando la Declaración de Puertos Francos hecha a favor de los de las Islas Canarias”, en cuyo artículo 9º y siguientes, se faculta el arriendo mediante subasta y canon la gestión de la recaudación de los arbitrios, a excepción de los reservados por el Estado, fue adjudicada a la “Asociación Arrendataria de los Puertos Francos”, feudo político del caciquismo, con su vertiente del “pleito insular” en su versión comercial, y que tendría una vida convulsa y azarosa, con nuevos arriendos incluidos. La primera adjudicación sería concedida a D. Luis Vandervalle (sic), en marzo de 1900 por 2.000.000 de pesetas anuales, constituyéndose posteriormente como sociedad anónima, dos años después rescindido el contrato y concedido a la Asociación Gremial (compuesta por comerciantes, industriales y cosecheros-propietarios) de Puertos Francos (Real Decreto de 2 de julio de 1902). Estas asociaciones durante casi cinco años estuvieron encargadas de las recaudaciones de los arbitrios. Estas compañías estuvieron apoyadas en todo momento por el cacique Fernando León y Castillo. El Estado Español a finales del siglo XIX y comienzo del XX, utilizaba todos los mecanismos en sus manos para recaudar fondos con que poder llenar sus vacías arcas públicas y de hecho la Ley de 1900 no pretendía otra cosa…

Llegado a este punto y para abreviar, se llegaría al año 1972, fenecido prácticamente los Puertos Francos, cuando militantes del Partido Comunista de España y el Partido Socialista Obrero Español, mayormente, conformarían el Régimen Económico Fiscal de Canarias, el conocido como REF, de escaso o testimonial contenido social, que se convierte en la Ley 30/1972, para a renglón seguido y con el objeto de conciliar los aspectos fiscales con la UE, se consolida de nuevo como Ley 20/1991 y posteriormente en 1994 al introducirse algunas modificaciones impositivas, la Zona Especial Canaria (ZEC) y la reprobada RIC (Reserva para Inversiones en Canarias), sobre la que los entonces reconvertidos “eurocomunistas” alardeaban de sus innegables beneficios, se convierte en la Ley 19/1994.

Con el instrumento de la RIC en la mano, un pequeño paraíso fiscal diseñado para los empresarios y comerciantes que operan en el Archipiélago, la metrópoli afianzaría la sumisión de la colonia en manos de la oligarquía empresarial y comercial y partidos políticos españoles o seudocanarios, ya de por sí sujetada por un Estatuto de Autonomía, impuesto e inservible, además de meter a Canarias, por la fuerza, en la Unión Europea, y, para mas escarnio, como Región Ultraperiférica (RUP), a pesar de la oposición de la mayor parte del empresariado canario englobado en el sector secundario, que se decantaba por el Protocolo II.

A partir de 1992 se empezó a hablar de la “estafa europea” con el problema agrario sobre la mesa (plátano y tomate), por la no inclusión del plátano en el Gatt y la producción del tomate.

Llegados a este punto, retomo, asumo y transcribo lo que escribiese Pablo Ródenas en 1979 “…La geografía hace de Canarias una unidad territorial integrado en el marco geopolítico y económico africano. Más aún, la concesión de los Puertos Francos y los sistemas fiscales para Canarias supone, según esta concepción, el reconocimiento de la especificidad canaria. Ello no supuso la extinción del colonialismo, como según se dice afirman los regionalistas, sino una profundización de la dominación económica de España sobre Canarias….”

Por cuanto queda dicho, tanto los Puertos Francos como el REF, éste más que aquel, es el mejor mecanismo que ha dispuesto España y sus servidores en la colonia, para el sometimiento de nuestro Archipiélago, tanto en lo político como en lo social y económico.

 

 

 

Rafael Delgado Perera

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Bibliografía:

-Guimerá Peraza, M. – los Puertos Francos en Canarias en el siglo XIX – Textos Federación de comercio de Tenerife (Fedeco), 1989

-Smith, Adam -La riqueza de las naciones – Edición de C. Rodríguez Braun- – Madrid: Alianza Editorial – 1994 (1776)

-Banco de Vizcaya, Revista Financiera,-Homenaje a la economía canaria- número 76, Bilbao , 1950- Bernardino Correa Viera, páginas 27 y 28

-Manuel María Gutiérrez – Comercio libre o funesta teoría de la libertad económica absoluta – Madrid, 1834

-Ley Real Decreto y Reglamento de los puertos de las Islas Canarias – Diputación Provincial de Canarias – Madrid- 1900

-Documentación Social – Revista de Estudios sociales y de sociología aplicada -Dedicada a Regiones, autonomías y nacionalidades-Editada por Cáritas Españolas – Núm. 45 -Octubre-Diciembre 1981 – Alberto Galván Tudela – páginas 181-197

-Periódicos diversos tanto canarios como españoles: Boletín Oficial de Canarias, Gaceta de Madrid, La Opinión (Tenerife),El Tiempo (Tenerife), El Progreso (Tenerife), El Obrero (Tenerife), El Progreso de Canarias (Tenerife), Unión Conservadora (Tenerife), Diario de Tenerife, Diario de Las Palmas, Las Canarias (Madrid).

Un comentario sobre “Canarias: sus Puertos Francos y el REF

  • el 7 septiembre, 2016 a las 3:21 pm
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    Canarias siempre ha sido diseñada en su historia colonial para los intereses económicos de todas las clases oligarcas españolas y criollas. Territorio de rapiña y expolio.

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