¡De ilusiones no se vive, la esperanza es sólo un deseo!

No hay duda de que Canarias y su pueblo pueden vivir con garantías como Estado soberano, dentro del concierto internacional, con unas posibilidades de desarrollo en todos los sectores inimaginable para nuestro alienado y desgraciado pueblo.

Canarias y su pueblo, por hechos y datos contrastados en los propios balances económicos de la metrópoli, es una gran mina de oro a la que no han vendido ni soltado a su suerte, al comprobar que mucho se renta de sus altos rendimientos económicos. España rapiña más de nuestras rentas que lo que recibimos de la metrópoli, añadiendo que el residuo o la limosna que nos devuelven ni, si quiera, revierte en el pueblo sino en la casta esbirril que cuida de la finca ultramarina. Por este y otros motivos de supervivencia, no queda otra salida que romper con el aherrojamiento secular que nos ha convertido en sus siervos y nuestra patria en su prostíbulo.

La cuestión radica en cómo cambiar esta deplorable e humillante situación, conociendo que la metrópoli cuenta con todos los medios para la distorsión y el engaño, el aparto de adiestramiento –desde las universidades hasta la primaria–, su estructura de coerción mediante leyes intimidatorias y antihumanas, su maquinaria policial y militar, mas, sobre todo, con una mayordomía lacayil que le hace el trabajo sucio –nauseabundo–   a cambio de enriquecerse con la miseria de su pueblo.

No, no tienen excusa, no hay efugio para todos los que treparon hasta las administraciones coloniales con el único objetivo de medrar en contra de los intereses y derechos de nuestro pueblo –muchos, inclusive, partiendo del campo independentista–, uniéndose a los caiques e hijos y nietos de éstos que han subyugado durante siglos a nuestra gente. No me cansaré de decir, que quien entra a formar parte de la estructura colonial terminará pudriéndose y los tenemos a todos enchufaditos y a la vista, prestándose, sin rubor, a los dictámenes de la madrastra arbitraria en detrimento de nuestros derechos nacionales y sociales.

La mayoría de nuestros paisanos creen que es imposible vivir como Estado soberano, dando por hecho que España es fundamental o imprescindible para la supervivencia de Canarias, desconociendo que la servidumbre a que estamos abocados deviene del axiomático estatus colonial que nos atenaza y que nos empobrece económica y psíquicamente: “sólo es utopía lo que no se intenta” –expreso yo en un tema musical mío.

Empero, está la otra parte que tiene magna responsabilidad en el anquilosamiento del soberanismo y el arraigo y avance del colonialismo en la amplitud de nuestra nación y en la psique de nuestro pueblo, sector que antaño estaba unido en el proyecto anticolonial y que, por mor de los personalismos y el despreciable afán de notoriedad, han atomizado y esterilizado lo que hoy podría haber sido ese el gran Movimiento de Liberación Nacional y, quién sabe si, de no caer en el envilecimiento, hoy ya hubiéramos sido un Estado soberano con nuestro asiento en las Naciones Unidas.

Este fin de semana me encuentro con un antiguo compatriota, que me dice que “hay que tener esperanza y todo saltará en su debido momento”: nada se consigue por casualidad ni por mandato divino sino por la acción en bloque contra el colonialismo, no caben los milagros.

Retomando lo de la atomización y la evidente dispersión propagada por estos personajes en el campo nacional, se le ha hecho al colonialismo español una labor “encomiable” gratuita. Cada cual, con su narcisismo enfermizo, ha montado su clan que, de forma cainita y fratricida, ha aleccionado en su verdad absoluta a las nuevas, despistadas e ingenuas generaciones que practican con la ignorancia más supina, sin imparcialidad ni contrastación de lo sucedido otrora, el ataque contra otros clanes o bien contra los hombres que, por decoro, señalan el mal ya endémico e irremediable en nuestra patria.

Sí, todos dicen tener la razón y haber sido víctimas de algo –es posible–, pero cada uno de los profetas o líderes de postín tienen su nefasta historia en rupturas de proyectos que podrían ser funcionales, y que rompían si no se colocaban en la escala de la notoriedad; de acciones políticas impúdicas y reprobables… Individuos que, además, usan como arma de destrucción la vida personal del otro, usando la más mendaz puñalada con el fin de dañar, desprestigiar, buscar la animadversión y cualquier estrategia perversa que se les pueda ocurrir.

No es culpa de los hados que esto haya sucedido y, aunque es cruda y desgarradora la historia, hay que darle luz –a veces contra de mi voluntad–, pero la memoria y la crítica siempre es positiva si no se quiere seguir en la misma senda que sólo llega al mismo lugar: a tropezar con el inexpugnable muro del colonialismo.

A mi juicio, creo que hay que cambiarlo todo, ya que el colonialismo español ha mutado adaptándose a los nuevos tiempos, mientras el llamado independentismo sigue estancado en viejas formas que ya son afuncionales y, por ende, estériles para competir con el enemigo.

Tantos que alegan que no tenemos medios para articularnos ni aparato para contraatacar el coloniaje, cuando me consta que hay una clase media, empresarios canarios asfixiados por las multinacionales y las políticas anticanarias –coloniales– llevadas a cabo (que han desmantelado casi todos nuestros sectores productivos para beneficiar a importadores amigos y familiares de políticos vasallos), que estarían dispuestos a la cooperación en la emancipación de Canarias… Claro, el requisito primordial de este sector de nuestra nación es que exista una estructura aglutinadora, con un proyecto viable, serio y pragmatismo, para ellos poder dar el paso junto al conjunto de la sociedad. Sí, estoy hablando de empresarios sin ideología y que tienen claro que lo primordial es engrandecer Canarias porque, sólo así, engrandeceremos a las y los canarios.

Yo, ojala me equivoque, observo que, con lo que pulula por estos lares, no hay solución ni remedio, a no ser que surja una nueva generación que no se deje manipular ni pudrir por estos los clanes –cuyos argumentos es vivir del cuento histórico de lo que hicieron o lograron, o lo que mal hicieron–, que maduren para buscar esa estructura anticolonial donde se muevan como verdaderos militantes y activistas, que trabajen al margen de cualquier intoxicación e injerencias mesiánicas y que su norte sea exclusivamente la liberación nacional de Canarias. Mi padre me dijo, antes de morir, que se iba con la pena de no poder ver su Canarias independiente… recuerdo que mis palabras fueron: “quizás yo tampoco la vea, pero no voy a dejar de luchar por ello”.

 
 
 

Isidro Santana León  

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