Devolvamos la vida a Las Hiedras: retirada del muro de la vergüenza

Cuando Fernando Sabaté, junto con José Antonio Valbuena en perfecta comunión, defendieron a capa y espada (pleno del Cabildo de 3 de noviembre de 2017) la actuación verdaderamente asombrosa que se llevó a cabo en la pista de Las Hiedras hace ahora entre tres y cuatro años (la cosa se prolongó bastante en el tiempo), aseguraban que en tres añitos vamos, con la vegetación y tal, ni se notaría la intervención.

Y hombre, es verdad que uno va por allí y si no vas más allá del hormigón pues bueno, hay árboles y tal como corresponde a un bosque de laurisilva, pero lo que es pequeño pie de monte que por décadas se fue formando en el margen que hoy ocupa un muro de piedra y hormigón, de una riqueza biológica extraordinaria, no sólo ha desaparecido sino que estos siniestros personajes lo utilizaron como relleno para la pista. Así, tal cual, y con él las centenares de especies no sólo vegetales sino de todo tipo de pequeños invertebrados y demás que ahí favorecían procesos naturales únicos y característicos de este tipo de bosque.

Pero en fin, el sorprendente podemita (de Sí se Puede o qué sé yo) que también defendió en el pleno el cierre del anillo insular con el que labró buena parte de su carrera política (oponiéndose entonces claro) llegó a decir que se existía un “enfrentamiento potencial entre deportistas y personas con movilidad reducida” a cuenta de la obra, que me dirán ustedes cuándo habrán visto ustedes a alguno de estos personajes -que utilizan cualquier cosa políticamente sin el menor escrúpulo- tirando de una joëletle por ahí como siempre, absolutamente siempre, está dispuesto a hacer cualquier corredor del tres al cuarto.

Los que han despreciado a las personas con movilidad reducida hasta el extremo son ellos, primero porque el proyecto inicial poco tenía que ver con las personas con movilidad reducida porque incluía aparatos de gimnasia tipo Parque la Granja para hacer deporte, lo que se consiguió modificar gracias a la movilización. Y en segundo lugar porque Las Hiedras no sólo no es accesible, que intente cualquiera subir con una silla de ruedas al mirador que hay al final a ver qué tal la inclinación, sino que se ha provocado una modificación sustancial del entorno, nada que ver con el resto de la pista, que hoy en día está considerado en el mundo civilizado el mayor desprecio a las personas con diversidad funcional que tienen derecho a disfrutar de un entorno similar al que disfrutan el resto de las personas.

Fuente: https://noincineraciontenerife.wordpress.com/




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