¿Dónde está la juventud canaria?

Esa es una pregunta que me hago constantemente, que no se va de mi mente porque cada rincón que veo, cada problemática que analizo, me lleva irremediablemente a ella

Cuando era un adolescente y comparaba mis inquietudes sociales (por ende, políticas) con las de mis compañeros de instituto, veía una gran desconexión de la realidad, más allá de cierto interés por el medioambiente y la consecuente lucha contra el cambio climático. Hablo de los años entre 2006 y 2010, en donde la primera crisis (la denomino así dado la situación que estamos viviendo y que invita a pensar que ya está aquí la segunda) empezaba a golpear con fuerza en los barrios obreros (como en el que vivía y vivo aún hoy) pero el fútbol y los años “de bonanza” anteriores lograban adormilar conciencias. Con ello, es lógico pensar que en aquella época los jóvenes, despolitizados y desclasados en cuanto a mentalidad se refiere, no fueran conscientes de lo que se les venía encima y siguieran en la tónica desmovilizada y muy fragmentada de aquel tiempo. Cierto es que, poco después y ante la evidente caída “sin frenos” surgió el 15M y rugimos, pero a la vista está que aquello no fue más que eso, ruido. Ruido y pocas, muy pocas nueces.

Pero lo de ahora ya escapa a mi compresión. Si hago un concienzudo análisis sociológico y político llego a las claves del por qué esa dejadez, divergencia y excesivo individualismo, pero llevándolo a un terreno más pasional, más emotivo y empático, no lo entiendo. Y hago esfuerzos, en base a esos análisis materialistas, pero ni aún con esas. ¿Qué demonios tiene que pasar en este maltratado país canario para que la juventud se sacuda el polvo y salga a la calle? ¿Qué más males deben llegar y atormentarnos día a día para dejar atrás actitudes individualistas y ponerse manos a la obra, codo a codo, con otras personas, se tengan más o menos acuerdos/desacuerdos? Conozco chicos que se matan a trabajar de sol a sol, que están realmente puteados por el sistema que padecemos, y como el que ni siente ni padece: ni actúan, ni se espera que lo hagan. Conozco chicas que llevan camisetas de Ernesto Guevara de la Serna y levantan el puño para defender las costas de Canarias, pero hasta ahí llega su espíritu revolucionario. Chicas que llevan meses en el paro y aun así votan a partidos políticos que en su programa electoral y sus hechos consumados dicen claramente que lo que traerán será peor incluso. Chicos que han tenido la fortuna de estudiar una carrera y aún se ven atrapados en la precariedad que están más pendientes de que el tiempo pase y pueda surgir el momento de largarse a “la amada Europa” (ilusos desilusionados, como dicen los italianos) que aprovechar el tiempo y luchar en esta tierra africana que es Canarias, que es su hogar, por un futuro más digno, más soberano.

Jóvenes, ¡despierten, carajo! Les roban su futuro. Les roban la oportunidad de vivir dignamente en su tierra, la que los vio nacer y crecer. Les roban la dignidad a cada minuto y la paz a cada segundo. ¡Despierten, carajo! Échense a la calle y trabajemos juntos por una Canarias soberana. Pónganse manos a la obra y construyamos una Canarias libre de cadenas. Abran libros y “reconstruyan” los barrios, que si algo he aprendido en estos años es que, más vale vivir alzados que malvivir arrastrados. Ya basta de disputas que no tocan. Ya vale de la dejadez que nos llega hasta las orejas de tanto “usarla”. Ya basta de reggaeton y cubata o banderita y filosofía posmoderna, que ni con una ni con otra estará nunca Canarias alzada.

Alejandro José




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